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Nueva escisión en Podemos Teresa se fue con la marea

  • Rodríguez tiene poco más de tres años para crear un nuevo artefacto electoral con mensaje nacionalista más nítido que el que tuvo Adelante Andalucía

Teresa Rodríguez agita la bandera andaluza en un mitin ante Errejón e Iglesias. Teresa Rodríguez agita la bandera andaluza en un mitin ante Errejón e Iglesias.

Teresa Rodríguez agita la bandera andaluza en un mitin ante Errejón e Iglesias.

Hay un hecho curioso en todo lo que ha sucedido en el amigable divorcio entre los anticapitalistas andaluces, que son los que realmente se han ido, y Pablo Iglesias. Consiste en que fue la líder andaluza de los ‘anticapis’, como les gusta llamarse en un guiño juvenil gente que ya no es tan joven, Teresa Rodríguez, quien diseñó un artefacto electoral llamado Adelante Andalucía. Se intentaba ocultar el nombre de Podemos en su unión con IU para que se pareciera a lo que no era: un partido andaluz.

Ahora Teresa Rodríguez sale de su artefacto, se quedan los de Podemos, que no querían el artefacto, y si en las próximas elecciones andaluzas quiere volver a entrar porque puede ser un suicidio fragmentar la izquierda que está a la izquierda del PSOE andaluz, que dentro de tres años seguirá siendo el PSOE andaluz, que es como el PP gallego, una suerte de nacionalismo centralista, pues entonces tendrá que pedir permiso. Permiso, posiblemente, a Pablo Iglesias, si es que dura tanto la legislatura y Podemos entonces se parece en algo al Podemos del que sale Teresa Rodríguez, horrorizada por la deriva aburguesada de gente que, en realidad, siempre lo fue.

Y Teresa Rodríguez, que nunca fue pobre, sigue pensando como el lema de su movimiento: “La única minoría peligrosa son los ricos”. Que no digo yo que no ni que sí, pero no es un lema para ganar elecciones, como comprobó Iglesias cuando se disfrazó de ‘anticapi’ y se metió con Amancio Ortega.

Quizá por todo esto lo del ‘hasta luego’ que se dijeron en ese vídeo de blanco cegador, aunque supongo que es difícil olvidar que Iglesias ganó Vistalegre II (la Boda Roja) a lomos de los anticapitalistas y ha llegado al Gobierno con las ropas del moribundo errejonismo, la víctima de Vistalegre II. Ambos, Errejón y Teresa Rodríguez, como casi todo el mundo, quedaron por el camino.

Hasta que esto del ‘hasta luego’ suceda Teresa Rodríguez tiene tiempo para montar algo que no es ni el Podemos que ellos fundaron en Andalucía -Podemos se erigió en el sur sobre la única estructura política existente, la de Izquierda Anticapitalista- ni tampoco va a ser más de lo mismo, más herencia de la Liga Comunista Revolucionaria, los padres de los ‘anticapis’. Va a ser el Partido Andalucista. Como suena. Un antiguo anhelo.

A finales de los años 70, cuando Teresa Rodríguez no había nacido, el analfabetismo en Andalucía superaba el 12%. El total; el funcional era del 37%. Un grupo de ilustrados revolucionarios, casi todos maestros, se patearon los pueblos andaluces y enseñaron a leer a jornaleros y divulgaron el concepto de la patria andaluza. Eso fue el germen del andalucismo y no Pacheco ni Rojas Marcos. Durante un tiempo fue una fórmula sincera y fue una fórmula de éxito. Algunos de aquellos maestros, de hecho, llegaron a ser alcaldes y aún son recordados en pueblos como Paterna o Espera. El padre de Rodríguez, que fue andalucista, le debió contar esas gloriosas batallas y esa épica siempre ha enardecido a Rodríguez, aunque esa Andalucía desapareciera hace mucho tiempo. Se la llevó la emigración y el PER. Pero Rodríguez piensa que los oprimidos siempre han existido y ese es su mercado. En Podemos, en realidad, pensaban que no.

En su primera campaña andaluza, diseñada desde Madrid precisamente por Errejón, Rodríguez se permitió meter algún movimiento de ‘autor’. Uno de ellos (uno de los pocos) fue visitar El Coronil, el pueblo del que había sido alcalde el sindicalista jornalero del SOC (hoy SAT) Diego Cañamero, que tan poco gustaba en Podemos Madrid, siempre visto cuando fue elegido diputado como un cuerpo extraño. Era todo un guiño al mundo rural, algo que sus asesores de campaña, que creían (y sabían) que la batalla era urbana, en las grandes ciudades, no entendían. Pero una vez más es la liturgia épica que acompaña a Rodríguez igual que cuando entra en éxtasis al agarrar una bandera andaluza y canta como un salmo lo de “pedid tierra y libertad”. Aunque lo de la tierra tras el fracaso de la reforma agraria y el gobierno de la PAC carece hoy en día de sentido, forma parte del simbolismo de esa Andalucía de los primigenios andalucistas. Teresa Rodríguez ha mutado (o siempre lo fue) a una suerte de nacionalismo al estilo del Bloque Galego, pese a la admiración que siempre ha sentido por las mareas gallegas, que pudieron mantener su independencia cuando llegó la invasión de Podemos a la Galia. Lo que ellos no pudieron o no quisieron hacer. Y, posiblemente, gracias a eso, son parlamentarios.

Ahora habrá que ver si la pócima tiene público. Es una vieja aspiración desde la disolución de los andalucistas (que aún hoy siguen teniendo concejales y alcaldes pese a prácticamente no existir como aparato) contar con una fuerza andaluza y eso con el anticapitalismo sólo y los ricos como problema no vale. Ayer lo dijo ella misma. Como Teruel. El anticapitalismo, por tanto, tendrá que esperar. Andalucía, primero. Como diría el otro. Andalucía First.

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