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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Lo que votarán el 26 de mayo

Dilema: hay quienes acudirán en socorro del vencedor y quienes buscarán el equilibrio ayudando a los perdedores

Es un soberano ejercicio de pereza intelectual y derecho al cotilleo la traslación mecánica de resultados de unas elecciones ya celebradas a otras que van a celebrarse, aunque estén próximas en el tiempo. Más aún si de unas elecciones generales se pretenden extrapolar los datos que se producirían en unas municipales o autonómicas. Sencillamente, porque nunca se producen igual. Cada elección es distinta a todas las demás. Se votan cosas diferentes.

Dicho lo cual, añadamos los matices. El primero, que unas elecciones, y más si son generales, vienen a marcar una tendencia, que no se rompe en tan poco tiempo como el que va del 28-A al 26-M si no se entromete un acontecimiento extraordinario. La tendencia es al alza del PSOE prácticamente desde la moción de censura, y la mayoría relativa de abril propicia la consolidación electoral socialista en mayo. No hay que perder de vista la activación de un mecanismo psicológico-político que funciona en el votante más indefinido o indeciso: acudir en socorro del vencedor. El voto llama al voto. Al que más tiene, más se le dará y tendrá en abundancia, como anunció el evangelista Mateo.

Pero la realidad es compleja y huye de las simplificaciones y la unilateralidad. El hombre precisa de refugio y seguridad, se encuentra a gusto integrado en la mayoría, pero también busca distinguirse y ser diferente a los otros. Y el elector no comprometido, en concreto, tiene propensión a construir equilibrios, a compensar los excesos y a evitar que las victorias se repitan estruendosas y las derrotas se ahonden hasta el abismo. Muchos pueden tener la intención no de acudir en auxilio del vencedor, sino en consuelo del vencido.

Es la esperanza que en este mayo albergan Pablo Casado y Pablo Iglesias, los dos derrotados de abril, alimentada por dos factores que se cree influyentes en la decisión final de los votantes. Uno, que en estas elecciones seguirá presente Vox, por supuesto, pero ahora estará ausente como peligro de involución general (su nueva dimensión tras las generales hace que no ejerza influencia determinante en muchísimos votantes). Dos, que en las elecciones municipales y autonómicas -no en las europeas- la capacidad de gestión y la personalidad de los candidatos mantienen un plus de preferencia sobre la ideología y las siglas a la hora de configurar el voto.

Si me preguntan qué van a votar los españoles el 26-M, lo digo: no tengo ni idea.

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