Cien años de la visita de Falla y Lorca a Guadix
Los dos artistas venían de La Alpujarra, pasaron por La Calahorra, donde admiraron su castillo, y llegaron a la "monumental y melancólica" Guadix, donde admiraron la Casa del Rey Zagal y de la que el músico quedó prendado, según relataba el poeta en una carta a su hermano
En el mes de febrero de 1926, Federico García Lorca escribe sendas cartas a Gerardo Diego y a su hermano Francisco en las que les cuenta que visitó la zona de Guadix, junto a Manuel de Falla; García Valdecasas, abogado y político granadino que estuvo vinculado al nacimiento de la Falange; Antonio de Luna García, gran lector y conversador que solía frecuentar las tertulias con su gran amigo Federico; Torres López y Pepe Segura.
Venían de un viaje rápido por Las Alpujarras. Les impresionó Cáñar, lleno de lavanderas cantando y pastores sombríos. “Yo no he visto una cosa más misteriosa y exótica. Parece mentira que esté en Europa”. Y continúa diciendo: “Vi una reina de Saba desgranando maíz sobre una pared color ratón y violeta, y vi a un niño de rey disfrazado de hijo de barbero.” Contaba Lorca a su hermano Francisco.
Llegaron a La Calahorra donde se hicieron unas cuantas fotografías. Subieron la colina a visitar la fortaleza y dejo que sea el propio Lorca el que nos lo cuente: “El castillo del renacimiento con el fondo de Sierra Nevada es maravilloso. Su constructor, el marqués del Zenete, estuvo a punto de casarse con Lucrecia Borgia”.
A Gerardo Diego Lorca le escribe: “Pasado mañana vamos al molino del Corregidor y de la Molinera situado en Guadix, donde nuestro Falla tocará al piano la partitura. Será una fiesta divertida”.
En la carta a su hermano Francisco le dice: “A la vuelta pasamos por la episcopal y melancólica ciudad de Guadix. Falla estaba entusiasmado. Al pasar por la calle Santa María de la Cabeza, del más puro estilo español. Vimos ¡casi intacta!, ¡¡la casa del Zagal!!, de traza morisca. España es inagotable a pesar de los norteamericanos que se la están llevando poco a poco.” Posteriormente se le cambió el nombre y se le puso calle Abentofail.
Y que razón tenía Federico, el palacete fue demolido y de los 8 alfarjes y artesonados con que contaba la Casa del Rey Zagal de Guadix, siete están colocados en habitaciones de su Castillo Hearst, que es un palacio encargado por el magnate de prensa William Randolph Hearst a la arquitecta Julia Morgan y que está situado en California, Estados Unidos.
Antes de volver a Granada, hicieron una parada en Purullena, donde se fotografiaron con las cuevas al fondo.
En una conferencia, “Las nanas infantiles”, Lorca escribió:
“En la región de Guadix se canta:
A la nana, niño mío,
a la nanita y haremos
en el campo una chocita
y en ella nos meteremos.
Se van los dos. El peligro está cerca. Hay que reducirse, achicarse, que las paredes de la chocita nos toquen en la carne. Fuera nos acechan. Hay que vivir en un sitio muy pequeño. Si podemos, viviremos dentro de una naranja. Tú y yo. ¡Mejor, dentro de una uva!”
Lorca y Falla volvieron a Guadix el 23 de enero de 1928, y Juan Aparicio escribió una magnífica crónica de este viaje que publicó en el nº 28 de La Gaceta Literaria con fecha de 15/2/1928
En Guadix visitaron la Catedral, donde Falla descubrió en los sótanos un clavicémbalo del siglo XVIII, que lleva esta cartela: “Franciscus Pérez Mirabal me facit in civitate Hispalensi. Anno domine 1737”
Parece ser que se llevaron el clavicémbalo, ya que según cuenta Juan Aparicio en su artículo, «Federico hizo brotar el chorro de sus presioso, de sus grasioso, de sus estupendo surtidor de imágenes; de bonitas metáforas, recién acuñadas, los malabareó ante un clavicémbalo, rosa, oro — recocó (sic) —del siglo XVIII; frente a una reja repujada; junto a una luz naranja...”
