José Isaías Rodríguez García-Caro | Economista "La mejor vacuna frente al Covid-19 somos nosotros mismos"

José Isaías Rodríguez posa en la sede de su empresa familiar, Valcambre, con sede en Sevilla. José Isaías Rodríguez posa en la sede de su empresa familiar, Valcambre, con sede en Sevilla.

José Isaías Rodríguez posa en la sede de su empresa familiar, Valcambre, con sede en Sevilla.

La dilatada trayectoria profesional de José Isaías Rodríguez García-Caro está ligada a Europa desde los 80, pero nunca ha perdido su vínculo con su tierra, Sevilla, de la que es un gran embajador. Inició su carrera en la CEOE como director adjunto del Departamento de Comunidades Europeas y fue vicesecretario general hasta 2013. Durante 27 años ha sido director de la Delegación de la CEOE en Bruselas. Y ha pertenecido al Comité Económico y Social europeo. Ha sido vicepresidente para Asuntos Europeos de Llorente&Cuenca. Ahora preside Valcambre, una empresa familiar de servicios turísticos, es patrono de la Fundación Adecco, miembro del Consejo Social de la Universidad de Sevilla y de la Singularity University.

-Hemos pasado días mirando hacia Bruselas y a muchos les sigue pareciendo que Europa está lejos y que es un concepto ajeno.

-Nos hemos acostumbrado a decir Bruselas propone, Bruselas quiere, Bruselas ha decidido.., como algo con lo que no tenemos nada que ver, cuando en realidad Bruselas, además de la capital de Bélgica, es la sede de las principales Instituciones de la Unión Europea a la que pertenecen actualment  27 Estados miembros, entre ellos España. Contribuimos con nuestra presencia, nuestro voto y nuestras contribuciones financieras a todas las decisiones que se adoptan allí. Bruselas somos todos los que pertenecemos a la UE.

-¿Ha faltado pedadogía para cambiar esta percepción?

-España lleva más de 34 años participando de una manera muy directa en el proceso decisorio de la Unión Europea. España ha presidido 4 veces el Consejo de la Unión Europea en este período de tiempo. Precisamente, su quinta presidencia será en 2023. Pero, al ser la integración de Europa un proceso abierto al que sólo las generaciones venideras pondrán sus límites, la pedagogía debe ser permanente para explicar lo que hace Europa por España y lo que hace España por Europa. Tengo muy claro que si tú no dices lo que haces, otros dirán lo que no haces.

-Hace unos días se ha alcanzado un acuerdo histórico en tiempos de mucha incertidumbre internacional. ¿Es un balón de oxígeno para el proyecto europeo?

-Siempre es mejor llegar a acuerdos que lo contrario, máxime cuando estos acuerdos se alcanzan en un contexto de gran volatilidad internacional, no sólo por la pandemia originada por la Covid-19, sino además por el desorden mundial provocado por las controversias entre EEUU y China reflejadas en los organismos multilaterales, que amenazan sus equilibrios internos, incluso su existencia y porqué no decirlo la seguridad mundial.

El acuerdo alcanzado por el Consejo Europeo el pasado 21 no sólo es un balón de oxígeno, sino que a mi juicio significa un avance muy importante en el camino hacia la federalización de Europa, inimaginable hace cuatro meses. Por vez primera desde que se creó la Unión Europea, la Comisión va a emitir deuda en los mercados de capitales por un importe de 750 mil millones de euros. Siendo la cifra considerable, lo significativo es que no serán los Estados miembros de la UE los que se endeuden, sino una institución europea en nombre de todos ellos. Esta mutualización de deuda europea debe permitir un impulso a la recuperación conjunta de Europa, con fondos condicionados a la realización de inversiones en los sectores digital y medioambiental, dos grandes transformaciones que tenemos los europeos por delante y, al mismo tiempo, a la puesta en marcha de reformas estructurales que fortalezcan la economía y se comprometan a la sostenibilidad de las finanzas a medio plazo. A todo esto hay que añadir el acuerdo sobre el “Marco Financiero Plurianual 2021-2027” que contará con casi 1,1 billones de euros. Sin duda alguna, es el momento de Europa.

