La brótola, vida discreta de un pez de fondo

Es uno de los peces más representativos y desconocidos del mar de Alborán

Habitante de taludes y plataformas, cumple un papel clave en los ecosistemas bentónicos

Comparte parentesco evolutivo con pescados comerciales muy comunes como la merluza o el bacalao

Chanquetes, entre el daño y el engaño

Brótola en roca / litoralgranada.ugr.es

En el mar de Alborán, donde confluyen las aguas atlánticas que entran por el Estrecho y las mediterráneas que regresan hacia levante, las aguas superficiales son un hervidero de vida. Plancton, peces pelágicos, aves y cetáceos construyen un paisaje marino visible, dinámico y relativamente bien conocido. Pero basta descender unos cientos de metros para que el escenario cambie por completo. La luz se atenúa, el frío se instala y el relieve submarino se transforma en una sucesión de plataformas, cañones y taludes. Es ahí, en esa frontera entre la claridad y la sombra, donde vive uno de los peces más característicos y discretos, de nuestros fondos marinos: la brótola.

Su variada dieta se compone de crustáceos, gusanos marinos, pequeños peces y cefalópodos, piezas que captura en emboscadas breves y precisas. Aunque rara vez protagoniza documentales, la brótola cumple una función ecológica clave en las redes tróficas profundas como depredadora intermedia controlando poblaciones de invertebrados y pequeños peces; a su vez sirve de alimento a cazadores de profundidad como tiburones o grandes meros.

Un cuerpo hecho para la penumbra

La brótola no es un pez llamativo. No tiene colores brillantes ni formas espectaculares... ni falta que le hace en el hábitat en el que se desenvuelve. La coloración es variable, pero suele moverse entre pardos, grisáceos y violáceos, a veces con reflejos metálicos. En ambientes donde predominan el fango, la arena oscura o la roca cubierta de invertebrados, estos tonos proporcionan un excelente camuflaje. La brótola no necesita huir a toda velocidad: su estrategia es pasar desapercibida.

Su cuerpo está también perfectamente adaptado a un mundo que apenas imaginamos desde la orilla. Es alargado, ligeramente comprimido lateralmente, flexible y con una piel fina y mucosa que reduce el rozamiento y facilita los desplazamientos lentos sobre el fondo.

Brótola de roca.
Brótola de roca. / litoralgranada.ugr.es

La cabeza es relativamente grande, rematada por una boca amplia provista de pequeños dientes cónicos, adecuados para sujetar presas resbaladizas. Los ojos, bien desarrollados, están adaptados a captar la escasa luz que llega a las profundidades.

Uno de sus rasgos más característicos es el barbillón mentoniano, una pequeña prolongación carnosa ricamente inervada que actúa como un ‘radar biológico’, un sensor químico y táctil que le permite detectar movimientos y olores en el sedimento.

Las aletas dorsal y anal son largas y continuas, recorriendo buena parte del cuerpo. No están hechas para grandes carreras, sino para ondulaciones suaves, casi felinas, con las que la brótola se desliza sobre el fondo o se mantiene suspendida a escasa altura. Las aletas pectorales, relativamente amplias, le ayudan a apoyarse y maniobrar entre irregularidades del terreno.

Brótola de fango.
Brótola de fango. / Intermares

Reproducción: un viaje vertical

La vida de la brótola transcurre casi por completo en la penumbra, pero su reproducción comienza en un escenario muy distinto. Entre invierno y primavera, los adultos liberan al agua huevos pelágicos, microscópicos y flotantes. Estos huevos ascienden hacia capas más superficiales, donde la temperatura es más alta y la productividad del plancton favorece el desarrollo embrionario. De ellos nacen larvas transparentes, apenas reconocibles como peces, que pasan un periodo formando parte del plancton. Durante semanas, son transportadas por las corrientes, participando en un intercambio biológico entre zonas y profundidades.

Solo cuando alcanzan un cierto nivel de desarrollo comienzan un descenso progresivo hacia el fondo, donde su cuerpo se va alargando, aparecen las aletas definitivas y se forma el característico barbillón. Es entonces cuando abandonan la vida pelágica y adoptan definitivamente el modo de vida bentónico.

