Concierto de la Orquesta Sinfónica de Galicia II | Crítica

Frescura y naturalidad

  • La Orquesta Sinfónica de Galicia, bajo la dirección de Dima Slobodeniouk, cerró la integral de las sinfonías de Beethoven y lo hizo con una exultante 'Heroica' llena de fuerza y emoción

El director de orquesta Dimas Slobodeniouk durante su concierto junto a la Orquesta Sinfónica de Galicia. El director de orquesta  Dimas Slobodeniouk durante su concierto junto a la Orquesta Sinfónica de Galicia.

El director de orquesta Dimas Slobodeniouk durante su concierto junto a la Orquesta Sinfónica de Galicia. / Pepe Torres / Efe

El Festival está llegando a su fin, y aunque este año ha estado marcado por el uso de mascarillas y el distanciamiento social dentro y fuera de los recintos de concierto, es inevitable escuchar los comentarios de los asistentes y compartir impresiones con las caras conocidas. Sumando unos y otros es unánime la valoración positiva que se ha hecho de la programación de esta edición, destacando la calidad de las orquestas y artistas invitados y el acierto de haberla dedicado a Ludwig van Beethoven en el 250 aniversario de su nacimiento.

Dentro del programa se ha incluido una integral de las nueve sinfonías, aunque no interpretadas en el orden de su composición; por el contrario, se inició con la Novena Coral y ha concluido con la Tercera Heroica. Seguramente esa disposición fue más bien casual, condicionada más por las fechas y disponibilidad de las formaciones orquestales que por un ideario preconcebido; pero a modo simbólico se ha convertido en una feliz metáfora de este inusual 2020, en el que las voces unánimes de todo el planeta se han elevado en fraternidad para entonar un deseo de libertad y en el que todos los días hemos de agradecer la labor de tantos héroes cotidianos que luchan por combatir el Covid-19 y por recuperar la normalidad, aunque todavía sea condicionada.

La Orquesta Sinfónica de Galicia fue la encargada de cerrar este ciclo con dos sinfonías tempranas de Beethoven: la primera y la tercera, que aunque estén próximas en fechas de estreno reflejan dos momentos bien diferentes dentro del ideario estético del autor. Si la primera está todavía influida por el lenguaje clásico heredado de Haydn, Mozart y otros autores de finales del siglo XVIII, la tercera sinfonía de Beethoven abre las puertas a un universo mucho más expresivo y formalmente más libre, que refleja el espíritu revolucionario de su creador y anticipan en cierto modo un incipiente protorromanticismo.

El concierto se abrió con al obertura Coriolano op. 62, escrita por Beethoven para servir como introducción a la tragedia homónima de Heinrich Joseph von Collin. Se trata de una página breve de muy buena hechura, en la que se enfrenta dos unidades temáticas que tradicionalmente se han cargado de semántica: los deseos oscuros del héroe Cayo Marcio Coriolano por conquistar Roma y la bondad y dulzura del ruego de su madre y hermana para que desista. Esta dualidad emocional fue bien planteada por Dima Slobodeniouk ante su orquesta, potenciando en el primero su carácter rítmico y rotundo mientras que en la segunda unidad temática incidió en el legato de las cuerdas.

Tras este aperitivo musical se interpretó la Sinfonía núm. 1 en do mayor op. 21, de bella estructura clásica y equilibrada en sus dimensiones. Beethoven estrenó su primera sinfonía en 1800, viéndose como un homenaje a Haydn. Dima Slobodeniouk, adaptó la sonoridad a una orquesta clásica y, conocedor de la ductilidad interpretativa de su orquesta, acometió su interpretación con decisión marcando unos tempi ajustados y potenciando el fraseo. Escrita sin trompas, esta pieza sinfónica resulta muy amable al oído, aunque posee pasajes muy expresivos. Tan sólo entorpeció el disfrute de su magnífica puesta en atriles los continuos aplausos entre movimientos; en el siglo XIX era una práctica habitual aplaudir en cada parte, pero hoy en día pueden resultar perturbadores y romper la concentración necesaria para valorar la obra en su conjunto.

Sin menospreciar las dos obras anteriores, el plato fuerte de la noche fue la Sinfonía núm. 3 en mi bemol mayor Heroica op. 55, verdadero caballo de batalla para todo director, ya que es a la vez una partitura muy exigente en lo que a su interpretación se refiere y una página bien conocida por la audiencia y con un amplio catálogo discográfico desde los mismos orígenes de la fonografía. Slobodeniouk atacó con acierto el Allegro con brio inicial, dentro de una intencionalidad vívida y alegre muy adecuadas para el inicio de una sinfonía subtitulada Heroica; si bien iba a estar dedicada a Napoleón Bonaparte, las aspiraciones imperialistas del comandante francés decepcionaron a Beethoven.

El penúltimo recital del Festival de Música y Danza. El penúltimo recital del Festival de Música y Danza.

El penúltimo recital del Festival de Música y Danza. / Pepe Torres / Efe

El segundo movimiento es la célebre marcha fúnebre, un Adagio assai contenido y doliente cuya interpretación dilatada en tempo estuvo por momentos falta de resuello, ahogando el carácter contrito de su melodía principal; aún así, el trabajo de balance entre planos sonoros suavizó esta falta momentánea de energía. Slobodeniouk retomó el brío en el Scherzo, con un incisivo ostinato en las cuerdas graves que sirve como arranque a todo el ritmo motor del movimiento. Magnífica la sección de vientos en el trío central, en la realización de los motivos secundarios o bien reforzando a las cuerdas agudas en los momentos en los que Beethoven juega con el diálogo tímbrico.

Como final de la velada todo el auditorio vibró con el enérgico Allegro molto que cierra esta sinfonía, verdadera declaración de intenciones en lo que a expresividad y trabajo motívico se refiere en la producción beethoveniana a partir de este momento. Dima Slobodeniouk fue construyendo el tema principal del movimiento en un crescendo emocional bien llevado, concluyendo con un aire triunfal y optimista muy apropiados para esta Sinfonía Heroica de Beethoven.

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