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Ventorros de Balerma, los bares en Iznájar (Córdoba) y el consultorio médico en Loja (Granada)

  • Este pueblo, de 300 vecinos, vive dividido entre la fase 1 de la provincia cordobesa y la fase 0 de la provincia granadina. Aunque lo toman con buen humor y mucha filosofía el proceso de desescalada del coronavirus

Ventorros de Balerma, el límite entre Córdoba y Granada o viceversa Ventorros de Balerma, el límite entre Córdoba y Granada o viceversa

Ventorros de Balerma, el límite entre Córdoba y Granada o viceversa / Salas / Efe

Los apenas trescientos vecinos de los Ventorros de Balerma, un pequeño pueblo que se ubica literalmente entre Granada y Córdoba, conviven desde este lunes en las fases 0 y 1 de la desescalada, puesto que una parte de esta aldea pertenece al municipio de Loja y la otra al de Iznájar.

La calle Límite marca una frontera administrativa para el progresivo alivio del confinamiento que, en la práctica, no tiene mayores consecuencias reales en el devenir diario de los lugareños, acostumbrados ya desde hace años a cambiar de provincia en apenas unos pasos.

El hecho de que Granada y Córdoba se encuentren desde esta semana en distintas fases de la desescalada prevista por el Gobierno conlleva, desde un punto de vista estricto y formal, que los establecimientos de esta última provincia andaluza tengan más libertades a la hora de ofrecer servicios que los que se ubican en la otra parte, la granadina.

Quizá la casualidad ha querido que los bares con los que cuenta el pueblo se ubiquen en territorio cordobés, lo que les permitiría abrir ya la mitad de sus terrazas, aunque como ha explicado Pedro Martínez, alcalde pedáneo y dependiente del Ayuntamiento de Iznájar, todavía los clientes deberán esperar unos días hasta que los dueños completen una serie de papeleos.

Vecinos en Ventorros de Balerma Vecinos en Ventorros de Balerma

Vecinos en Ventorros de Balerma / Salas / Efe

Al igual que los bares, la iglesia y el colegio del pueblo se encuentran en territorio de Córdoba, mientras que los que quieren ir al consultorio médico o la panadería tienen que acudir al lado de Granada.

"Aunque estamos entre dos provincias, el pueblo es uno, la gente sigue igual, aquí no hay nada de uno o de otro", ha relatado Martínez, mientras que su hijo Raúl comenta que todos en la zona, en su mayoría personas mayores, se lo toman "con un poco de humor y cachondeo".

Dos vecinas de la aldea Dos vecinas de la aldea

Dos vecinas de la aldea / Salas / Efe

"Esto es muy pequeño, nos llevamos todos bien, como si fuéramos uno y no estuviéramos repartidos entre dos provincias", ha insistido Raúl Martínez, quien también destaca la ventajas de no tener que evitar estos días aglomeraciones, como pasa en las grandes ciudades, para mantener las distancias sociales.

Julián Ruiz, alcalde pedáneo de la parte granadina y dependiente del Consistorio de Loja, comparte con su homólogo cordobés el diagnóstico sobre "lo bien" que se lleva esta peculiar circunstancia en Ventorros de Balerma, con vecinos empadronados en municipios y provincias distintos y dependientes de ayuntamientos gobernados a su vez por partidos diferentes, PP y PSOE.

"Somos el mismo pueblo, aunque administrativamente dependamos de uno u otro ayuntamiento", ha recalcado Ruiz, que ha asegurado que, a pesar de esta diferenciación, no han prohibido expresamente a los vecinos moverse de una parte a la otra de la localidad.

"Estamos haciendo vida normal, por ejemplo el consultorio médico está en la parte de Loja y la iglesia y el colegio en la de Iznájar. Nos tenemos que mover de un sitio a otro pero somos responsables", añade este representante municipal que defiende igualmente las ventajas de la vida en el pueblo.

"No hemos tenido por suerte ningún caso de coronavirus, la gente está asustada pero estamos viviendo casi como siempre. En un sitio tan pequeño tampoco tenemos problemas al coincidir para dar paseos o hacer deporte", ha explicado.

Sin más divisiones que las estrictamente administrativas, los vecinos de esta pedanía en definitiva le ponen guasa a su particular "desfase" y disfrutan de una desescalada que, para ellos, vale por dos. 

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