Cine

Clint Eastwood cumple 90. El triunfo de la constancia y la inteligencia

  • El actor y director de obras maestras como 'Sin perdón' o 'Million Dollar Baby' ha sobrevivido a los cambios en la industria y el público con un estilo sobrio y reconocible

Clint Eastwood (San Francisco, 1930), en un rodaje. Clint Eastwood (San Francisco, 1930), en un rodaje.

Clint Eastwood (San Francisco, 1930), en un rodaje. / Warner Bros / Reuters

Dos otoños en 1964. El prematuro de Clint Eastwood, quien con 34 años y nueve de profesión solo había logrado cierta popularidad interpretando el serial televisivo Rawhide mientras fracasaba en el cine: entre 1955 y 1963 no fue más allá de papeles insignificantes en series B como La venganza de la criatura o Tarántula; la única excepción fue su rol secundario en La escuadrilla Lafayette, última película del gran Wellman, uno de sus futuros maestros. Por eso en 1964 viajó a esa tumba de los actores de Hollywood en declive o sin esperanza de llegar a estrellas que era Europa, aceptando un papel "de mierda" –palabras suyas– antes rechazado por Henry Fonda, Charles Bronson, James Coburn y hasta el mediocre Richard Harrison, intérprete de peplums y gazpacho western pre Leone. Y era también el otoño del western. El género más genuino del cine americano languidecía en la primera mitad de los 60 por su sobreexplotación cinematográfica y televisiva (más de un centenar de series se produjeron entre 1949 y 1962) y por cambios sociales, políticos y culturales en los Estados Unidos.

El vehículo a la fama de Eastwood (San Francisco, 31 de mayo de 1930) fue un western barato en el que solo Leone creía. Y con dudas porque tanto él como su amigo de infancia Ennio Morricone lo firmaron con los seudónimos de Bob Robertson y Dan Savio, práctica habitual en el cine cutre y la novela popular europeos para hacerlos pasar por americanos. Nada era del todo nuevo en Por un puñado de dólares y a la vez todo lo era. Con asombroso talento Leone estilizó la estética del western mientras Morricone hacía lo mismo con las partituras de Dimitri Tiomkin (la influencia del Degüello de Río Bravo y El Álamo es evidente). Ya se habían rodado westerns en España e incluso en Alemania (el kartoffel western basado en las novelas de Karl May). Ni tan siquiera el argumento era original: adaptaba Yojimbo de Kurosawa con tal descaro que el japonés le demandó obteniendo suculentas ganancias. Porque esta película de rodaje legendariamente cutre –hasta el poncho, se cuenta, se lo compró Eastwood– que costó 200.000 dólares produjo más de 14 millones. Tras ella llegaron La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. El mito Eastwood había nacido.

En 'Por un puñado de dólares' (Sergio Leone, 1964). En 'Por un puñado de dólares' (Sergio Leone, 1964).

En 'Por un puñado de dólares' (Sergio Leone, 1964).

Durante el rodaje de Por un puñado de dólares el actor gruñía: "Volveré a Los Ángeles, fundaré mi propia productora y dirigiré mis propias películas". Rozando los 40 años su sueño estaba a punto de cumplirse. En 1968 creó con la ayuda de su amigo Irving Leonard como asesor financiero la productora Malpaso (por el Malpaso Creek de Carmel, ciudad junto a la que Eastwood vive y de la que llegó a ser alcalde). Ese mismo año 68 produjo e interpretó Cometieron dos errores –dirigida por Ted Post, realizador de episodios de Rawhide que le volvería a dirigir en Magnum Force– y La jungla humana, dirigida por Don Siegel, su maestro junto a Wellman, bajo cuyas órdenes interpretaría Dos mulas y una mujer (1970), El seductor (1971), Harry el sucio (1971) –despegue de la serie del inspector Callahan– y Fuga de Alcatraz (1979). También contrató en 1972 al maestro del western John Sturges para que le dirigiera en Joe Kidd. Producía, actuaba y aprendía.

Debutó como director en 1969 con la prometedora Escalofrío en la noche. Cauto, tardó tres años en dirigir su primer western, Infierno de cobardes, que inauguraba una serie extraordinaria que mantuvo vivo el género: El fuera de la ley (1976), El jinete pálido (1985) y Sin perdón (1992), que obtuvo cuatro Oscar, entre ellos los de mejor película y mejor dirección. Un hecho histórico porque, con el único precedente de la mal envejecida Bailando con lobos, desde 1931 (Cimarrón) la Academia no había premiado ningún western.

A esas alturas Eastwood era ya considerado un maestro. Porque si rodaba, como hará hasta hoy, películas menores de acción, también había dirigido otras obras mayores como la magistral Bird (1988) en la que, a través de la figura de Charlie Parker, rendía homenaje al jazz, su pasión. Fue correspondido en 1996 con un homenaje en el Carnegie Hall en el que Kenny Barron, Joshua Redman o Roy Hargrove interpretaron estándares utilizados en sus películas y, con Eastwood al piano, sus propias composiciones hechas a cuatro manos con el jazzista Lennie Niehaus.

Con Meryl Streep en 'Los puentes de Madison'. Con Meryl Streep en 'Los puentes de Madison'.

Con Meryl Streep en 'Los puentes de Madison'.

El prestigio no le impidió seguir alternando películas menores y grandes obras dotadas de una serenidad estilística que le ha valido el título de último clásico vivo que comparte con el octogenario Allen. En los últimos 25 años, en activo como actor y director hasta alcanzar los 90, ha rodado grandes películas (Un mundo perfecto, Los puentes de Madison, Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima, El intercambio, Gran Torino, J Edgar, Sully, The Mule o Richard Jewell) y dos obras maestras (Mystic River y Million Dollar Baby).

Actor que ha sabido construir un personaje adaptado a sus limitaciones engrandeciéndolo de película en película y director extraordinario, Eastwood ha logrado crear un mundo temático propio con ejes dramáticos (más bien amargos) reconocibles de película en película y un sobrio estilo perfectamente identificable que ha ido puliendo hasta lograr una admirable contención expresiva. Este compañero de camino de la poderosa generación de los 70 (mayor que ellos: Allen nació en el 35, Coppola en el 39, Scorsese en el 42, Lucas en el 44 y Spielberg en el 46) ha ido siempre por libre, contra viento de críticas y marea de cambios en la industria y el público. Representa el triunfo de la constancia y la inteligencia.

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