Pasado con presente incluido

Francisco Manuel Díaz, el hijo de la panadera

  • Es el decano de los guitarreros, ya que lleva 65 años fabricando guitarras

  • Como guitarrista ha acompañado a gran cantidad de cantaores flamencos, entre ellosEnrique Morente y Juan Pinilla

  • Es uno de los fundadores de la Peña de la Platería

Francisco Manuel Díaz, en su taller, durante la entrevista. Francisco Manuel Díaz, en su taller, durante la entrevista.

Francisco Manuel Díaz, en su taller, durante la entrevista. / G. H.

Es Francisco Manuel Díaz Fernández un caso claro de vocación temprana, precoz y convenientemente asumida, una vocación que le llegó cuando tenía trece años y que no ha sabido desprenderse de ella. La guitarra es su vida, bien cuando la hace o bien cuando la toca. En ella ha encontrado una justificación para ser feliz y gracias a ella ha pasado por momentos muy agradables en su existencia. Francisco Manuel tiene su estudio lleno de fotos que le traen recuerdos y en la trastienda de su memoria lleva el secreto embrionario del flamenco. Se ve en las fotos al decano de los guitarreros –65 años de fabricante de guitarras lo contemplan– con Paco de Lucía, con Camarón, con Paco Moyano, con Juan el Habichuela, con Enrique Morente… Si quiere un recuerdo no tiene más que mirar a la pared o sacar unos de sus muchos sus ficheros llenos de fotografías. Ahora apenas construye guitarras, en esa tarea le han relevado sus hijos Víctor y Francis. Pero sí sigue tocando con aquellos cantaores que lo reclaman. "Si me preguntas si me considera más guitarrero que guitarrista, te diré que si hay que pasar a la historia del flamenco de Granada, yo quiero hacerlo como guitarrero, esa ha sido mi principal ocupación".

Con su hijo Víctor en el taller. Con su hijo Víctor en el taller.

Con su hijo Víctor en el taller.

Tiene Francisco Manuel la sonrisa franca y permanente, el pelo negro y abundante y unas cejas pobladas que resguardan unos ojos que se le encharcan a menudo y que parecen haberse recrudecido en las asperezas de la noche. Francisco Manuel pertenece a esa raza de personas que no permiten que pasen los años por ellas porque jamás de los jamases su porte le hace representar los 77 años que cumplirá el próximo 25 de diciembre. Pero es que además su memoria –aparte de las fechas, con las que se hace un lío– le permite conservar en su magín cientos de anécdotas que suelta a conveniencia como integrante por mérito propio de ese arte donde han cristalizado músicas legendarias recompuestas por persas, árabes y hebreos. Oyó tocar a los mejores guitarristas y adaptó sus técnicas. De tanto tocar la guitarra y de acompañar a cantaores, conoce muchas claves secretas de un arte popular tan maltratado como el flamenco, conoce sus vías de desarrollo a través de tantas gargantas y castas de cantaores que ha tenido a su vera. Y como caballero que guarda el Santo Sepulcro, él se afana para que el flamenco no pierda su esencia y se convierta en un puro reclamo de la moda.

En su taller

Cuando llamo a Francisco Manuel para quedar lo primero que hago es preguntarle como está. "Bastante peor de lo que yo esperaba", me suelta con su peculiar ironía. Pero no, no está peor. Se trata una frase que tiene aprendida y que denota su sentido del humor. Quedamos en su estudio taller de la Cuesta Gomérez y allí me lo encuentro con una guitarra en la mano, tal y como se ve en la fotografía de esta entrevista. El local era una habitación que él abrió a la calle para convertirla en taller. Allí ha pasado gran parte de su vida y allí ha encerrado la esencia de lo que es y lo que ha sido. Cuando me siento a su lado, me cuenta su vida.

Con Paco de Lucía, Manuel Liñán y Calixto Sánchez. Con Paco de Lucía, Manuel Liñán y Calixto Sánchez.

Con Paco de Lucía, Manuel Liñán y Calixto Sánchez.

Francisco Manuel vivió de lleno la época cenicienta de la posguerra, aquellos años en los que estaba prohibida la ostentación en escaparates de artículos alimenticios en "proporciones tales que constituyan un alarde de abundancia", decía el bando. En los restaurantes no se podía servir más de un huevo por persona ni ofrecer mantequilla fuera del desayuno. Tampoco se podía en los establecimientos hoteleros servir más pan que el que correspondía por el racionamiento establecido. La madre de Francisco Manuel tenía que tapar tres bocas y se puso a vender pan de estraperlo por las calles. "Al menos pan no faltaba en mi casa", dice Francisco Manuel con cierto sarcasmo cuando recuerda su infancia, una infancia que compartía con un amigo inseparable: Enrique Morente.

