Crónica personal
Pilar Cernuda
Un gran hombre
Hay que reconocerle al personaje la capacidad de sorprender continuamente a propios y extraños, a partidarios y detractores. Sánchez lo ha vuelto a hacer con su habitual ausencia de complejos, pero esta vez en un terreno en el que las consecuencias pueden ser demoledoras. Lo peor no es que se haya tomado el camino de traicionar a la mayor potencia mundial y principal aliado de España en tal vez el peor momento para ello, cuando se está enfrentando a un enemigo difícil y coriáceo que ha demostrado muchas veces su capacidad para crear enormes problemas políticos y de seguridad a todo Occidente. Lo peor es que ese camino de consecuencias imprevisibles para la diplomacia, la defensa, la seguridad y el comercio de España se ha tomado en nombre de principios y razones que caben en una pancarta, de un infantilismo vergonzoso, en una comparecencia de diez minutos sin preguntas. Una declaración de cuyos términos, a pesar de la posibilidad de desencadenar una crisis sin precedentes, no se ha informado a la oposición, ni probablemente, como es de temer, siquiera al Rey. Esa crisis era ya de confianza, y explica las ausencias de Sánchez de las últimas grandes reuniones de dirigentes occidentales, pero a nadie se le escapa, y especialmente a los altos mandos militares cuya preocupación, como consta, es máxima, que puede traducirse ahora en el aislamiento de España de los flujos de información sin los que es imposible garantizar la defensa y la seguridad de la nación.
De todos los disparates acumulados en la declaración de ayer, me ha dejado helado uno en especial: “España cuenta en estos momentos con los recursos necesarios para hacer frente a esta crisis”. ¿De verdad piensa Sánchez que esos recursos existen? ¿De verdad está dispuesto a quemar los que puedan extraerse en un enfrentamiento absurdo en el que solo podemos perder? ¿Ha medido la enorme gravedad de las consecuencias visibles e invisibles para el país? Las decisiones de Sánchez y su entorno solo pueden analizarse desde una perspectiva totalmente al margen del bien y los intereses de la nación: sus retorcidos cálculos para mantenerse en el poder y, en función de ello, atraer hacia sí y movilizar el voto de la izquierda más descerebrada. Esa es la pira en la que está dispuesta a inmolarnos.
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