Brindis al sol
Alberto González Troyano
Un par de libros
De cómo andan las cosas por la política española da idea el hecho de que se ha destacado como algo verdaderamente extraordinario que los partidos hayan estado caso una semana entera sin tirarse a la cabeza los muertos de la tragedia ferroviaria de Adamuz, aunque hubo algún escarceo y aunque en el centro de la diana estaba un ministro un tanto peculiar. Óscar Puente no se caracteriza ni por su gestión brillante, sino porque es un chulo con actitudes tabernarias, bravucón y de gatillo fácil. Pero, aun así, las cosas en los días posteriores a la tragedia fueron un modelo de cómo debe comportarse la política cuando lo más importante es atender a las víctimas e informar con claridad a los ciudadanos. Ha sido la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, la que, como de costumbre, ha sacado primero los pies del tiesto en su permanente estrategia de acaparar protagonismo nacional. Tampoco se unió al silencio general Vox, pero ahí juegan otros intereses y nada que contribuya a relajar la crispación y el cabreo les viene bien.
Que esta situación de apaciguamiento político ante la tragedia haya ocurrido en Andalucía no es casual. Desde que llegó a la Presidencia de la Junta, hace ya más de siete años, Juanma Moreno se ha esforzado por darle a la política andaluza otro tono muy diferente de las convulsiones que eran el pan de cada día en Madrid. En general, salvo excepciones, lo ha conseguido. Por su propia habilidad, sin duda ninguna, y porque el mando de la Junta de Andalucía y del partido que ha ganado con mayoría absoluta otorga suficiente autoridad como para marcar el discurso. Pero también porque ha tenido enfrente a un PSOE desnortado y confuso que ni siquiera en la crisis de los cribados supo encontrar el tono y a un Vox en ausencia permanente como si su reino no fuera de este mundo.
La contención política que se ha vivido durante la semana posterior al accidente de Adamuz es, hasta cierto punto, la plasmación de la utilidad de la llamada vía andaluza. No es contradictorio con ello que por parte de la oposición se pidan todo tipo de explicaciones y responsabilidades porque lo que ha pasado es muy grave y no es difícil entrever que en el origen de la tragedia hay alguna negligencia en la conservación de la infraestructura. Una cosa no quita la otra. Más bien todo lo contrario.
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