Hito para el astillero de San Fernando Navantia celebra la botadura de la primera corbeta saudí en San Fernando

  • La marina árabe y Navantia destacan el buen avance del programa, que trabaja con el objetivo de entregar el último buque en 2024

Navantia ha botado este miércoles Al-Jubail, la primera de las cinco corbetas que construye para Arabia Saudí en el astillero de San Fernando. El acto, que supone la primera botadura en la factoría isleña en más de tres años desde el lanzamiento del BAM Audaz, ha sido presidido por la presidenta de la empresa pública, Susana de Sarriá y el Alardiz, el almirante Ricardo A. Hernández López, y ha contado con intervenciones por videoconferencia del comandante de la Marina saudí, el vicealmirante Fahad Bin Abdulla Al-Ghofaily, así como el consejero delegado en funciones de Saudi Military Industries (SAMI), Walid Abukhaled

La ceremonia ha empezado con la lectura de unas palabras del Corán, realizadas por el comandante de la Marina saudí, tras lo cual se ha mostrado un vídeo sobre la ciudad Al-Jubail, que da nombre al barco. En la grada paralela, se encuentra Aldiriyah, la segunda de las corbetas cuyo estado de construcción es muy avanzado.

El comandante de la Marina saudí ha resaltado la importancia de este proyecto, que refleja una "sólida relación entre España y Arabia Saudí y que refuerza la cooperación entre las dos armadas en construcción y formación. Además, ha señalado que el éxito de este programa "es clave" para futuros encargos.

El CEO en funciones de SAMI ha expresado su orgullo por la fuerte relación entre SAMI, Navantia y la Marina saudí, y por la colaboración que ha permitido lanzar el primer sistema de combate saudí, desarrollado íntegramente por SAMI.

Por su parte, la presidenta de Navantia ha puesto de manifiesto su compromiso con la marina saudí para repetir el modelo de colaboración conseguido con la armada austrialiana, y ha destacado el propósito de Navantia de contribuir al desarrollo de las capacidades navales e industriales del país a través de otros "futuros programas".

A continuación, el padrino de la botadura, el comandante Fahad Bin Abdullah Al-Ghofaily ha ordenado al capitán Abdulla Alshehri, director de la oficina del programa, el corte de cinta en su nombre y el buque se ha deslizado por la grada hasta tocar agua por primera vez a las 17:27 horas de esta tarde.

La botadura estaba inicialmente prevista el pasado 8 de abril, coincidiendo con una jornada de fuertes mareas, pero la pandemia de coronavirus obligó a aplazarla ya que Navantia suspendió la actividad de sus astilleros a mediados de marzo. En el momento de la declaración del estado de alarma, los trabajos iban incluso un poco adelantados a los plazos previstos.  El pasado mes de agosto se realizó la puesta de quilla del primer buque, aunque el acto oficial con la presencia de marinos saudíes no se celebró hasta principios de octubre

La primera corbeta permanecerá amarrada a los muelles del astillero para completar la instalación de los sistemas de combate y el resto del equipamiento tecnológico antes de su entrega a la marina saudí, prevista para el mes de octubre de 2021, según indicó recientemente el Gobierno en el Congreso de los Diputados. Cada buque cuenta con un plazo de ejecución de 35 meses y entre la entrega de una y otra mediarán cuatro meses, con lo que si se cumplen las previsiones, Arabia Saudí recibirá la última corbeta a principios de 2024.

El acto celebrado este miércoles permitirá liberar la grada para seguir avanzando en el resto de los barcos que forman el contrato. La puesta de quilla de la segunda corbeta se realizó el pasado 18 de diciembre y se encuentra en una avanzada fase de construcción en la grada paralela. Ya se ha cortado chapa para los primeros bloques del resto de los buques restantes. La pasada semana arrancó la construcción de la quinta y última corbeta, cuyo nombre será Unayzah, y que será la construcción 550 del astillero isleño.

Un encargo histórico

El contrato con Arabia Saudí para la venta de estas cinco corbetas fue firmado en julio de 2018 por un importe de 1.800 millones de euros,el mayor pedido que jamás ha recibido esta empresa pública española, por encima de los 1.300 millones de euros que aportaron las fragatas para la Venezuela de Hugo Chávez.

