Cañavate con B y un pasillo colapsado

Una falta de ortografía se deslizó en la lista de procesados colocada en la puerta de la sala elegida para la vista, frente a la que se agolparon periodistas y público con un mismo objetivo: coger sitio para no perder puntada

Y. H. / Granada

21 de abril 2010 - 09:31

"¡Mira! Han puesto Cañavate con B". En el listado de los acusados del caso Nevada que colgaba de la puerta de la sala de vistas había una falta de ortografía en el primer apellido del que fuera concejal de Urbanismo de Armilla, Gabriel Cañavate. Era la primera anécdota de una larga mañana en la que tuvo que efectuarse un cambio de espacio para la celebración del juicio: la vista, inicialmente prevista en una sala de la tercera planta del edificio de la Caleta, se mudó a la sala de juicios de la primera planta (algo más espaciosa) a fin de acoger a todas las personas que esperaban fuera, en un corredor que se volvió intransitable.

Allí, en escasos metros cuadrados se confundían con el resto de asistentes los acusados por la construcción de uno de los centros comerciales más grandes del país.

En el estrecho pasillo los periodistas calculaban si habría o no sitio para todos: "Somos trece redactores, así que por lo menos necesitamos dos bancas y de las próximas al estrado, que luego no se oye nada", dijo uno. Los informadores se iban situando conforme podían lo más cerca posible de la entrada de la sala (coger notas de pie es algo cansado y bastante incómodo).

Mientras, los abogados, ataviados con sus sobrias togas y distribuidos en corrillos con sus clientes, aguardaban a ser llamados. Había también un grupo de ciudadanos que vestían con cierto orgullo un camiseta blanca con una intrigante leyenda estampada: "César: he aquí tu guardia pretoriana".

"Perdone, ¿quién es el "César"?, preguntó con curiosidad uno de los plumillas. El hombre evitó revelar por cuál de los acusados se habían puesto semejante prenda, contestando -de broma, claro- que eran "una despedida de soltero".

Desde la hora a la que estaba previsto el inicio del juicio -las nueve de la mañana- hasta que comenzaron a entrar en la sala los abogados, transcurrieron más de 30 minutos, durante los que Tomás Olivo ofreció a sus compañeros caramelos, según apuntó uno de los periodistas que presenció el gesto. Por lo visto eran pictolines, de esos que refrescan la boca y aclaran la voz.

Los primeros en entrar fueron los abogados, que tardaron en colocarse adecuadamente en sus posiciones. En total, sumaban catorce (algunas partes van con dos letrados y algún letrado representa a más de un acusado). Después de unos diez minutos, el agente comenzó a llamar a los procesados. El agente judicial se dirigió a continuación al resto de personas y les dijo que debían esperar en el pasillo hasta nuevas indicaciones: "Ahora tengo que recibir órdenes de su señoría para la audiencia pública y entonces podrán entrar... Si se puede...", advirtió consciente de que no iba a caber todo el mundo.

Dentro de la sala, una vez estaban todos en sus correspondientes lugares, llamaba la atención una enorme pantalla de televisión situada en medio de la habitación, probablemente colocada para las videoconferencias de los juicios. Por su central ubicación, el tremendo monitor parecía actuar de barrera entre el magistrado y los acusados.

Hacía mucho calor y un letrado pidió al juez de Penal 3 que se actuase en consecuencia: "Señoría, ¡el aire!". El ambiente estaba un poco cargado y al propio magistrado se le pudo observar abanicándose con algunos folios al inicio de la vista. Tras las cuestiones previas llegaron los interrogatorios. Cañavate y Morales Cara iban a ser los primeros en declarar. Por fin daba comienzo el juicio del Nevada.

Durante el interrogatorio el acusado debe permanecer de pie frente al estrado y Cañavate se quejó al final de una hernia. Morales Cara tuvo que estar varios minutos de más levantado porque los abogados de dos de las acusaciones se retrasaron en uno de los dos recesos que el juzgador acordó.

En las últimas bancas estaba sentado Antonio Ayllón, vicepresidente del PP, formación que denunció el asunto ante la Fiscalía y parte acusadora en el procedimiento. No se vio por allí a ningún dirigente actual del PSOE.

Por cierto: los periodistas lograron sitio en la segunda y tercera fila y no hubieran podido coger notas de pie, pues la gente que no pudo sentarse tuvo que abandonar la sala. Una última curiosidad: los archivadores con los miles de folios del caso del centro comercial Nevada se encontraban en la sala amontonados en un carrito de un hipermercado. Cosas de la vida.

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