-¿Cómo cree que va a marcar ese acuerdo la política en España?

-Con este acuerdo, España tendrá que llevar a cabo una transformación digital, verde y de mejora de su capital humano. En los próximos seis años, España deberá ser capaz de absorber 140.000 millones de euros, de los cuales 72.700 millones de euros serán transferencias y el resto serán préstamos. Dicha cifra equivale al 11% del PIB de España en 2019. España deberá presentar ante la Comisión Europea un “Programa de Reformas” en el que se recojan las inversiones a realizar para que esta evalúe si se siguen las recomendaciones sobre crecimiento, creación de empleo, transición ecológica y digital. Posteriormente, el Consejo, a propuesta de la Comisión, lo debe aprobar. Los pagos se llevarán a cabo si se cumplen satisfactoriamente las metas y objetivos establecidos. Podemos decir, sin duda alguna, que, aunque complejo, el procedimiento establecido garantiza la asignación eficiente de los recursos asignados. Será fundamental que seamos capaces de digerirlo aplicando políticas coherentes con los compromisos asumidos. Está en juego la reputación de España como país, como miembro de la UE y como socio internacional fiable.

-¿Lo que es bueno para Europa siempre es bueno para España y para Andalucía?

-En general, así ha sido en estos 34 años de pertenencia de España a la Unión Europea. Nadie puede discutir que en este tiempo en España y, en nuestro caso, Andalucía, hemos llevado a cabo profundas transformaciones que nos han hecho disfrutar del mayor período de bienestar y progreso de nuestra historia reciente. Sin lugar a dudas, desde los puntos de vista político, económico y social, añadiría cultural, ha habido un antes y un después para todos los españoles como consecuencia de nuestra pertenencia a la Unión Europea. No quiero imaginar en este mundo globalizado lo que hubiese supuesto quedarnos fuera del mayor espacio de defensa de valores y principios democráticos, de solidaridad, de libre competencia, en definitiva de progreso económico y social que representa la Unión Europea.

-La crisis del covid-19 es distinta a la crisis de 2008 y requiere por tanto de otras respuestas. ¿Cree que se está actuando desde el punto de vista político y económico correctamente?

-La crisis de 2008, originada por las hipotecas “basura” en EEUU, no tiene nada que ver con la del 2020 debida al coronavirus, ni en su nacimiento, ni en las medidas para reaccionar a ambas, ni en la urgencia para aplicarlas, especialmente en el contexto de la Unión Europea. En 2008 se originó una crisis endógena al sistema económico y de carácter asimétrico porque no afectó a todos por igual. La de la Covid-19 es exógena y, al haberse producido tras una pandemia, su alcance es planetario. En la del 2008, la UE tardó varios años en reaccionar, siempre por detrás de los acontecimientos y con un enfoque intergubernamental. Ahora, en 2020, la reacción de la UE ha sido más rápida, sólo tras cuatro meses desde su inicio, más audaz , más contundente, con un enfoque comunitario europeo, con un sistema financiero muy saneado y con un euro mas sólido. A partir de ahora, será fundamental poner en práctica las reformas acordadas.

-La gestión de la pandemia ha evidenciado varios errores, pero también ha desvelado nuevas oportunidades. ¿Cuáles cree usted que son?

-La Covid-19, ese virus aún muy oscuro para los que lo estudian y lo combaten, ha impactado en la línea de flotación de nuestras vidas a nivel global, condicionando radicalmente el libre desplazamiento de personas, algo consustancial al funcionamiento de nuestra sociedad y, por ende, de la economía. Es cierto que mientras no se encuentre si no una vacuna, si un tratamiento eficaz contra el virus citado, la sociedad deberá adaptarse a las exigencias del virus y, en ese sentido, adoptar comportamientos responsables en la línea de que la mejor vacuna somos nosotros mismos.

