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Valenzuela se lleva el ‘Scattergories’

  • La mañana del 15 de enero de 2001 el concejal andalucista puso en jaque durante tres horas el futuro del tripartito en la capital

Valenzuela, en su etapa como concejal. Valenzuela, en su etapa como concejal.

Valenzuela, en su etapa como concejal.

Aquellos socios de gobierno ni siquiera tuvieron que aceptar pulpo como animal de compañía, pero es cierto que la mañana del 15 de enero de 2001, cuando el ‘tripartito’ apenas había cumplido dos años de vida, el concejal andalucista Jesús Valenzuela amenazó con llevarse el ‘Scattergories’ y durante tres horas puso en jaque la coalición de gobierno municipal en la que se integraba junto al PSOE e IU durante el mandato del socialista José Moratalla (1999-2003).

Fue un momento “surrealista”, según la crónica de Amina Nasser en Ideal, de donde también tomo prestado el titular y párrafo anterior según columna de Gabriel Pozo, en la escena figurada que mejor define la enloquecida mañana que para la historia política del Ayuntamiento se desarrolla entre las 9:47 y las 13 horas, para sorpresa de todos, gobierno y oposición hasta que a Valenzuela “le han pasado un poco de jabón por la espalda”, en expresión acertada de un concejal popular de la época.

Crisis abierta y cerrada en algo más de tres horas.Todo empieza con un fax que sacude la planta noble, el ‘palomar’ (donde entonces se asentaba la oposición municipal) y las redacciones. No había páginas web entonces pero sí estaban las emisoras, cuyos espacios horarios todavía no habían sido ‘okupados’ hasta la extenuación por Madrid, y la noticia en seguida saltó a los informativos.

A trece minutos de las diez, un comunicado unipersonal de Valenzuela acusa a los socialistas –socios de gobierno– de “deslealtad”.

A juicio del edil del PA, han iniciado una campaña de “desprestigio” a su persona y a su “actuación política” con el “objetivo” de desplazarlo en sus responsabilidades en la gestión de Cultura, responsabilidad que dirige desde una ‘macroconcejalía’ que incluye también Turismo y Deportes.Valenzuela exige al alcalde Moratalla que salga a respaldarle públicamente.

De lo contrario, los socialistas –también IU– pueden dar por perdido el gobierno municipal y en consecuencia la alcaldía. Año y medio atrás, al perder el PP y Gabriel Díaz Berbel la mayoría absoluta con la que gobernaron entre 1995 y 1999, el PSOE, IU y PA jugaron sus bazas en una complicada negociación que daba la alcaldía a Moratalla y sus nueve concejales, más los cuatro de Izquierda Unida y el andalucista.

Para cerrar el acuerdo los socialistas cedieron una de sus consideradas señas de identidad, la cultura, competencia que sumaron a las de turismo y deportes, desde cuya delegación de la Junta Jesús Valenzuela se había labrado una popularidad como persona afable y cercana al frente de la representación provincial en la bonancible Consejería con la que Manuel Chaves premiaba a los andalucistas en el acuerdo de coalición del Gobierno regional.

Encabezando la candidatura del PA, Valenzuela obtuvo el acta de concejal que se le venía negando al andalucismo en el Ayuntamiento de Granada desde que veinte años atrás se firmase con nocturnidad el acuerdo en favor de la alcaldía de Sevilla. Un andalucismo político que no es lateral sino complementario en la minicrisis desatada aquella mañana de enero de 2001.

Porque un mes antes, a mediados de diciembre, el PA había celebrado congreso, en el que Valenzuela optó por la línea de Pedro Pacheco, derrotada en aquel cónclave. En torno a Valenzuela empezaron a oírse críticas dentro de su propio partido.

Había bendecido una velada de boxeo, deporte denostado por violento en tiempos en que se imponía lo políticamente correcto como norma de actuación.

