Pepa Bueno | Periodista "ETA es pasado, pero las secuelas son el presente de quienes lo sufrieron"

  • La periodista pacense acaba de publicar Vidas arrebatadas, la dura historia de dos huérfanos del atentado de la casa cuartel de Zaragoza

La periodista Pepa Bueno, con su libro entre manos.

La periodista Pepa Bueno, con su libro entre manos. / Efe

Pepa Bueno (1964, Badajoz). Periodista con una diltada trayectoria que llena las ondas cada noche con su voz como directora de Hora 25 de la SER. En Vidas arrebatadas, su primera obra, pone rostro al drama de dos huérfanos de la barbarie etarra, dos víctimas del atentado de la casa cuartel de Zaragoza a quienes una bomba les destrozó la vida.

–Debuta como escritora con Vidas arrebatadas: Los Huérfanos de ETA, una historia tremenda sobre dos niños víctimas del atentado en la casa cuartel de Zaragoza. Es dolor real.

–Mucho porque no son personajes, sino dos chicos de carne y hueso con sus vidas totalmente determinadas por un atentado de hace 34 años. Perdieron a su padre, a su madre y su hermana. Se quedaron sin todo su mundo. La tragedia íntima de dos niños que crecen muy solos.

–Es una historia comparable a la de tantas familias destrozadas por ETA.

–Cuando comencé a escribir el libro pensé en cuántos José Mari y Víctor (los protagonistas de la obra) hay en España. Detrás de cada atentado quedó un drama. Quise centrarme en la historia de ellos para contar la vivencia tras un atentado, la perplejidad que provoca que se pueda matar así, truncar la vida de unos niños… Es un caso particular porque cada familia ha vivido el suyo. Cada víctima tiene derecho a su individualidad, a su historia.

–Poner rostro al dolor ayuda a entenderlo.

–Lo estamos viviendo en estos tiempos con la pandemia. Hablamos de datos de víctimas como si fuera una simple estadística. Detrás de cada cifra hay historias personales, familias que pierden seres queridos y también de supervivencia. Este libro no tiene un final feliz porque ellos siguen 34 años después afectados por una hecatombe, pero también demuestran que son unos supervivientes con ganas de vivir.

–¿Qué le han enseñado?

–Que la vida tiene mucha fuerza, te empuja a seguir adelante en cualquier circunstancia. Ahora cuando pienso en terrorismo no lo hago en la imagen visual que a veces tenemos los periodistas, sino que veo la tragedia íntima, la desgracia que es levantarse a diario con las ausencias y meterte en la cama temiendo las pesadillas.

–Desde fuera podemos pensar que el atentado se cierra cuando se entierra a la víctima. El libro habla del dolor tras el dolor.

–Es lo más importante. Siempre lo piensas, pero no tienes evidencias del alcance que tiene la onda expansiva de esa bomba, cuántos años arrastrarás sus secuelas ni cómo penetrará en todos los rincones de tu vida.

–¿Es posible cerrar esas heridas sin el arrepentimiento del verdugo?

–Las heridas no se pueden cerrar sin conocerlas. Es el primer paso. Afortunadamente ETA es pasado, la democracia venció. Pasaremos página si leemos bien la página. El arrepentimiento depende de cada uno de los terroristas. Como sociedad está en nuestra mano conocer dramas humanos como los de José Mari y Víctor antes de pasar la página. No podemos obligarlos al arrepentimiento, sí que nos podemos obligar a nosotros mismos a conocer lo que significó.

–En los últimos años hay cierta tendencia a pensar en ETA como algo lejano, de otro tiempo. ¿Corremos el riesgo de cerrar en falso la herida de ETA si frivolizamos el dolor?

–Fíjate si está presente que los protagonistas de Vidas Arrebatadas siguen en tratamiento y han pasado 34 años. ETA sí es pasado, pero sus consecuencias forman parte del presente de quienes lo sufrieron. El libro precisamente huye del sentimentalismo porque no quería frivolizar con el dolor, sino dejar a los hechos hablar por sí mismos. Muestra la exacta medida de dos niños a los que les arrebataron todo.

–Hay cierta política que tiende a frivolizarlo todo.

-No me gusta generalizar, pero sí es cierto que hay una deriva en la que los problemas internos de los políticos ocupan demasiado espacio. La política está para resolver problemas, no para crearlos. Todo vale para desgastar al contrario, para eliminar la disidencia interna, como si la propia supervivencia del político fuera la prioridad.

–¿Lo podemos aplicar al periodismo?

–Pobre periodismo. Un día es el salvador del mundo y otros el enemigo número uno. Últimamente hay demasiados políticos en España y en el mundo poniendo en la diana nuestra profesión. El periodismo bien ejercido les arruina el tuit porque los periodistas tenemos la fea costumbre de buscarles la contradicción. Nuestra relación con el poder es tensa, pero necesaria. El periodismo también debe hacer autocrítica y además debe saber diferenciar. Hay mucha comunicación muy respetable que no es periodismo. Hay que señalar lo que no lo es. Es como mejor se defiende la profesión, desterrando aquello del perro no come perro para señalar lo que es y lo que no es periodismo.

El periodismo debe desterrar el ‘perro no come perro’ para señalar lo que es periodismo y lo que no”

–El periodismo adquiere una mayor relevancia en un momento de fragilidad empresarial.

–Es nuestra desgracia. Las consecuencias económicas de la pandemia golpean un sector que vive un proceso de adaptación a una nueva realidad en la que compartimos espacios con nuevos canales. Hemos sido capaces de dar el salto digital de forma impresionante en unos meses. Vosotros habéis sido capaces de sacar todos los días un periódico en un contexto complicado y nosotros de hacer programas de radio de desde casa. Soy optimista porque la sociedad nos va a devolver nuestro papel. Saldremos de la crisis encontrando la forma de garantizar la viabilidad en el nuevo escenario para hacer nuestro trabajo.

–¿Cómo será la sociedad que nos espera?

–Siempre tengo más preguntas que respuestas. Sobrevivirá a la pandemia, recuperará la alegría.

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