Este tiempo de pandemia hemos desarrollado una capacidad de adaptación que, en muchos casos, teníamos dormida y ello ha hecho realidad que los momentos de crisis lo son también de oportunidades. Esta crisis nos ha permitido la oportunidad de analizar profundamente nuestro modelo de negocio y valorar, con serenidad, cómo debemos hacerlo mejor en nuestra gestión y, sobre todo, en la comunicación con los clientes, con los organismos públicos y con nuestra presencia en redes sociales, con una gran transparencia en nuestra actuación y siempre construyendo una sólida reputación. La mejor manera de responder a la incertidumbre es generar confianza.

-Confinamiento y actividad. Parecen conceptos contrapuestos, pero no es así. ¿Cómo ha aprovechado usted este periodo?

-Tanto desde el punto de vista personal, como profesional, ha sido un periodo muy positivo para reflexionar, para ampliar conocimientos y, especialmente, para analizar en que como empresa es posible hacerlo mejor y, por consiguiente, ser mas competitivos. Concretamente, en Valcambre, nuestra empresa familiar, diseñamos un plan de actuación al que bautizamos así, “confinamiento activo”, con unos objetivos que cumplir. Aquellos que hayan pensado que confinamiento ha sido igual a vacaciones forzadas, es evidente que han perdido un tiempo precioso para introducir cambios en su comportamiento, para reestructurarse, frente a un contexto caracterizado, precisamente, por alteraciones permanentes.

-Ahora se han alzado más fuerte las voces de quienes rechazan tan alta dependencia del sector turístico. ¿Necesitamos al turismo?

-Es indiscutible que sí. Toda economía, para garantizar el bienestar de sus ciudadanos, necesita generar actividad. En este sentido, el turismo aporta directamente, tanto a Andalucía como a España, el entorno del 14% de su PIB, indirectamente, por su efecto multiplicador sobre otros sectores, es mucho más. España recibió 83 millones de visitantes en 2019, lo que le convierte en el segundo país más visitado del mundo. Datos lo suficientemente significativos como para que le prestemos al turismo la atención que merece. El turismo, no sólo es un motor económico para Andalucía, sino también para España.

Por ello, ninguna economía puede renunciar a una actividad tan importante para su funcionamiento. En un contexto de globalización, donde los países y las regiones tienden a la especialización en aquello en lo que tienen una ventaja competitiva frente a otros, es incuestionable que, en el caso de España y Andalucía, esta ventaja viene de la mano del turismo y, por tanto, seguirá siendo un sector imprescindible para el funcionamiento de nuestra economía.

Con relación al debate sobre la reducción de la dependencia en el turismo, en mi opinión siempre es bueno diversificar las fuentes de ingresos. Pero, la realidad es que eso se consigue en un largo plazo, ya que los cambios en los modelos productivos, normalmente, llevan generaciones y deben ser apoyados sobre lo que nos genera ingresos en el corto y en el medio plazo; y eso es el Turismo. En estos momentos podríamos decir que sin turismo no hay paraíso.

-¿Está siendo Andalucía y Sevilla competitivas en esa nueva normalidad? ¿Cuáles son las claves?

-La normalidad, sea nueva o sea vieja, significa ser coherente con el momento en el que tienes que vivir. La competitividad en la denominada nueva normalidad la va a marcar, principalmente, la incidencia del virus en las distintas zonas. En este sentido, creo que la labor que se está haciendo desde las instituciones andaluzas y sevillanas está siendo muy reseñable.

Por un lado, la baja incidencia, hasta ahora, del virus en nuestra región y provincia, nos coloca en una buena posición competitiva con relación a otros destinos. Sin embargo, no podemos bajar la guardia, ya que, como estamos viendo en otras partes de España, es fácil que en pocos días se complique la situación, lo que daría al traste con muchos de los enormes esfuerzos que hemos realizado (y seguimos haciendo) todos en los últimos meses. Por ello, es fundamental que desde las autoridades competentes se tomen medidas que redunden en esta baja incidencia del virus que, repito, es lo más importante para la competitividad en la nueva normalidad y, luego, que los ciudadanos las observemos responsablemente no sólo por nuestra salud, que es lo principal, si no que también por nuestra economía. 

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