PENSAMIENTOS DESDE MI CABAÑA | Crítica Burbujas en el agua

  • Impecablemente editada, la nueva edición de los 'Pensamientos' de Kamo no Chomei incorpora varios ensayos que contextualizan su aportación y la época en que fueron formulados

Kamo no Chomei (1155-1216) retratado por el artista Kikuchi Yosai. Kamo no Chomei (1155-1216) retratado por el artista Kikuchi Yosai.

Kamo no Chomei (1155-1216) retratado por el artista Kikuchi Yosai.

Como las figuras del viajero o el caminante, que tienen también su reflejo en la literatura japonesa, la del eremita aparece en muchas culturas que en distintos tiempos han consignado el retiro de los hombres sabios -o santos, o vencidos por la misantropía- a las soledades donde la naturaleza es la única compañera. Fechados por su autor, el monje budista Kamo no Chomei, a comienzos del siglo XIII, los Pensamientos desde mi cabaña se inscriben en esta tradición universal e inauguran en las letras niponas, junto a El libro de la almohada (s. XI) de Sei Shonagon y las Ocurrencias de un ocioso (s. XIV) de Kenko Yoshida, el género del ensayo (zuihitsu) al que Chomei, más ordenado y sistemático, aporta un tratamiento propio.

El ermitaño, poeta y músico, amaba 'demasiado' el arte y no trasladó a este terreno la práctica de la renuncia

"El fluir del río es incesante, pero su agua nunca es la misma". La frase inicial de los Pensamientos, que remite casi literalmente a Heráclito, introduce el tema de la transitoriedad (mujo) sobre el que discurre una prosa cuajada de hermosas imágenes: los hombres "nacen para morir" y sus días son como "burbujas en el agua" o "nubes al pairo en los cielos". Chomei ha sido testigo de un "tiempo inmundo", caracterizado por las turbulencias políticas y una devastadora serie de cataclismos: incendios, terremotos, sequías, hambrunas. Sumada a sus desengaños, que conocemos por otras fuentes, la precariedad derivada de toda esa destrucción, ejemplificada en la casa, lo lleva a apartarse para "vivir oculto" (el láthe biósas de Epicuro) de acuerdo con la enseñanza budista del desapego, instalado en una ínfima cabaña en mitad del monte. Parte del encanto de su "autobiografía espiritual" se debe a que el ermitaño, poeta y músico, amaba demasiado el arte y no trasladó a este terreno el ideal de la renuncia, lo que ha alimentado una ya clásica "controversia" en torno a la ejemplaridad de sus prácticas devocionales. La sinceridad, como resaltaba Natsume Soseki, es una de las cualidades de un monje que no logró -él mismo habla de su impureza- el completo despojamiento.

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