La historia, en jeroglíficos ocultos de Almuñécar

La Cueva de Siete Palacios alberga un Vaso Canopo que contuvolos restos del faraón Apofis I de Egipto y que fue trasladado a la península por los fenicios

Rosa Fernández | Actualizado 06.01.2009 - 08:09
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La puerta de la Cueva de Siete Palacios supone la entrada a la historia de Almuñécar, lugar elegido por numerosas civilizaciones que supieron apreciar su privilegiado enclave y clima. Actualmente, es la sede del Museo Arqueológico Municipal sexitano. Se encuentra en las inmediaciones del Castillo de San Miguel, en el casco antiguo, lugar que se ha puesto de moda en los últimos tiempos por extranjeros que buscan un lugar tranquilo, añejo, de vistas privilegiadas.

Entre las piezas que reúne en su interior el Museo Cueva de Siete Palacios, su pieza más importante, sin duda, es el Vaso Canopo de Apofis I. Esta pieza del arte funerario egipcio es el documento escrito más antiguo hallado en la península, un dato que muchos habitantes de la costa desconocen y que, sin embargo, atrae a arqueólogos de todas las partes de la geografía.

Único en el Mediterráneo, está increíblemente esculpido en cuarzo sólido y pulido en un solo bloque de mármol. El vaso contiene grabados jeroglíficos en su embocadura y el sello real en su cuerpo. Fue descubierto en una casa local, aunque otros dicen que se halló en la necrópolis fenicia Laurita del Cerro de San Cristóbal, la primera púnica primitiva que se investigó en España, y que fue hallada en febrero de 1963, con motivo de la construcción de las viviendas sociales del barrio de Los Marinos.

No sólo es apasionantemente bello este objeto, sino que también es fascinante desde el punto de vista que resulta inconcebible su ejecución sin contar con precisas herramientas, entonces inexistentes. Este vaso sagrado tenía como cometido –según una hipótesis– alojar las vísceras de Apofis I, faraón de la XV dinastía, en el Segundo Periodo Intermedio, por lo que se piensa que el objeto fue manufacturado alrededor del 1540 a. C., aunque la mayoría lo data entre los siglos XVII y XVI a. C. Lo que sí se sabe es que perteneció al faraón, según indica el sello grabado en escritura jeroglífica en la parte superior del cuerpo del vaso. Algunos aseguran que llegó a Almuñécar hacia el siglo VIII a. C. con los fenicios.

El texto contenido en el Vaso Canopo de Apofis I contiene el siguiente mensaje: “El Dios bueno señor del noble país, cuyo poder alcanza victorias totales/ Que no hay país exento de rendirle servicio, el Rey del Alto y Bajo Egipto (Auserre), el hijo de Re (Apofis), dotado de vida, y la hermana real Charudyet, que sea dotada de vida”.

En cuanto al lugar que alberga ahora el museo, situado en la colina de San Miguel, fue un sótano de una gran construcción romana, posiblemente un templo en honor a la diosa Minerva, se cree que del siglo I d.C. Parte de una construcción formada por un conjunto de bóvedas. Es el único de estas características que existe en España.

La Cueva de Siete Palacios es uno de los ejemplos urbanísticos más relevantes del periodo romano español, con ese conjunto de bóvedas que rodean el cerro de San Miguel, en la que destacan especialmente sus complejos recovecos. Construcción peculiar donde las haya, con siete naves transversales (de ahí su nombre), ha sido declarada Bien de Interés Cultural.

En el interior, aparte de vaso de incalculable valor egiptológico, se pueden admirar algunos de los fascinantes restos del pasado histórico de Almuñécar, como la colección de numerosos objetos provenientes de las necrópolis o la factoría.

Destacan el león de la necrópolis fenicio-púnica Puente de Noy, del siglo VIII a. C. o el fragmento de una estatua de la diosa Minerva encontrado en la factoría de los Salazones de El Majuelo.

Además, se han encontrado numerosos objetos fúnebres que van desde urnas, hasta joyas que formaban parte del ajuar funerario. Se cree que las valiosas piezas egipcias que se exponen en el museo fueron transportadas por los fenicios a la antigua Sexi. El arte fenicio también esta representado por esculturas y objetos de adorno como diademas y anillos.

Una de las personas que más ha tenido que ver en la ‘reconstrucción’ de la historia de Almuñécar ha sido Federico Molina Fajardo. Doctor por la Universidad de Granada y arqueólogo municipal, realizó una ingente labor de investigación y restauración del patrimonio histórico sexitano, que se ha traducido en numerosas publicaciones en este último cuarto de siglo que han permitido poner a la Almuñécar actual en contacto con sus raíces más genuinas. Molina Fajardo fue el alma de la restauración y conservación de monumentos tan importantes como el Castillo de San Miguel, la Cueva Siete Palacios, necrópolis de Puente de Noy, factoría de salazón de El Majuelo, acueducto romano a su paso por Torrecuevas y La Carrera, columbario romano de La Albina, Palacete La Najarra, antigua alfarería y tantas otras. 

También ha escrito numerosos libros y publicaciones sobre arqueología e historia fenicia y romana de Almuñécar, al tiempo que ha sido ponente sobre este tema en numerosos congresos nacionales se internacionales, así como conferenciante en varias universidades. Fue asimismo director de los encuentros hispano- árabes de Almuñécar.
2 comentarios
  • 2 david yunis alvarez 02.02.2010, 20:23
    no te chines de gratis

    Soy madrileño de nacimiento, sexitano de corazon, es maravilloso que a los que nos gusta la historia podamos descubrir en este maravilloso pueblo de pescaderos estas obras inimagimables para la epoca de la que datan, sin duda es una suerte que no este tan masificado como muchos pueblos de la costa, esos vestigios de culturas olvidadas, esa forma de vivir de sus gentes esa manera de ver la vida, grande, grande almuñecar, fenicios, romanos, arabes.

  • 1 manuel g. montilla. 06.01.2009, 18:21

    Almuñecar posee una gran historia romana que mostrar a sus ciudadanos y visitantes. Solamente con pasear entre las calles del casco antiguo se percibe su patrimonio ya que la ciudad es todo un museo. Me parece fantastico y me enorgullece como sexitano que personas como Federico Molina Fajardo y tantas otras que investigan y divulgan, desde los sectores publicos y privados, los jeroglificos y maravillas de nuestro patrimonio historico.

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