Notas al margen
David Fernández
Los europeos no sabemos ni qué decir
Al de Julio Romero, 15 se le conoce como El Patio de la Alemana, país del que es originaria su cuidadora y propietaria, Carola Reintjes, quien se define como “una enamorada de la cultura de los Patios, de ese clima de convivencia, de intercambio cultural y de solidaridad entre sus gentes”. Carola define su patio como un inmueble “heredado de aquellas antiguas casas medievales”. Sus gruesos muros hablan de los conjuntos palaciegos de los siglos XVI y XVII; además, posee un muro del X y en un ladrillo califal encontraron la huella de un gato que se paseó por el alfar antes de cocer la pieza. En lo que a ornamentación se refiere, destaca “una higuera gigante, árboles frutales, entre ellos un limonero, la costilla de adán, gitanillas, geranios, hortensias, plantas aromáticas...”. En el patio ha recuperado antiquísimos ladrillos vistos, arcos vencidos por el tiempo, columnas reutilizadas y un pozo medieval, todo sobre baldosas de arcilla, a medio camino entre lo noble y lo popular. Llama la atención también una pequeña fuente central y blanca enmarcada en una estrella islámica de ocho puntas. Dos pequeñas esculturas contemporáneas y rodeadas de tin=ajas-macetas, son combinación de estilos y épocas que no desentonan. Porque Carola tiene claro que “hay que transmitir a las generaciones venideras la cultura de los patios… cultura milenaria que transmite valores…, sosiego, convivencia…”.
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