El detonante, sin embargo, arranca el fin de semana anterior al lunes de la minicrisis. Dos sucesivos artículos en prensa, sábado y domingo, critican la inacción de Valenzuela en la gestión de la cultura local. Apuntan en concreto de ineficacia en La Chumbera, el Rey Chico y, sobre todo, el Auditorio Manuel de Falla. Hasta el punto de que el propio concejal –que no oculta en privado sus preferencias por las otras dos áreas de su competencia, turismo y deportes, “que es lo que me gusta”– ha bendecido un acuerdo ‘de colaboración’ por el que de facto cede a la Junta la titularidad de la instalación. En el PA huele a ‘cuerno quemado’ aquella decisión y desde la dirigencia le imponen que se centre también en cultura.

Porque, además, también el Palacio de Congresos –turismo– es objeto de la crítica: no ha reunido al consorcio en todo su año y medio largo de mandato.

Los artículos llevan la firma de Juan Mata –ex concejal del PCE entre 1979 y 1983, respetado en sus certeros juicios sobre la política local– y Antonio Cambril, ya por entonces la columna más afilada y culta del periodismo local en las páginas de Ideal. Dos opiniones neutrales.

Pero Valenzuela, que curiosamente no niega en su comunicado la ineficacia de la gestión cultural aunque pretende forzar al PSOE a asumir su “parte alícuota”, interpreta que los socialistas están detrás, rumia su reacción e inaugura la semana a las 9:47 horas del lunes reclamando a Moratalla un respaldo público que no llegó.

Porque Moratalla también tiene que ver en el disgusto que corroe al andalucista. El año 2001 ha abierto con indicios de anno horribile para el concejal del PA, hasta acaparar dos broncas del alcalde. La primera, porque las campanas del Ayuntamiento fallaron en el momento de las uvas dibujando la frustración en los granadinos concentrados en la Plaza del Carmen por Nochevieja.

La segunda, porque Valenzuela no asiste a los actos de la Toma y la habitual controversia que alientan los anti-Toma. Un ‘guiño’ andalucista a los contrarios a la conmemoración que le hará escuchar del alcalde: “Jesús, hay que ser concejal a las duras y a las maduras”.

Broncas y artículos que desembocan en el fax de las 9:47. Pero Moratalla no comparece. Tan sorprendido como el resto de concejales, como el propio partido de Valenzuela, que al parecer no ha consultado con nadie, envía a sus dos hombres fuertes: Antonio Cruz y José Antonio Aparicio. El primero ha dejado impronta de afabilidad homologable a Valenzuela; del segundo no se puede decir lo mismo y aunque ante la prensa se mantuvo tan conciliador como Cruz, existen testimonios de dureza severa durante la minicrisis y en los momentos previos a la comparecencia.

Falta poco para la una cuando Valenzuela, Cruz y Aparicio comparecen ante los periodistas. Sintomáticamente, en el Salón de Plenos. Sintomáticamente, Valenzuela ocupa el sillón del alcalde, con un edil socialista a cada lado. El andalucista se da por satisfecho con las explicaciones recibidas. No necesita que el alcalde acepte ‘pulpo como animal de compañía’ y en las tres horas transcurridas, según su criterio, ha logrado “dinamizar concejalías que estaban anquilosadas”.

En los días –incluso las horas– sucesivos saldrán a la palestra otros concejales socialistas que lo desmienten: no se han puesto a hacer nada que no estuvieran ya haciendo. Pero Valenzuela no replica. Semanas después, y enmarcado en las tensiones internas del Partido Andalucista, aparecerá por Granada uno de sus hombres fuertes, Antonio Ortega. Tratará de calmar a un Valenzuela calmado –el concejal terminó por irse con Pacheco cuando el andalucismo se dividió por enésima vez– y en su afán por contentar al edil faltó poco para reabrir la herida.

Fue una jornada “surrealista” con escenas “surrealistas”, escribió Nasser. Valenzuela abrió y cerró la crisis. El ‘tripartito’ navegó dos años y medio más y se estrelló en mayo de 2003 contra el mejor momento electoral del PP granadino.

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