Granada

Luis Santisteban: la historia de Sierra Nevada en 413 páginas

  • Un libro prologado por Jerónimo Páez narra los últimos 60 años de historia de la estación

Luis Santisteban, María José Rienda, JerónimoPáez y Jesús Ibáñez. Luis Santisteban, María José Rienda, JerónimoPáez y Jesús Ibáñez.

Luis Santisteban, María José Rienda, JerónimoPáez y Jesús Ibáñez. / Carlos Gil

Un dicho muy granadino es ese que dice que aquí hace mucho frío porque el aire baja de Sierra Nevada. Verdad o no, sólo con mirar el manto blanco que estos días ha cuajado en el macizo los músculos ya se entumecen. Es un ambiente invernal en pleno otoño, que anuncia la inminente apertura de la temporada de nieve (el próximo sábado, para ser más concretos), que anoche vivió un aperitivo con la presentación del libro El esquí, mi pasión. Sesenta años en Sierra Nevada. Pequeñas historia o cuentos, un repaso por más de medio siglo de personajes más o menos importantes desde los alocados comienzos de la estación a los decisivos años que construyeron el complejo tal y como se conoce en la actualidad.

Pone su firma un conocedor de la estación, de la montaña y un amante del deporte blanco como Luis Santisteban, profesor de esquí, empresario de Sierra Nevada, y una de tantas piezas que aportaron su enorme grano de arena para que aquellos Mundiales del año 96 fueran el éxito del que aún vive el complejo.

Miguel Ríos observa detenidamente el libro. Miguel Ríos observa detenidamente el libro.

Miguel Ríos observa detenidamente el libro. / Carlos Gil

413 páginas en total donde se repasa más de medio siglo no sólo de la propia vida de Santisteban, granadino de Cartuja, de ‘los guapos’, como llamaban a su familia en uno de los barrios más sabrosos de Granada; sino también de la estación, de la propia montaña.

Esta aventura, nacida de un viaje a Munich y una confesión hacia su esposa (“quiero escribir un libro”, le dijo; “pues adelante”, le contestó ella), está prologada por Jerónimo Páez, exdirector de Cetursa y presidente del comité organizador de los Campeonatos del Mundo de Esquí Alpino de 1995, y por obra y gracia de mucha gente, finalmente de 1996.

Y al final el libro es un recorrido desde los inicios primigenios de la estación hasta aquellos Mundiales. Y por eso, la presentación anoche del libro fue una reunión de viejos y nuevos amigos, un viaje histórico hacia lo que fue, es y deberá ser Sierra Nevada en el futuro. Algo grande habrá hecho en la vida Luis Santisteban para que prácticamente llenara con 400 personas una de las salas del Palacio de Congresos.

Del pasado porque se repasa desde la evolución de la ropa a sus inicios en la Escuela Española de Esquí, la vida de los albergues hasta la gestación de los Campeonatos del Mundo y su amistad con Paquito Fernández Ochoa.

Una imagen histórica de Sierra Nevada. Una imagen histórica de Sierra Nevada.

Una imagen histórica de Sierra Nevada.

Y todo a través de las personas que se uno u otro modo le marcaron. Amigos que le han contado por carta qué supone la Sierra y su amistad con Santisteban. El listado es amplio. Comienza con José María Álvarez-Pallete, presidente de Telefónica, el gran jefe de la Federación Internacional de Esquí, Gian Franco Kasper, o el campeonísimo sueco Ingemar Stenmark, entre más de una treintena.

Es tiempo de nostalgia. La bienvenida era un repaso fotográfico de la vida de Luis Santisteban mientras llegaban los invitados, muchas de ellas incluidas en el libro. Más todavía cuando el conductor del acto era una voz familiar para muchos de los que, en aquellos días de los Mundiales del 96, subieron hasta aquella zona de meta de la pista del Río. Luis Vaquero ponía voz a lo que veían los espectadores, muchos profanos: citaba los nombres de Picabo Street, Pernilla Wiberg, Michael von Grünigen y, cómo no, Alberto Tomba con la euforia del que canta un gol en un estadio. La voz de Sierra Nevada 96, el speaker de los Campeonatos, fue el presentador de una charla coloquio que contó con la presencia de María José Rienda, secretaria de Estado para el Deportes, Jesús Ibáñez, nuevo consejero delegado de Cetursa, Eduardo Valenzuela, director de nieve de la estación, Miguel Ríos, cantante, y Jerónimo Páez.

Rienda empezó entre risas animando “a hacer otra vez el Mundial” a Santisteban, para luego recordar que el autor forma “parte de su familia” porque le conoce desde que “era muy pequeñita”: “Es un apasionado de la montaña; su pasión nos la transmitía a los más jóvenes, y eso para mi fue oro”.

Por su parte, Miguel Ríos destacó que lo que le une a Santisteban es “una relación de amistad”, y le definió como “uno de los que eliges como hermano de toda la vida”. Después recordaría entre risas el cantante cómo se conocieron: por un accidente de esquí de su hija Lua y por una invitación a aprender a esquiar como imagen de los Mundiales, y la anécdota de cómo le ‘sacó’ del atolladero mientras a duras penas trataba de descender por una de las pistas serranas.

También habló Jesús Ibáñez, nuevo gerente de Cetursa, que aparte de reconocer la labor de Santisteban, habló del inminente comienzo de la temporada: “La foto de Granada ahora es preciosa: la Sierra de punta a punto llena de nieve. Y con mucha ilusión y ganas de que todo el mundo pueda disfrutar de esta maravilla que tenemos. Es un lujo. Cetursa está encantada de tener amigos como Luis. Vamos para arriba. Es lo que queremos. Crecer y ofrecer más y mejores servicios”.

Con él bromeó Jerónimo Páez, el prologuista del libro, durante su intervención. “Espero que seas mejor consejero delegado que yo, que no es fácil”, llegó a espetarle a Ibáñez, al que también animó a que “amplíe Sierra Nevada en los justos medios si es capaz de hacerlo como lo hicimos nosotros”, una frase que levantó los aplausos y los vítores de los asistentes. “Ha vuelto Jerónimo Páez”, exhortó Eduardo Valenzuela, uno de sus hombres de confianza en aquellos Mundiales del 96.

Y es que esa cuestión flotó en todo momento en el ambiente. La ampliación de Sierra Nevada, a la que se comprometió la Junta de Andalucía, de la que ya existe un proyecto privado, y del que, por ejemplo, versa buena parte del prólogo escrito por Páez. Volver a esquiar por el Valle de San Juan, la Hoya de la Mora o el Tozal del Cartujo, zonas que conoce bien Luis Santisteban.

Sierra Nevada, su vida, su evolución y su presente a través de los ojos de uno de sus grandes amantes, y de las personas que la han vivido con él. Un libro diferente e imprescindible para conocer la montaña.

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