Y es histórico no sólo por su cuantía económica sino por su impacto en el mercado laboral de la Bahía, ya que implica una carga de trabajo global de alrededor de siete millones de horas y un pico de 6.000 empleos, de los que 1.100 son directos, 1.800 de la industria auxiliar y otros 3.000 indirectos generados por otros proveedores.

Corte de chapas para la primera corbeta de Arabia

La construcción de los buques arrancó en enero de 2019 con el acto de corte de la primera chapa. Además, el encargo contempla la transferencia de tecnología a través de la creación de una empresa conjunta formada por Navantia y la sociedad SAMI (Industrias Militares de Arabia Saudí), Sanni, que fue presentada en sociedad en febrero del año pasado.  En septiembre de 2019 se firmó en Londres el acuerdo por un importe de 900 millones de euros que regulará el trasvase de know-how. Antes de la declaración de la pandemia, San Fernando se preparaba para acoger a los más de 700 militares de Arabia Saudí que serán adiestrados en el manejo de las corbetas.

A ello se suma la posibilidad de que Arabia Saudí haga nuevos encargos. En ese sentido, Riad estudiaría comprar a Navantia dos buques de asalto anfibio LPD similares al Castilla y el Galicia de la Armada española, cuya construcción recaería en Ferrol según avanzó El País el pasado mes de agosto,

Sin embargo, aún quedan flecos legales por resolver. En una respuesta parlamentaria al diputado de Bildu Jon Iñarritu, el Gobierno reconoció que Navantia deberá pedir una licencia de exportación definitiva y que esta solicitud será examinada "con todo rigor". Según el Ejecutivo, Navantia sí presentó un acuerdo previo de exportación que recibió el visto bueno en julio de 2015, pero que ya ha caducado y por tanto la empresa pública deberá volver a solicitar el aval a la venta.

"La futura licencia será examinada con todo rigor de acuerdo con las prohibiciones y los parámetros contenidos en el Tratado sobre el Comercio de Armas, lo dispuesto en la legislación española y los ocho criterios de la Unión Europea", garantiza el Ejecutivo.

Larga negociación

El encargo fue fruto de cuatro años de dura negociación por los que pasaron dos reyes de España –Juan Carlos I, Felipe VI, después–, dos presidentes del Gobierno –Mariano Rajoy y Pedro Sánchez– y tres presidentes de Navantia –José Manuel Revuelta, Esteban García Vilasánchez, fichado posteriormente por la industria militar de Arabia Saudí tras su salida de la cúpula de la empresa española, y Susana de Sarriá–.

En abril de 2018 el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed Bin Salman, firmó un acuerdo de intenciones con el Ejecutivo que presidía entonces Rajoy durante una visita oficial a España. El encargo definitivo fue ratificado en la primera quincena de julio por el Gobierno de Pedro Sánchez, quien había llegado pocas semanas antes a La Moncloa tras el triunfo de la moción de censura contra Rajoy con el apoyo sustancial de Podemos, partido que se había posicionado en contra del contrato pese a que los dirigentes gaditanos de la formación morada sí lo respaldaban.

Pero no tardaron en llegar problemas. Arabia Saudí se había enfrascado en una guerra en Yemen, y varios bombardeos con víctimas civiles habían suscitado una campaña internacional para suspender la venta de armas a Riad. A mediados de agosto, el Ejecutivo ya había adelantado que iba a revisar las transacciones que “pudieran implicar la utilización de este tipo de armamento contra la población civil”, como había ocurrido poco antes en un ataque contra un autobús con niños en Yemen poco antes. 

A primeros de septiembre, la ministra de Defensa socialista, Margarita Robles, filtró a la cadena SER que España se disponía a rescindir la venta de 400 bombas de precisión que había sido acordada por el anterior Ejecutivo y devolver los 9,2 millones de euros anticipados por los saudíes. Finalmente, fue el ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, el que logró apagar el incendio tras unas intensas gestiones telefónicas que le llevaron a tener “la oreja como la península arábiga”, según aseguró en unas declaraciones a la prensa.

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