El Metro rompe la 'historia negra' de Granada en infraestructuras

  • Los tranvías abren sus puertas a los ciudadanos después de diez años de espera

  • Cerca de 20.000 granadinos se suben a los vagones en el primer días sin incidencias destacadas

Granada tachó ayer el Metro de su lista de agravios. En 2007 comenzaron las obras para la llegada del AVE, la construcción del Centro Lorca y la ciudad y su Área Metropolitana comenzaron a llenarse de zanjas por las obras del Metro, que una década después es el primer proyecto que al fin ve la luz. "Hay días que tienen una dimensión histórica en el devenir de las ciudades, hoy es un punto de inflexión para la construcción del futuro de Granada", señaló el consejero de Fomento, Felipe López, en su segunda visita a la ciudad esta semana. El lunes llegó para anunciar la fecha de la puesta en marcha de la explotación comercial y ayer se subió en el último vagón en pruebas para recorrer en 55 minutos el trayecto entre Albolote y Armilla. Bajaron los políticos de los vagones y entraron los ciudadanos para hacer suya una infraestructura que ha costado 550 millones de euros y un largo padecimiento a vecinos y comerciantes afectados estos años por las obras. A ellos se refirió el consejero al recordar el "sobreesfuerzo" hecho por algunos colectivos que "se verán compensados porque han contribuido a la movilidad y a hacer una ciudad que entra en el futuro", pero además tendrán a partir de ahora como contrapartida que "se incrementará la facturación de los negocios y las viviendas del entorno se revalorizarán".

La inauguración del Metro de Granada no se convirtió en una pasarela de autoridades, como pasó en 2014 con la puesta en marcha de los tranvías de Málaga con un desfile de ministros y altos cargos, aunque la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, viajará a Granada en las próximas semanas para una inauguración de carácter más institucional. El consejero trasladó el "aliento, la energía y el empuje" de la presidenta, que en su cuenta de Twitter subrayó su "enhorabuena" a Granada y su Área Metropolitana. "Una infraestructura de primer nivel para una gran ciudad y su entorno", escribió la presidenta.

El presidente de la Diputación señala que habrá que pensar en una futura ampliación

Así que fue Felipe López la única autoridad que tomó la palabra en el acto oficial celebrado en las cocheras del Metro en Maracena, arropado por los alcaldes de Granada -Paco Cuenca; Albolote, Concepción Ramírez; Maracena, Noel López; y Armilla, Gerardo Sánchez-, que cuando el tranvía llegó a su pueblo tuvo que ejercer de improvisado metro-guía cuando una anciana se le acercó para preguntarle sobre cuál de todas las tarjetas de transporte que llevaba en el monedero era válida para subirse al tranvía. "Si me permiten, parir un tren es más difícil que poner en marcha un carril-bici", continuó el consejero de Fomento para 'excusar' el cúmulo de anuncios fallidos de puesta en funcionamiento de los últimos meses, que en clave de futuro señaló que con la inauguración Granada "será una ciudad más amable". "Habrá menos problemas de tráfico, van a desaparecer tres millones de vehículos en circulación al año, con todo lo que representa en seguridad vial y reducción de emisiones, con un traslado más seguro y más rápido", enfatizó Felipe López después de que Granada entrara oficialmente en el club de 220 ciudades europeas con Metro. Y aunque los vagones siguen transportando la duda de cuándo serán posible los transbordos gratuitos entre los autobuses urbanos y los tranvías, el alcalde de Granada se mostró confiado en que próximamente sea posible el billete único, para lo que la Junta ya trabaja para que el soporte técnico esté disponible en unos dos meses. "Granada y su Área Metropolitana dan un salto a la modernidad", afirmó el alcalde sobre una infraestructura "imprescindible" para una ciudad que "aspira a tener un turismo de calidad y a un modelo de excelencia". "Quedan atrás los tiempos en que la bronca, el cambio de proyectos y las diferencias que nos han hecho sufrir unos retrasos que han afectado a los ciudadanos con los problemas de una gran obra como esta", continuó Cuenca para resumir en una frase la larga polémica sobre el soterramiento en Camino de Ronda, cuando el exalcalde Torres Hurtado se enrocó para exigir que los tranvías circularan bajo tierra en este tramo, lo que finalmente arrancó a la por entonces consejera Rosa Aguilar, otra de las caras que han pasado por el proyecto hasta llegar a la foto finish de ayer. En la frase también se concentra una crisis económica que hizo pasar el presupuesto de Fomento de 1.700 millones a 543, además de las incidencias provocadas por los ciudadanos que, con las obras paradas, hicieron suya la infraestructura como zona de esparcimiento. Para Cuenca, el acto de ayer supone "un salto" a una visión metropolitana que va a permitir la eficiencia en el tráfico y un salto en calidad ambiental. "Es un salto a la modernidad que se ha hecho desde la lealtad institucional para contar con una infraestructura de primer nivel mundial", concluyó.

Por su parte, el presidente de la Diputación, José Entrena, fue el que dio un paso más en sus declaraciones para comenzar a reclamar que, una vez transcurra el lógico periodo de ajustes y de adaptación, "será el momento de ir pensando en ampliar la línea 1 hasta Atarfe y Las Gabias y diseñar el resto de las líneas que contempló en su día el Plan del Ordenación del Territorio de la Aglomeración Urbana de Granada, aprobado hace casi dos décadas". Para Entrena, "la inauguración del Metro es solo el principio de la solución futura de la movilidad de la capital y el Área metropolitana, para la cual se abre una nueva era". Mientras, el director de la Agencia de Obra Pública, José Francisco Pérez, señaló el "reto" que supone la explotación pública de la nueva infraestructura. "El Metro va a demostrar que lo público puede funcionar y que no es necesario que una empresa privada gane un porcentaje", afirmó para apuntar a continuación que, aunque tendrá un déficit como todos los sistemas públicos de transporte, será "rentable socialmente".

Como las amistades reencontradas, los 10 años transcurridos desde el inicio de obras comenzarán a difuminarse en la memoria con cada viaje en el Metro.

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