Visto y Oído

Antonio Sempere

Fiestas

EL programa Dfiesta culminó su periplo festivo de 11 programas visitando los moros y cristianos de Calpe. Y el mundo festero se miró en el espejo de la televisión, con no poca perplejidad, pellizcándose para saber si lo que acababan de ver lo habían visto o soñado. Digámoslo alto y claro. Cualquier aproximación entre lo que mostró el programa acerca de lo que suponen las celebraciones de moros y cristianos y lo que éstas realmente significan para las poblaciones que las celebran es pura coincidencia.

Quisiera ver las caras de pasmo que pondrían los festeros de Alcoy, Cocentaina, Muro de Alcoy, Ontinyent, Ollería, Banyeres de Mariola, Beneixama, Biar, Ibi, Castalla, Onil, Villena, Sax, Elda, Petrer y así sucesivamente los de cualquiera de las poblaciones que desde hace dos siglos viven por y para sus fiestas, al asistir en sus pantallas a semejante chanza.

Aludieron en el programa, por ejemplo, a una extraña trilogía de elementos que componen la fiesta en la que ignoraban por completo el componente religioso. Como si cada una de las celebraciones no estuviesen dedicadas a su respectiva advocación. En el caso de Calpe, el Cristo del Sudor, al que ni siquiera mentaron.Qué duda cabe que la cara visible del programa, la humorista Sara Escudero, no tiene ninguna culpa del desaguisado. A ella la contrataron como animadora y de eso ejerció. Pero cuando en un canal como La 2, de supuesto perfil cultural, se cuela una producción de estas características, deben sonar las alarmas. ¿Qué filtros ha pasado el proyecto? Si se trataba de divulgar con un mínimo de rigor algunas de nuestras manifestaciones festivas más poderosas, sin duda que se ha errado el tiro. Lo peor es que las fiestas, antropológicamente hablando, continúan vírgenes en nuestra televisión pública, esperando que algún día alguien venga a tomárselas en serio.

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