Aparicio (en su crónica) también cuenta que “Federico hizo la postrera anagnórisis del Barrio de las Cuevas—oh, ah, eh—, incluyéndolo ya para siempre en el circuito de turismo recomendable a forasteros visitadores; llegó hasta prometer, para el verano próximo, una temporada de medio mes de vida troglodita, de casi probables cuadros, suyos cueveros—que él cree entusiasmarían y entusiasmarán a Salvador Dalí—.”
No tengo la menor duda de que las conversaciones que mantuvo con García Lorca sobre la ciudad con el pintor Salvador Dalí fueron la fuente de inspiración para la publicación del portafolios Le Tricorne, que realizó años después, en 1959, que contiene el texto completo en francés y 20 grabados sobre madera sobre El sombrero de tres picos, de Pedro Antonio de Alarcón.
Comieron en la casa de Rafael Carrasco, en la placeta de Osario, y estuvieron toda la tarde en Guadix. En casa de Rafael Carrasco, el Maestro Falla interpretó algunas piezas en el piano (según recuerdan mis propios familiares) y a la noche, - a las 8- volvieron a Granada.
Lorca sólo se llevó de Guadix unas docenas de roscos de vino y el tema para un verso... “El sol que se va y los niños que lo persiguen por las paredes”.
El vínculo de Manuel de Falla con la ciudad de Guadix fue gracias a la profunda amistad que mantuvo con el abogado y alcalde accitano Rafael Carrasco García, (1906-1936) estudioso inveterado de la figura y la obra de Pedro Antonio de Alarcón.
Manuel Orozco, en su artículo El último corregidor de Guadix: Rafael Carrasco, (Ideal 30-4-1988) cuenta que “lo cierto es que Falla viaja reiteradamente a Guadix y se aloja en casa de su amigo Rafael Carrasco, investigando no sólo en la obra de Pedro Antonio, y muy especialmente en el argumento del Sombrero de Tres Picos, sino en la ambientación y circunstancia del pueblo en el que se desarrolla el ballet y, sobre todo, en la leyenda que sitúa históricamente el cuento, en Guadix”.
La amistad entre Falla y Carrasco está documentada con la correspondencia de ambos, que se mantuvo al menos hasta el mes de febrero de 1936, fecha en la que Manuel de Falla felicita a Carrasco por su reciente boda: "Pero ¿cómo no nos había usted dicho nada de su boda? Adjunto va este pequeño pero cordialísimo recuerdo de María del Carmen y mío, con nuestros más fervientes votos, porque Dios les conceda a ustedes toda la felicidad posible en esta vida con inmensa ampliación en la de siempre" y le hace envío de un consistente en un par de juegos de cubiertos de plata.
El 28 de diciembre de 1926, Rafael Carrasco dice a Falla: "Tengo el gusto inmenso de comunicarle que el Ayuntamiento de ésta, en vista de una moción presentada por mí, ha acordado nombrarle Hijo Adoptivo de Guadix,-lo cual me llena de júbilo..." "el tenerle de paisano nuestro”.
Rafael Carrasco fue alcalde en 1934-35 y se despide ya de Manuel de Falla con “un abrazo de su Corregidor que le quiere y admira”.
En su última carta Falla escribe: "Mi querido amigo ¡Qué alegrón he tenido ayer al recibir el Diario (se refiere al Diario de un testigo de la guerra de África); de nuestro don Pedro Antonio y cuánto agradezco a usted su cuidado hasta conseguirme este excelente ejemplar. Ud. Y Trend -el profesor de Cambridge- son los únicos amigos en quienes puedo confiar siempre para hallar libros agotados, pero tenemos que hablar a propósito de ello cuando nos haga Ud. la visita ofrecida y deseada por nosotros".
La Guerra Incivil rompió de forma trágica esta relación, al ser asesinado éste y de la forma más cruel, como el de enterrarlo vivo. Aquel horror del crimen del alcalde de Guadix amigo de Falla, no sería menor que el de Federico y así se comprende la actitud del músico al marcharse a Argentina.
Manuel Orozco, acaba su artículo diciendo “Poco, muy poco, sabemos de este Corregidor asesinado al que Falla estimó y con el que compartió mesa y mantel en Guadix, donde Carrasco fue el gran anfitrión de este Hijo Adoptivo de Guadix que se llamó Manuel de Falla y que en El Sombrero de Tres Picos universalizó la entonces preciosa ciudad de los montes orientales granadinos".
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