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Covid-19 en Granada

Héroes del coronavirus en Granada: autobuses en la ciudad fantasma

  • Dos conductores de Transportes Rober cuentan cómo está siendo su trabajo durante el periodo de confinamiento

Dos autobuses urbanos de Granada, en primer plano el ‘4’, línea básica para los hospitales, circulan por Puerta Real Dos autobuses urbanos de Granada, en primer plano el ‘4’, línea básica para los hospitales, circulan por Puerta Real

Dos autobuses urbanos de Granada, en primer plano el ‘4’, línea básica para los hospitales, circulan por Puerta Real / Antonio L. Juárez (Photographerssports)

No se puede salir a la calle, no se puede ir a trabajar con normalidad. No hay clases y las administraciones tampoco están abiertas para hacer papeleos. Pero los autobuses siguen andando, siguen funcionando como un servicio público más necesario que nunca, para dar respuesta quienes no tienen más remedio que moverse. O peor, ir a un hospital. Pese a la reducción de horarios y frecuencias, e incluso de líneas en funcionamiento, los de la Rober siguen dando el callo.

Lo hacen de forma, eso sí, más extraña, evitando lo máximo posible el contacto humano de un trabajo que exige estar cerca de los usuarios. Las medidas de distanciamiento también se imponen en los colectivos, que marchan casi vacíos, dando vueltas como si estuvieran haciendo pruebas de neumáticos experimentales, como las que se hacen en la Michelin de Almería. Vueltas, vuelta, y nadie dentro. Ayer, en la parada de Puerta Real, en una hora punta como las dos de la tarde, en apenas se contaban diez personas entre dos autobuses, uno de ellos un '4', el gigantón que recorre la capital de punta a punta y, esencialmente, de hospital en hospital.

Miguel Ángel Camarero ha estado conduciendo uno de estos titanes de ciudad durante estos días de cuarentena. Ahora le toca llevar el '4', aún pintado con los colores de la vieja LAC dos años después de perder esa condición, nada del rojo Rober, pero hasta hace apenas una semana llevaba el mítico '33', desde la Estación de Autobuses hasta Los Pinillos de Cenes. Una vecina del pueblo, al subirse un día, le vio sin guantes porque se le habían roto "de tanto ponérmelos y quitármelos", y le regaló los dos pares que se había llevado de casa. Una muestra de solidaridad entre la soledad: "Antes apenas que tardaras tres minutos más en llegar a la parada ya tenías a mogollón de gente, y ahora pueden pasar diez minutos y no llevar a nadie. Esto parece otro planeta".

"Llevé en nueve horas lo que suelo en media un día normal", comenta Miguel Ángel Camarero

Camarero se sabe de memoria a cuánta gente ha transportado por Granada estos días, "algo testimonial" en sus palabras: 63 viajeros en nueve horas, "de las siete menos veinte que empecé en Los Pinillos, hasta las tres y media de la tarde que me retiré". Por comparar, el mes pasado este conductor de la Rober transportó la misma cantidad de gente en sólo media hora.

En esa misma sensación, incluso peor, se debate José Antonio Sobrino, que hasta hace poco conducía el autobús de la línea a Dúdar y Quéntar, que ya de por sí está poco concurrida. "Te desesperas porque no ves un alma, no llevas a nadie, no te atreves a salir de la cabina... Te sobra tiempo por todos lados. La semana pasada llevé a 12 el miércoles, el jueves 10, el sábado 7 y el domingo 6". En total 35, pasajeros en cuatro días y ocho horas de turno, que no de trayectos: "Tienes una hora entre viaje y viaje. En condiciones normales te sales a dar una vuelta, pero al no haber nadie, allí te quedas sentado en el autobús, con el móvil o un libro para no darle vueltas al 'coco'".

Control rutinario de la Policía Local dentro de un autobús de la Rober Control rutinario de la Policía Local dentro de un autobús de la Rober

Control rutinario de la Policía Local dentro de un autobús de la Rober / Jesús Jiménez (Photographerssports)

Ambos chóferes coinciden en que los pasajeros están siendo escrupulosos a la hora de cumplir las normas de distanciamiento y de relación. Camarero cuenta que quien quiera pagar con efectivo no puede, pero que le lleva hasta una parada donde haya máquina para que lo haga. Sobrino no puede contar al completo la historia de cuando le paró la Guardia Civil antes del cruce a Quéntar y pidieron los 'papeles' a las cuatro mujeres que trasladaba. "Una iba al trabajo, otra al hospital, y las dos del fondo no me enteré, pero no multaron a ninguna", cuenta.

Todo ello con sus guantes, sus geles y sus mascarillas, que a veces se quitan por "agobia" o "empaña las gafas". También sus vehículos están mejor protegidos. El comité de empresa obligó a que todos los autobuses urbanos llevaran mampara, y a los que no tenían, como los microbuses, se las han puesto.

"No soy un héroe. Cumplo con mi trabajo que llevo haciendo 30 años, llevando a gente de Granada desde 1991. Los héroes son los que se la juegan en primera línea, llegan a casa y no pueden ver a su familia", se sincera Miguel Ángel Camarero, que sufre por los autónomos que se van a llevar "un golpe" como el de la crisis de 2008 "ahora que asomaban la cabeza". Tampoco es un héroe José Antonio Sobrino, que padece más por sus hijos, un repartidor a domicilio "que está todo el santo día en la calle" y un técnico de fincas que tiene que estar de cara al público "por si se rompe una cañería".

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