Crónica personal
Pilar Cernuda
¡Sánchez promueve Ley Anticorrupción!
La desfachatez de Pedro Sánchez no tiene límite. El presidente de Gobierno lleva al Consejo de Ministros, para su aprobación, un anteproyecto de ley para crear una Agencia Independiente de Integridad Pública, que antes de que se apruebe recibe ya el nombre de Ley Anticorrupción.
La promueve un presidente que tiene en prisión a su ex hombre de confianza y ministro con más poder, José Luis Ábalos, también ex número dos del partido; ha visto cómo el nuevo secretario de Organización estuvo cinco meses en la cárcel, tiene Sánchez a su mujer y a su hermano imputados, una pseudo periodista pagada por el partido para encontrar información con la que desacreditar a jueces y mandos policiales empecinados en investigar; prostitutas colocadas en empresas públicas a cambio de servicios sexuales a su principal amigo y colaborador.
El mismo día que se lleva al Consejo el anteproyecto, se publican nuevas informaciones: el presidente, su mujer y personalidades de República Dominicana crearon un lobby de tráfico de influencias, el propio Sánchez ha intentado colocar a uno de sus más íntimos amigos en un organismo público, su mujer sigue sin entregar datos muy concretos al juez que la investiga... El suma y sigue es infinito, no hay espacio suficiente para recoger las muchas fechorías cometidas por personas del Gobierno y del partido. Con instrucciones al organismo de Transparencia para que no facilite determinadas informaciones que está obligado a dar, y no da cuando afectan a la familia presidencial.
España está curada de espanto respecto a la capacidad del presidente de Gobierno para hacer lo que le conviene, con tal de mantenerse como jefe de Gobierno, el más corrupto que ha habido en democracia. Con falta de respeto precisamente a los modos democráticos y, en algunos casos, contrarios a la ley. Los tribunales determinarán el alcance de la corrupción que se inició prácticamente desde el día que el sanchismo se hizo con el poder, con más casos que se han ido conociendo con el tiempo. Pero a esos presuntos delitos, presuntos hasta que los jueces determinen si lo son o se trata de bulos e infamias, dicen los sanchistas.
A todo ello se une otra corrupción que en muchos casos es peor que la penal: la corrupción moral, y ahí ya no hay decisiones judiciales que valgan. La percepción de infinidad de españoles es que su presidente de Gobierno es un hombre profundamente corrupto moralmente, que utiliza a su favor los medios del Estado para proteger a sus próximos y también para colocarlos en buenos cargos públicos aunque se trate de personas sin experiencia y profundamente ignorantes.
Que Sánchez lleve al Consejo de Ministros una Ley Anticorrupción, que aprobará sin problemas porque no hay ministro o ministra que le plante cara, es una vergüenza para los ciudadanos que saben que nunca, pero nunca, ha habido una trama más corrupta ejerciendo el poder desde La Moncloa. La Agencia Independiente de Integridad Pública es una burla.
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