CRÓNICAS ELECTOROSAS | MUNICIPALES GRANADA 2019

Indiana Jones y el alcalde ‘retenido’ en la Alhambra

  • Jara, en su último acto como alcalde, denunció la falta de respeto a la ciudad por el desprecio a su regidor mientras exigía la dimisión de Revilla

Sean Connery y Harrison Ford, en una escena rodada en Huétor Santillán Sean Connery y Harrison Ford, en una escena rodada en Huétor Santillán

Sean Connery y Harrison Ford, en una escena rodada en Huétor Santillán / Archivo

En capítulos anteriores… Veíamos cómo el desencuentro Ayuntamiento-Alhambra en su sentido más amplio, o por ajustado decir Antonio Jara-Mateo Revilla, había tenido un principio. También tuvo un final. Si el proyecto de Los Alijares y su irrupción en la política local a través de la prensa nacional marcó el ‘kilómetro cero’ que el alcalde nunca olvidó, la retención del coche oficial del regidor en los bosques de la Alhambra por un vigilante del monumento fue el último eslabón de una cadena de tensiones y desencuentros, secuencias de un periodo que más que de convivencia podría ser dibujado como ‘conllevancia’ y, en todo caso, de espaldas los unos y los otros.

Reglamentar el régimen de visitas, una norma que por primera vez se establecía en el recinto monumental y que –entre otras cosas– prohibía fumar en palacios y jardines, fue recibido desde la ironía malintencionada a la crítica abierta por el empresariado, que veía en el documento de Revilla una forma nueva de dificultar la llegada de turistas y la multiplicación de visitantes, la gran aspiración de la hostelería granadina por explotar al máximo las capacidades de la Alhambra.

Eran tiempos en los que se demandaba el cierre de visitas al monumento en las horas del mediodía, lo que conllevaría que los turistas bajasen al centro, cuyos comercios y bares recogerían así el gasto de los visitantes. Se trataba, en todos los casos, de canalizar esfuerzos para que la llegada de turistas no se limitase a un solo día, como ocurría entonces debido a la ‘colonización’ ejercida por unos tours-operators actuando desde Málaga, donde el paquete de la visita a la Costa del Sol incluía una excursión a Granada, ida y vuelta en la jornada sin pernoctación, por tanto, en la ciudad.

Harrison Ford y su esposa Calista Flockhart, durante una visita turística a la Alhambra Harrison Ford y su esposa Calista Flockhart, durante una visita turística a la Alhambra

Harrison Ford y su esposa Calista Flockhart, durante una visita turística a la Alhambra / Álex Cámara

La crítica a Revilla tiene su elemento central en estos años en la negativa del director de la Alhambra al rodaje de escenas de la tercera entrega de Indiana Jones en escenarios del monumento granadino. “Si ha echado a Steven Spielberg…”, decían. En realidad, era una deformación exagerada, una exageración deformada, de un episodio con muchos matices que no respondía a la realidad de la crítica que se pretendía lanzar sobre Revilla.

Es cierto que Spielberg pretendía rodar en la Alhambra y no rodó en la Alhambra. Pero es más cierto que cuando el laureado cineasta solicitó permisos, los argumentos de Mateo Revilla lo convencieron: en el guión de La última cruzada, el monumento granadino no figuraba como la Alhambra, sino como una construcción exótica de palacios, jardines y murallas en un desierto ignoto. La Alhambra era un monumento universalmente conocido. En el relato cinematográfico, el espectador la reconocería como tal Alhambra y desdeñaría por irreal que la escena se desarrollase en lejanos desiertos.

A fin de cuentas, una fantasía más en una película de fantasía y aventuras, dirán quienes a toda costa hubieran querido a Harrison Ford-Indiana Jones llevando su lucha contra el mal a las torres, murallas, jardines y palacios de la Alhambra. Spielberg, sin embargo, entendió los argumentos del Patronato, no rodó en la Alhambra y sí lo hizo en Guadix y Almería.

Mateo Revilla, durante una entrevista reciente en Granada Hoy Mateo Revilla, durante una entrevista reciente en Granada Hoy

Mateo Revilla, durante una entrevista reciente en Granada Hoy / A. C.

Donde, por cierto, un periódico local –de Granada– llevó a su portada el deterioro ecológico para las gaviotas que vuelan espantadas tras el paso a la carrera de Indiana por una playa, una de las escenas más conocidas del filme. El equipo de rodaje había intentado que en un paisaje de gaviotas paradas en la arena, las aves echasen a volar al unísono cuando el protagonista emprende la carrera. Pero como no había forma de que los animalitos permaneciesen quietos hasta escuchar el clásico “silencio… cámara…acción”, se recurrió finalmente a figuritas de escayola que, gracias a una pequeña explosión en su interior, remontan vuelo al unísono.

En la misma línea, en el invierno de 1988 un fotógrafo debidamente identificado, especializado en reportajes panorámicos de ciudades de renombre, fue sometido a un ‘marcaje’ que ni Cristiano y Messi recibirían hoy cuando pretendió completar en la Alhambra uno de sus montajes. Los vigilantes no le permitieron ni siquiera combatir el hambre con unas galletas que traía del hotel y lo sacaron a empujones del recinto.

Episodios de una historia que tiene su punto final la tarde del viernes 15 de junio de 1991. Ese día era la última jornada de Antonio Jara en la Alcaldía. Alcalde en funciones hasta las 12 de la noche, puesto que al día siguiente se constituía la nueva corporación que habría de designar a Jesús Quero como nuevo regidor. A última hora de la mañana de ese viernes, Jara compareció ante los periodistas en una rueda de prensa, despedida tras más de once años presidiendo el Ayuntamiento.

Postal del Patio de los Leones de la Alhambra en los años 80 Postal del Patio de los Leones de la Alhambra en los años 80

Postal del Patio de los Leones de la Alhambra en los años 80 / Archivo

Ya por la tarde, sobre las 15:30 horas, el todavía alcalde sube en su coche oficial a una reunión del Patronato del Festival de Música y Danza a celebrar en el Parador. A medio camino de los bosques, pasado el Arco de las Granadas, la señal de un ‘segurata’ detiene el coche. Aunque se le hace ver que se trata de un vehículo oficial con una autoridad todavía oficial, el vigilante mantiene su negativa tras consultar por ‘walkie-talkie’ con un desconocido superior y aconseja al alcalde que continúa en taxi. “En taxi iré a partir de mañana”, replicó Jara, según la crónica de Ideal.

Más de media hora de retención, que terminó cuando por la zona aparecieron, seguidos, los vehículos del gobernador civil y del rector de la Universidad. Aunque ambos recibieron el plácet del ‘segurata, ambos se plantaron en solidaridad con el alcalde. Entonces, el vigilante se conmovió y autorizó el paso. Jara, en su último acto como alcalde, convocó a la prensa terminada la reunión del Festival y denunció la falta de respeto a la ciudad por el desprecio a su alcalde “en funciones de alcalde”, mientras exigía la dimisión de Revilla.

Un Revilla que permaneció en el cargo hasta 2004 y que aquella tarde, cuando apareció horas después del incidente, pidió excusas –eso sí– pero no respondió a las críticas de Jara ni de otros políticos “porque mi ética y mi sentido de la responsabilidad me lo impiden”.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios