El diario de Próspero | Teatro

Alfonso Jiménez Romero en la memoria de los bufones

  • El nuevo sello Ediciones del Bufón, que consagrará su catálogo a las dramaturgias periféricas andaluzas y latinoamericanas, inicia su andadura con una antología del memorable autor sevillano

Representación del ‘Oratorio’ de Jiménez Romero en el Teatro Estudo Lebrijano en 1969. Representación del ‘Oratorio’ de Jiménez Romero en el Teatro Estudo Lebrijano en 1969.

Representación del ‘Oratorio’ de Jiménez Romero en el Teatro Estudo Lebrijano en 1969. / Mario Fuentes / Cirae

Contaminado, tal vez, de la misma vorágine centralista que atañe a la escena oficial, el teatro independiente acusa en su historiografía las consecuencias lógicas de una óptica cada vez más estrecha y menos pendiente de los fenómenos periféricos. Hace veinte años a nadie se le ocurriría hacer una semblanza del teatro independiente español sin atender a la singularidad y la tremenda aportación que se hizo a la gran renovación dramática que precedió a la Transición desde Andalucía, pero son cada vez más abundantes y más divulgados los relatos que, como mucho, reparan en la existencia de Salvador Távora: todo se coció, parece, en los hornos del TPU y en los focos de resistencia que ya a mediados de los 70 confluyeron en el Teatre Lliure, y pare usted de contar. Ahora, a menudo se confunden independencia y precariedad: la adscripción a una determinada marginalidad obedece en muchos casos no tanto a una convicción sino a una mera adaptación al medio, sobre todo cuando las alternativas se venden demasiado caras. Pero si en algo podemos distinguir una verdadera acción independiente, y muy especialmente en el teatro andaluz, es en el reconocimiento de sus fuentes y el señalamiento de su linaje. Por eso, resulta reconfortante que el primer libro del nuevo sello andaluz Ediciones del Bufón, consagrado a las dramaturgias periféricas de Andalucía y Latinoamérica, sea una antología, justa y necesaria, del dramaturgo sevillano Alfonso Jiménez Romero, que, bajo el explícito título Contra el olvido, se disponer a ver la luz de la imprenta estos días. El proyecto editorial en sí, y el tributo debido a Jiménez Romero, permiten articular una tradición meridiana del teatro independiente andaluz en una perspectiva de medio siglo: no es cualquier cosa.

Otra imagen histórica del 'Oratorio' de Jiménez Romero. Otra imagen histórica del 'Oratorio' de Jiménez Romero.

Otra imagen histórica del 'Oratorio' de Jiménez Romero. / Mario Fuentes / Cirae

En muchas ocasiones, las afinidades electivas son cuestión de vecindades. Y dado que un signo esencial del teatro independiente andaluz es su carácter popular, aquí no iba a ser menos: Ediciones del Bufón vio la luz cuando el que iba a ser el nuevo proyecto escénico del director y dramaturgo Raúl Cortés en su Morón de la Frontera natal, el Teatro del Bufón, auspiciado por su nueva Compañía Periférica, se vio obligado a dormir el sueño de los justos por la clausura impuesta de mano del coronavirus. Se trataba, entonces, de trasladar el gesto teatral de la escena al papel con un proyecto editorial consagrado a la literatura dramático, un pulso tan necesario como inexistente en Andalucía, con un ojo puesto en América Latina, donde Cortés ha puesto en marcha varios trabajos en los últimos años. Y fue en Morón de la Frontera donde vio la luz en 1931 Alfonso Jiménez, quien, tras su fallecimiento en 1995, ha sido objeto de una progresiva erosión en el santoral escénico andaluz demasiado inclinada al silenciamiento. Es aquí donde la antología Contra el olvido viene a poner las cosas en su sitio: aunque volúmenes como el que con el título Teatro inédito. Misterios apareció en el catálogo de Espiral con edición al cargo de Miguel Nieto y María Teresa Mora han contribuido a mantener viva la llama, faltaba una mirada más completa y, sobre todo, más cargada de intención respecto a la reivindicación presente, que es lo que pone ahora sobre la mesa Ediciones del Bufón. Dramaturgo de largo alcance (el recientemente desaparecido Gerardo Malla puso en escena un memorable montaje de La murga, mientras que José Luis Alonso de Santos hizo lo propio con El inmortal), Jiménez Romero puso sus obras al servicio de una posible identidad de Andalucía como territorio entre el mito y la agonía, entre el porvenir truncado y la esperanza fatídica. Más allá de la escritura, sin embargo, su carácter agitador vino dado por los diversos grupos de teatro que fundó en virtud de su actividad docente durante los años 60 en varios municipios andaluces, para los que adaptó títulos universales como Numancia de Cervantes y Julio César de Shakespeare. Este empeño cristalizó especialmente desde finales de la misma década gracias a su encuentro con Juan Bernabé, creador del Teatro Estudio Lebrijano: esta alianza condujo al histórico estreno del Oratorio de Jiménez Romero en el Festival de Nancy, órdago que incorporaba el flamenco como lenguaje esencial (mediante la providencial intervención de José Monleón) y que entrañó el preludio necesario para el éxito que pocos años después significó el Quejío de Távora. Aquel teatro popular, doliente y catártico, vuelve en el siglo XXI a hombros de bufones.

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