Para qué sirve el viento? El viento que golpea fuerte contra los muros de la casa y hace que crujan los pilares que la sustentan, el viento que arranca de la tierra la raíz del árbol y hace volar los tejados y desprende cornisas y chimeneas. Eliminemos el viento. Dejemos la brisa cálida en las noches de verano, esa caricia suave que refresca y apenas roza el cabello. Pero el viento es un agente de transporte y de sedimentación fundamental en la polinización, pues desplaza y deposita las semillas. El viento mueve las aspas del molino que muele el grano y lo convierte en harina para el pan de la mesa y la magdalena del confinamiento. El viento nos alimentó y sació nuestra sed proporcionándonos agua y ahora, ese mismo viento mueve los cuarenta metros de aspa de los molinos modernos que rompen el paisaje y ocultan el horizonte y son una fuente limpia de electricidad. El viento crea las olas del mar y preñó las velas de los barcos que convirtió a los exploradores en descubridores. Nos quedamos con lo inmediato y obviamos, porque desconocemos, lo oculto. No es necesario aprender las pequeñas cosas, porque caminan con nosotros, nos acompañan en un bolsillo, en el lateral de un bolso o incluso colgadas del cuello. Todo está en Smartphone, es más, está hasta en nuestro reloj, en el que encuentras todo salvo, a veces, la hora. Para qué aprender la tabla de multiplicar si llevamos una calculadora, para qué los ríos de España si en un golpe de yema los tenemos fluyendo en una imagen, para qué el nombre de las capitales del mundo, si son cambiantes y nuestra pequeña memoria externa las va actualizando, para qué nombres, fechas, para qué la historia. Lo sabemos todo, porque tenemos acceso inmediato a todo, sin saber nada. ¿Conocer el funcionamiento de los vientos es un aprendizaje imprescindible o deseable?

"Descargar el exceso de contenidos de las leyes anteriores" para centrarnos en los "saberes culturales esenciales", esa es la premisa de la nueva ley de educación que se pretende aprobar. Una ley basada en las competencias, nada nuevo, así la encontrábamos en la LO 2/2006, la LOE, o en la LO 8/2013, la famosa LOMCE, que contaba cómo "la educación parte de la división del eje de las competencias clave con el fin último de lograr el progreso de los ciudadanos y su aprendizaje para toda la vida: las competencias básicas transversales y las competencias básicas disciplinares". A las existentes, la LOMLOE, la nueva ley de educación, agrega un total de ocho competencias orientadas a sustituir el sistema de aprendizaje memorístico por el aprendizaje por resolución de problemas. Por ejemplo, la Competencia Lingüística plantea que los alumnos sean capaces de identificar la información falsa y los bulos, pero no hay mención a la verdad. Y la verdad subyace en una sociedad de ricos endeudados y de sabios tontos que confunden los verbos querer y desear.

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