Este ciclo, que conecta las aguas superficiales con los fondos profundos, convierte a la brótola en un auténtico eslabón entre dos mundos que rara vez asociamos.

El valor de lo invisible

Además de su interés ecológico, la brótola ha sido tradicionalmente apreciada por su carne blanca y firme, muy utilizada en caldos, guisos y platos marineros. Sin embargo, su crecimiento relativamente lento y su dependencia de hábitats profundos hacen que sea vulnerable a la sobreexplotación, un aspecto cada vez más tenido en cuenta por la investigación pesquera.

La presencia, abundancia y estructura de tallas de las poblaciones de brótola se utilizan como indicadores del estado de conservación de los ecosistemas profundos. Donde las brótolas son frecuentes y muestran poblaciones equilibradas, suele haber fondos relativamente bien conservados.

Quizá la próxima vez que el nombre de la brótola aparezca en una pescadería o en un menú convenga recordarlo: ese pez humilde viene de un mundo sin luz, de un paisaje de fangos y rocas donde late una biodiversidad tan rica como desconocida. El mar de Alborán no termina en la orilla; empieza, muchas veces, donde dejamos de verlo.

De roca y de fango

Las principales diferencias entre la brótola de fango (Phycis blennoides) y la brótola de roca (Phycis phycis) radican en su hábitat, coloración y morfología.

La brótola de fango habita en fondos blandos de fango o arena. Es una especie de mayor profundidad, pudiendo alcanzar los 600-800 metros. Tiende a ser más clara, con tonos rosáceos o amarronados pálidos y, a menudo, presenta una mancha oscura en la segunda aleta dorsal. Los radios de las aletas pélvicas, (filamentos bajo la cabeza), son más largos y pueden superar el origen de la aleta anal.

Aunque es comestible y apreciada en ciertas regiones, su carne es más blanda y se deteriora más rápido, por lo que tiene un valor comercial ligeramente inferior.

Arriba: brótola de fango; abajo: brótola de roca.
Arriba: brótola de fango; abajo: brótola de roca.

La brótola de roca vive preferentemente en fondos rocosos, cuevas y grietas. Se encuentra a profundidades menores, generalmente hasta los 200 metros. Suele tener un color marrón oscuro o café más uniforme. Los radios de las pélvicas son proporcionalmente más cortos.

Es considerada de mayor calidad culinaria debido a que su carne es más firme y sabrosa, similar a la de la merluza.

Etimología

La etimología del género Phycis proviene directamente del griego antiguo phykon, que significa alga o planta marina. Este nombre fue asignado por los naturalistas debido a las características biológicas y de comportamiento de estas especies que viven escondidas entre las algas y praderas marinas o en fondos rocosos cubiertos de vegetación.

El origen del nombre común, brótola, es discutido. Unos lingüistas consideran que el término es un catalanismo que se extendió por el levante español hasta generalizarse. Se cree que deriva del catalán brota (equivalente a brote o rama), en alusión a sus aletas pélvicas filamentosas, que parecen delgados tallos o brotes que salen de su cuerpo.

Hay otra teoría que lo vincula al nombre de la planta abrótano, que viene del griego abrótonon, y que significa suave o blando. Esta relación se establecería por la textura extremadamente blanda de su carne.

Una hipótesis menos extendida propone que podría derivar del latín merula=mirlo, (nombre que también se da a otros peces oscuros), a través de una forma diminutiva evolucionada como merulatula.

"Ojos como brótolas"

Ojos como brótolas es una expresión coloquial. Describe ojos muy rojos y/o hinchados y es usada para describir a alguien que ha llorado desconsoladamente o que tiene una mirada vidriosa por cansancio extremo o por estar bajo los efectos de alguna sustancia.

Esta gráfica metáfora, muy arraigada en el habla popular, se basa en los ojos redondos y de gran tamaño de este pez. Al ser un pez de profundidad, cuando es capturado y subido rápidamente a la superficie, el cambio de presión suele provocar que sus ojos se hinchen o sobresalgan, dándoles un aspecto desorbitado o ‘saltón’. El aspecto vidrioso y a veces rojizo de los ojos de este pez se produce también conforme pierde frescura.

stats