Las campanas del Realejo y la Torre de la Vela proclamaron con júbilo al centenario Facundillo
La Crónica | Procesión Extraordinaria Los Facundillos 2026
Los vecinos del Realejo recibieron al Dulce Nombre de Jesús con espontáneos villancicos, celebrando el I Centenario Fundacional de la Hermandad de la Cañilla
La Crónica | La Toma de Granada vuelve a sacar la tradición a las calles entre mensajes de convivencia, respeto, valores y caridad
Uno, dos y tres repiques. Y silencio, bajo un eco ensordecedor solamente quebrado por el siguiente tañido. Así, uno a uno, cientos se han sucedido en una de las jornadas en las que la ciudad de Granada se reencuentra con su historia. Tradición secular es que los granadinos suban la Cuesta de Gomérez en busca de una espadaña, alzada sobre la más célebre fortaleza nazarí, invocando gracias y buenos augurios. En un comienzo jóvenes solteras que, año tras año, llegaron a contagiar el entusiasmo a miles de granadinos que aguardan extensas colas en aras de formar parte de la historia. Una que, tras más de cinco siglos, sigue escribiéndose a golpe de repiques.
Al incesante tañido, escuchado por toda la Vega del Genil, se unieron tímidas campanitas de barro. Esculpidas en barro y selladas con tinta, exhibían el escudo de la popular Hermandad de la Cañilla. El júbilo de los cofrades más pequeños, proclamado cada Domingo de Resurrección por las calles de la capital, volvió a reinar en las calles del Realejo en una insólita tarde de enero.
Al son de cantes flamencos, exponentes de la riqueza folclórica de la tierra, voces granadinas exaltaban al Dulce Nombre de Jesús. Sobre la Carita Divina, los rayos de sol se posaron ante el divino infante, popularmente conocido como ‘El Facundillo’. Y así, improvisando la vivencia clásica de cada Pascua, decenas de campanas se unían en un ‘caótico’ compás. Desde los campanarios de Santo Domingo, la Imperial de San Matías o las Descalzas hasta el descuido más inoportuno de un pequeño que acabó en tragedia hecho añicos en el empedrado. Mil y un campanas sonaron en Granada a las plantas del Facundillo en el I Centenario Fundacional de la Hermandad de la Cañilla.
Una gozosa efeméride para una corporación, nacida en el corazón del arrabal, que continúa acogiendo en su nómina a los cofrades más jóvenes de la Semana Santa. Siendo así, bajo los faldones de las andas procesionales, asomaban pequeños zapatos. Quizás algún día, no muy lejos en el tiempo, serán reconocidos costaleros y costaleras de las cofradías de la ciudad. Vivirán emociones inigualables en los pasos, pero siempre con un origen común: El Facundillo. La ‘tierna’ devoción que hermana a los cofrades granadinos en la esperanza de que el pequeño varal al que se aferran, algún día, se convertirá en parihuela.
Mientras caían plegarias y pétalos desde los balcones del barrio, los vecinos recibían a una de las imágenes más recordadas y añoradas de la Semana Mayor granadina. Ante la Imperial de San Matías, la Iglesia de San José del Monasterio de las Descalzas o el edificio Consistorial, Granada recordó el germen de sus devociones reflejada en miradas infantiles y sencillas. La de los más pequeños que, por un día, volvieron a ser el centro de una tradición heredada. Un testigo cedido por padres y abuelos que recogen los jóvenes granadinos con la esperanza de transmitirlo, algún día, a las pasiones del futuro.
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