La Acequia Real de la Alhambra
La Acequia Real de la Alhambra / G. H.
A.N

23 de mayo 2024 - 10:19

Granada/El agua es un elemento fundamental en la cultura islámica. Su presencia, asociada a la pureza y a la sabiduría, se encuentra íntimamente ligada con la presencia divina y la percepción de un paraíso en sentido figurado. Por eso, el rumor del agua es un elemento común en la mayoría de construcciones árabes de la época, como es el caso de la Alhambra. Su tímido susurro conforma la banda sonora de un edificio que trasciende de lo natural, y conecta con la subjetividad más profunda de cada visitante. No obstante, la utilidad principalmente defensiva del conjunto monumental forzó su elevada ubicación.

En lo alto del cerro de la Sabika se alzan las imponentes torres nazaríes, que trazan una de las siluetas más reconocibles del mundo. Su compleja localización hace que la llegada del agua a los edificios sea francamente costosa, ya que el río Darro discurre por el valle alejado de estas fortificaciones. Sin embargo, el ingenio de la época propició la creación de la denominada Acequia Real de la Alhambra, el principal suministro del recinto nazarí durante más de tres siglos. Tras dotar de agua a los famosos surtidores del Generalife, mediante canales se articularon ramificaciones que conducían el agua a todo el recinto. Muchos estudiosos afirman que podía incluso llegar a la Alcazaba, ya que en ese espacio vivían familias de la época.

En cambio, y al contrario de lo que muchos granadinos pueden pensar, la Acequia Real ofrece una de las rutas más desconocidas de la capital. Siguiendo el propio cauce de las canalizaciones, los curiosos se pueden adentrar en un paraje natural de gran belleza colmado de encinas, robles y sauces. Una ruta que ofrece una gran oportunidad para conectar con la naturaleza y además, conocer un poco más la historia de la ciudad.

El cauce de la Acequia Real

El itinerario de los más audaces caminantes comienza en el camino del Sacromonte. La primera parte del trayecto se desarrolla en un entorno urbano, hasta la llegada al camino de Beas. La naturaleza irrumpe con fuerza y la vegetación desborda frondosidad en un paraje de gran belleza autóctona. Al cruzar el río, retomamos el rumbo de la acequia que fluye en uno de los márgenes del camino. Una confluencia de senderos obliga al caminante a decidir entre varias opciones, que todas confluyen finalmente en un destino final común.

Durante todo el trayecto, el agua discurre por dos canalizaciones diferenciadas: las descubiertas y las soterradas. Mediante la incorporación de unas galerías subterráneas se priorizaba la pendiente necesaria a la orografía del propio monte. Esta inclinación, mantenida durante todas las canalizaciones y que se puede observar durante el transcurso de la ruta, garantizaba que el agua discurriera con normalidad hasta el final establecido. El dominio técnico de los árabes de la época fue fundamental para trazar el entramado de túneles, que permitieron la llegada del agua a la Alhambra.

El protagonismo de la Dehesa del Generalife

Al final del camino, se revela una impresionante vista que no deja indiferente a nadie. La Dehesa del Generalife abraza al caminante y ofrece un entorno natural magnífico, muy cercano al entorno urbano de la capital. El descenso mediante un barranco conecta el camino con la popular Fuente del Avellano. Siguiendo el recorrido hasta la llegada a la ciudad, el caminante podrá recitar los poemas que se alzan en pequeños paneles durante el recorrido y que tratan de aglutinar en versos la belleza inconmensurable de un entorno único.

Un sendero agradable y tranquilo, que funde la historia de la Alhambra y la Dehesa del Generalife. El susurro del agua acompaña al curioso durante todo el trayecto, evocando a la desconexión. Cercano a Granada capital, la Acequia Real es uno de los trayectos más recomendables para dejarse sorprender por la naturaleza granadina, y todas las especies animales y vegetales que la conforman.

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