Mamá María | Crítica La Huppert contra los elementos

Isabelle Huppert, protagonista y único atractivo de 'Mamá María'.

Isabelle Huppert, protagonista y único atractivo de 'Mamá María'.

Hay películas que se sostienen únicamente gracias al magnetismo o el talento de su protagonista, incluso con un personaje endeble o una trama desquiciada. Este podría ser el caso de Mamá María, adaptación de una novela de Hannelore Cayre a la que no nos hubiéramos acercado a tenor de su premisa.

Esta nos habla de una mujer (Isabelle Huppert) con hija en casa y madre en una residencia que trabaja como intérprete del árabe para la policía, envuelta en una operación para atrapar a los enlaces de un envío de hachís desde Marruecos hasta París. Entre idas y venidas para visitar a la madre, el trabajo de escucha y traducción y el flirteo con el inspector que interpreta Hippolyte Girardot, un guion caprichoso pone a nuestra protagonista en la tesitura de saltarse la ley y el código deontológico, asunto este que dispara el filme, hasta entonces en un fláccido tono dramático, hacia el territorio de la picaresca cuando ésta decide quedarse con parte del alijo para gestionar ella misma las ventas a los pequeños narcos locales.

Mamá María se sigue entonces con desconcierto apenas seducidos por el encanto transformista y políglota de la Huppert y el inocente juego del escondite que la lleva a sumergirse en el mundo de la delincuencia y las guerras de bandas (árabes y también asiáticas, en otro estereotipo de dudoso gusto) mientras la policía y su propio amante le pisan los talones.

Si han seguido leyendo hasta aquí, comprobarán que la cosa, así contada, pudiera parecer entretenida y hasta divertida, pero no; la cinta de Jean-Paul Salomé (Arsène Lupin, Espías en la sombra, El camaleón) se queda en un territorio sin intriga ni comicidad, en un retrato de personaje sin rumbo y en un tono indefinido que no consigue captar nuestra atención ni siquiera cuando la Huppert toma las riendas del barco a la deriva y aprieta el histrión.