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Verde y salvaje

Una imagen de Hulka. Una imagen de Hulka.

Una imagen de Hulka.

En 1980, con la popularidad del Increíble Hulk en su punto más álgido gracias a la teleserie de Bill Bixby y Lou Ferrigno, Marvel se sacó de la chistera otro personaje verde y salvaje, la formidable Hulka (She-Hulk en inglés), una variación femenina del concepto del monstruo creado por los rayos gamma. En este caso, la protagonista era la abogada Jennifer Walters, prima de Bruce Banner, que acaba compartiendo la maldición del desgraciado científico cuando éste, para salvarle la vida después de un tiroteo, le realiza una transfusión con su propia sangre. Tan delirante giro argumental fue obra del mismísimo Stan Lee, que nos legó de este modo su último personaje importante, acompañado en los dibujos por los lápices del siempre excelente John Buscema y las tintas del veterano Chic Stone. Hechas las presentaciones, las riendas creativas pasaron a manos del escritor David Anthony Kraft y el dibujante Mike Vosburg, dos autores de segunda fila que firmaron, contra pronóstico, un culebrón bastante entretenido. Con todo, las aventuras de Hulka deberían esperar aún casi una década para hallar, gracias a John Byrne, el tono humorístico que las caracteriza hoy día.

El tomo de la colección Marvel Limited Edition titulado La salvaje Hulka: La saga comienza recupera la primera mitad de la cabecera inaugural de Hulka, The Savage She-Hulk, más concretamente los números 1 a 14 (febrero de 1980-marzo de 1981), junto con un nutrido apartado de extras, que incluye una introducción de Kraft, los correos originales de los lectores, bocetos, anuncios de la serie y otro material interesante. Esta Hulka no es todavía la elegante figura que acabará siendo, pero tampoco el monstruo descerebrado que corresponde a su parentesco con Hulk. La superheroína lucha por encontrar su sitio en el universo Marvel junto a tipos sensibles como Zapper y restos de la década de los 70 como Richard Rory o el Hombre Lobo. Eso sí, como su primo, tiene tendencia a acabar con la ropa (en su caso, un recurrente vestidito blanco) hecha jirones.

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