EDITORIAL
Matalascañas y el urbanismo costero
La reunión celebrada el miércoles entre el Ayuntamiento de Almonte y el Gobierno ha subrayado las diferencias entre las administraciones para afrontar la situación catastrófica que afecta a Matalascañas, y muy especialmente a su paseo marítimo, que los últimos temporales se han llevado por delante. Las posturas siguen enfrentadas entre un alcalde que reclama una actuación inmediata ante los cuantiosos destrozos en su núcleo costero que amenazan la temporada estival, y un Ministerio para la Transición Ecológica, que, a los aportes de arena que está llevando a cabo en la playa, quiere sumar una intervención de mayor calado que pasaría por retrasar la línea urbana que marca el propio paseo. El punto de fricción es el tiempo y la afección al núcleo poblacional. Y en medio de ese desencuentro están los vecinos y propietarios, que temen pagar los platos rotos de una situación ajena, que se remonta a cincuenta años atrás. Porque lo de Matalascañas, como sucede en otros puntos del litoral andaluz, es fruto de un urbanismo costero que creció sin orden, sin las leyes de protección que tenemos ahora y sometido a una fuerte especulación. Se arrebató terreno al mar y la propia dinámica costera, tan singular en estos puntos, se está encargando ahora de reclamarlo. Era cuestión de tiempo que así fuera, adelantado por los efectos de un cambio climático que aumenta cada año la frecuencia de los temporales y con una violencia de la que ahora se están viendo las consecuencias en la playa almonteña. El origen está claro. Ahora hay que dar una solución y reordenar sin perjudicar a los residentes. Lo que menos beneficia en estos momentos es que se convierta en objeto de confrontación política. La salida pasa por el consenso y la unidad de acción, para que sea rápida, efectiva y prolongada en el tiempo. Para eso habría que contar con un análisis amplio, pero sin dilación, aportado por expertos externos. Hay que tomar decisiones aunando todos los factores y todas las sensibilidades para alcanzar una solución real y urgente. Es hora de actuar.
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