–Mi padre se había ido de la casa y mi madre se tuvo que poner a trabajar. Primero lo hizo de cocinera y luego vendía pan. La madre de Enrique Morente, Encarna, también hacía lo mismo. Ellas se conocían y eran amigas. Yo recuerdo muchas tardes jugando con Enrique en las Plaza de las Pasiegas. Luego estuvimos un tiempo sin vernos porque lo eligieron para cantar con los seises de la catedral y después se fue a Madrid cuando tenía 14 o 15 años. Cuando regresó a Granada reanudamos nuestra amistad. Yo a los trece años empecé a trabajar con Eduardo Ferrer, un gran guitarrero. Entré allí por recomendación de Yudes, el pintor, que era vecino de Eduardo y que me conocía. El guitarrero le dijo un día al pintor que estaba buscando un muchacho que supiera manipular la madera para trabajar en su taller y éste le contestó que tenía la persona adecuada. Y es que Yudes sabía que yo, además de ayudarle a mi madre a vender pan, trabajaba de 'esqueletero'. ¿No sabes lo que es eso? Pues es el que hacía los esqueletos de madera para los sofás y los tresillos. Recuerdo que una tarde Yudes me preguntó: Niño, ¿tú quieres ser guitarrero? Yo no sabía bien de qué se trataba, pero dije: Bueno. Y así fue mi entrada en este oficio. Así que de 'esqueletero' pasé a guitarrero.

Con Ramiro de Algeciras, Juan Habicuela y Camarón al fondo. Con Ramiro de Algeciras, Juan Habicuela y Camarón al fondo.

Con Ramiro de Algeciras, Juan Habicuela y Camarón al fondo.

Con Eduardo Ferrer estuvo tres años. Me cuenta que se despidió de su maestro, el que le había enseñado el arte de la construcción de guitarras, de buenas maneras y que éste no se opuso a su marcha cuando le dijo que se iba porque Manuel Bellido, el hombre que lo contrató después, le pagaba más. Con Manuel Bellido terminó su formación y años después se independizó para fundar su propio taller. El primero que tuvo fue en Santa Isabel la Real, el segundo en San José Alta y el tercero ya en la Cuesta Gomérez. De manera paralela, aprendía a tocar el instrumento que fabricaba.

–Yo les preguntaba mucho a los tocaores que venían al taller. A Pepe Amaya, a Pataperro, a Miguel El Santo… Hasta que me decían que era un niño muy pesao con tanta pregunta. Por entonces ellos trabajan en la Venta Zoraida y en El Álamo y yo me quedaba extasiado viendo cómo tocaban. Con el paso de los años aprendí también a tocar. Fue así, como además de guitarrero, me hice guitarrista.

Larga lista

El flamenco comenzaba por entonces a salir del escenario infame en donde se le había instalado, un escenario solo montado para complacer a señoritos y crápulas de la noche. Francisco Manuel Díaz se casa con Rosario Sánchez y poco después comienza a trabajar en la Cueva de la Faraona formando parte del elenco artístico que allí se crea. Allí toca para Cobitos, Juanillo 'El Gitano', Pepe Albayzín, Antonio Cuevas 'El Piki', Curro Andrés o Chanquete, entre otros muchos. Cuando se le pregunta a Francisco Manuel para qué cantaores ha tocado, emite una sonrisa de autosuficiencia con la que quiere expresar que la respuesta puede ser una lista de nombres tan larga que puede pasar por aburrida: Fosforito, Fernanda de Utrera, Chano Lobato, Enrique Morente, Eva 'La Yerbabuena', Manuel Liñán, José de la Tomasa, Cobitos, Manuel Ávila…

Ha actuado en Rusia, Italia, Francia Suiza, Alemania... hasta en Corea del Norte

Y con ellos y con algunos más, ha viajado por Francia, Alemania, Suiza, Bélgica, Rusia, Italia y … ¡hasta Corea del Norte! Francisco Manuel recuerda con la nostalgia que dan los buenos momentos cuando fue a Polonia a participar en Europalia, ese festival internacional de arte que se celebra cada dos años para celebrar el patrimonio cultural de un país. Fue con Chano Lobato, su comadre Mariquilla, Naranjito, Carmen Linares y Juan Habichuela, entre otros. De aquella etapa recuerda una anécdota al menos graciosa.

