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24 horas en Granada 'low cost': dónde comer, comprar y qué monumentos visitar

24 horas en Granada 'low cost': dónde comer , comprar y qué monumentos visitar

24 horas en Granada 'low cost': dónde comer , comprar y qué monumentos visitar

Granada necesita, al menos, 3 días para vivirla por completo y no perderte ni uno de sus rincones mágicos. Pero, si la visita es más atropellada, tan solo puedes pasar 24 horas en la ciudad de la Alhambra y, si además, el presupuesto está ajustado, existen 'rutas cortas' que dejará satisfechos a los más exigentes cuando se trata de capturar el alma de una ciudad. Granada es un plato fuerte, tanto como para quedar saciado solamente con un pequeño trozo. 

Para impregnarte de una ciudad hay que visitar sus puntos fuertes, pero también codearte con los vecinos en tiendas, bares o plazas no atestadas de turistas. Un día tiene tantas horas como ganas de exprimirlas así que comenzaremos con el desayuno (adelantamos que la gastronomía granadina va a tener un gran peso en este tour).

Desayuno para todos: tradicional o cosmopolita

Para agarrar la mañana con fuerza es necesario salir a la calle con el estómago lleno. Los amantes del desayuno esperan este momento desde casi la hora de la cena y, en este caso, Granada tiene opciones para todos los gustos. Para los apetitos tradicionales se recomiendan los churros con chocolate de la plaza BibRambla, el epicentro de este manjar en el corazón de Granada. Situación que, además, permitirá encarrilar un paseo por los 'imprescindibles'. Por ahora seguimos en el desayuno y, si prefieren un comienzo más 'healthy' y cosmopolita, muy cerca del citado epicentro (en calle San Jerónimo) se encuentra el Baraka, una cafetería bar de lo más moderna que ofrece tostadas variadas así como zumos, batidos y smoothies naturales.

Paseo, compras y monumentos clave

Tras el ágape mañanero y con las pilas puestas, Granada pide que se la pasee. Partiendo de la citada Plaza BibRambla podemos empezar a recorrer las estrechas calles del centro, la plaza de la Romanilla, la plaza de la Pescadería para desembocar en la Catedral, que se recomienda visitar al completo. Al salir se puede admirar la vista del monumento desde la Plaza de las Pasiegas antes de continuar el camino. El paseo continúa en dirección a la Alcaicería, sin duda uno de los rincones más llamativos de la ciudad que nos trasporta a su pasado nazarí y mozárabe. Allí encontraremos muchas tiendas donde poder comprar todo tipo de recuerdos: desde los más típicos, hasta los 100% granadinos como artículos de marroquinería, Cerámica de Fajalauza, taracea, abanicos y mantillas, jarapas de la Alpujarra o lámparas granadinas. 

En este trayecto están tanto el Centro Federico García Lorca como el Museo José Guerrero, ambos de visita recomendada para los visitantes. 

De ahí cabe proseguir hasta llegar a la plaza del Ayuntamiento, la del Carmen. Si por el camino podemos adquirir un pionono o dos para subir el azúcar, el camino será mucho más grato din duda. Una vez frente al Consistorio, recorremos la calle Navas, que aunque ahora está bastante 'invadida' por las terrazas de los múltiples bares que la conforman, es una calle mítica del centro. Existen otras vías, como la de la Calle Ganivet, así que dejamos ahí la opción B. 

En ese punto se llega hasta la plaza del Campillo y Puerta Real, el kilómetro 0 de Granada y puesta de largo de la Granada ilustre con bellos edificios flanqueando una plaza que lleva hasta la Carrera de la Virgen donde se encuentra, precisamente, la iglesia de la Virgen de las Angustias, patrona de la ciudad. A continuación llegamos al Paseo del Salón, testigo verde y señorial de los años en los que Granada estaba llena de palacetes. Todo ello, con vistas al río Genil.

Tapear en el Realejo

La siguiente parte de la ruta ya nos lleva casi a la hora de comer y, esta vez, se hará en el Realejo, antiguo barrio judío y, ahora, la Malasaña granadina. Por todo el barrio existen multitud de bares donde poder tomar unas cañas o refrescos con su consabida tapa al lado, pero la zona más emblemática sea, quizás, el Campo del Príncipe. En esta plaza a las faldas del Hotel Palace, existen decenas de bares donde poder comer y con diferentes gastronomías a elegir. 

Pasar la tarde en el Albaicín y cenar mirando a la Alhambra

Con la barriga repleta, toca volver a coger camino y, ahora, nos dirigiremos hacia otro barrio histórico: el barrio por excelencia, el Albaicín. En esta visita rápida no da tiempo a visitar la Alhambra, que seguro que ya conoces, aunque sí la podrás admirar desde una perspectiva privilegiada.

Una vez arriba, pasado el precioso Paseo de los Tristes, es casi religión tomar un café en el Plaza larga, en Casa Pasteles, un establecimiento mítico de la ciudad donde siempre verás foráneos y autóctonos mirando hacia la preciosa plaza.

Desde ahí queda recorrer todo el barrio histórico, pasando, por supuesto, por sus miradores: San Miguel, San Nicolás o el Huerto de Carlos. También observar todas las iglesias que se reparten entre las calles y no dejar de asomarse a todos los recovecos que hay semi escondidos en sus callejuelas. También contemplar, aunque solo sea la fachada, los imponentes cármenes de la zona. Es un plan barato que te dejará enamorado o enamorada. 

Va llegando la hora del crepúsculo y, si se prefiere gastar un poco más de dinero se puede cenar en restaurantes con vistas a la Alhambra como el Agua, o bien, volver al tapeo en cualquiera de los bares del Albaicín o comprar algo para llevar y regresar a uno de los miradores

Una vez cenados y cogiendo el camino a la cama cuesta abajo, existe una parada de rigor clásica. La heladería Los italianos, ahí se tomará el postre. Disfruta de las noches granadinas con sus olores y gentío que llena la ciudad hasta altas horas. Y ahora, a descansar que ha sido un día muy largo.

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