–Como salíamos muy tarde de trabajar y estaban todos los restaurantes cerrados, para cenar compramos unas latas en un supermercado que dijo Naranjito que eran de pollo porque su mujer compraba unas parecidas. Cuando llegamos al hotel, en una de las habitaciones dejamos al tito Chano que abriera una lata y cuando lo hizo, metió el tenedor en un intento de encontrar un trozo de carne. No encontró ningún trozo de carne porque no había. ¡Las latas eran de grasa para cocinar! Aquella noche nos quedamos sin cenar. Jajajajaja.

Con Pepe Heredia, Paco Moyano y Emilio Herrero. Con Pepe Heredia, Paco Moyano y Emilio Herrero.

Con Pepe Heredia, Paco Moyano y Emilio Herrero.

También recuerda la época en la que Pepe Guardia, diputado provincial y muy aficionado al flamenco, promovió una gira por los pueblos de Granada con espectáculos en los que participaba, además de él, Paco Moyano, Chanquete y Rafael Habichuela.

–Aquella gira fue magnífica. Actuamos en 59 pueblos de la provincia de Granada. Teníamos la sensación de ser los herederos de La Barraca de García Lorca. En los pueblos nos recibían muy bien porque le llevábamos el flamenco puro: las soléas, las seguirillas… lo que era muy apreciado allá donde íbamos. Aquello fue una iniciativa estupenda.

En la biografía de Francisco Manuel siempre habrá un apartado para la Peña de la Platería. Me cuenta que él fue uno de los fundadores en la segunda etapa, cuando él y un grupo de aficionados revitalizaron aquel proyecto que había creado Manuel Salamanca. Me cuenta que fue director artístico de la Peña, por donde han pasado todos los grandes del flamenco. Y que tiene el carnet con el número cuatro y que continúa vinculado a ella. Ha sido jurado de prestigiosos concursos de guitarra y cante flamenco, y ha expuesto su trabajo guitarrístico en la Bienal de Sevilla. Una de las facetas más curiosas de Francisco Manuel Díaz, es la de 'padrino', de esta forma ha bautizado con los nombres artísticos a Eva 'La Yerbabuena' y Manuel Liñán, entre otros. Por todo ello se considera un entendido en este arte y defiende la pureza del mismo.

"Hoy el flamenco pasa por una etapa un tanto caótica. Me duele que se desvirtúe tanto"

–Hoy el flamenco pasa por una etapa un tanto caótica. Hay una tensión entre puristas y no puristas. Yo creo que se ha transgredido mucho y está un poco deslavazado. Ahora hay flamenco pop, flamenco jazz… Yo no estoy anquilosado y creo en la evolución de la música, pero creo que en este cante ya hay mucha heterodoxia y poca ortodoxia. A mí me duele mucho que se desvirtúe tanto. Antes había unos cánones y todos los seguíamos, pero ahora llenamos el flamenco con otros tonos que para mí son poco recomendables.

Afinar guitarras

La misma sonrisa que emite cuando se le pregunta a qué cantaores ha acompañado con su guitarra, la muestra cuando se le pregunta qué artistas han tocado guitarras que él ha construido. Me dice que muchos de los tocaores que hoy se oyen han tocado alguna de sus guitarras. Y que Juan Habichuela nunca le compró una, a pesar de la amistad que tenía con él, por dos o tres malentendidos de los que el tiempo ha convertido en anécdota.

Acompañando a Juan Pinilla. Acompañando a Juan Pinilla.

Acompañando a Juan Pinilla.

–Lo que si te puede decir que una cosa muy importante es la afinación de una guitarra y las que nosotros hacemos procuramos que estén afinadas de manera limpia. Saber afinar una guitarra. Y muchos guitarristas esa facultad no la controlan. Yo creo conocer la fórmula magistral y son muchos los guitarristas que antes de salir a tocar me han pedido que les afine la guitarra.

Ahora su tiempo Francisco Manuel lo emplea en oír flamenco, acumular recuerdos y tocar con Juan Pinilla cuando éste lo reclama. De Juan dice que es el continuador de los grandes del flamenco y que su cante gusta mucho. Le pregunto si está orgulloso de alguna guitarra que haya construido y me dice que es la que tiene entre sus manos, la que utiliza para sus conciertos.

–Mírala, está construida al estilo clásico. Escucha como suena –me dice rasgando sus cuerdas– ¿Sabes la definición del guitarrista?

–No.

–Es un señor que se tira media vida afinando la guitarra y la otra media desafinándola.

Al despedirnos y antes de salir de su local, entran dos jóvenes a preguntar si vende guitarras para iniciados: "No, eso aquí no. Aquí se hacen guitarras para profesionales. De 600 euros para arriba", dice con esa pizca de orgullo que le han prestado la sabiduría y los años.

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