Pasado con presente incluido

José Luis Valverde: El primer adicto a Europa

  • Catedrático de Historia de la Farmacia, estuvo doce años como diputado en el Parlamento Europeo

  • Fue uno de los líderes de la guerra contra el tabaco en el continente

  • Durante su etapa de secretario de Extensión Universitaria Granada vivió una intensa vida cultural

José Luis Valverde tiene una sonrisa metafísica, de esas que conquistan voluntades y ablandan repudios. Pero no es una sonrisa forzada, ni mucho menos, es ese tipo de sonrisa que va consustancial a una persona y de las que jamás se desprenden de su portador natural.

¡Sepa Dios las veces que José Luis Valverde haya ganado a la gente con su sonrisa! Igual que con su mirada limpia y traslúcida, con esos ojos verdes esmeralda y esos parpados caídos que tiran a la resignación del tiempo.

Su voz tiene una fonética muy particular, donde las ‘eses’ silban dentro del entramado de su discurso, un discurso siempre minucioso y entusiasta. Tiene el verbo fácil y habla de corrido, sin sombras de titubeos, aunque a veces se para para recordar un nombre, jamás una situación.

Es un adicto a Europa y al igual que un gemólogo te puede hablar de las propiedades de una piedra preciosa o el charcutero de cualquier producto que tenga en su mostrador, él habla de nuestro continente como si fuera el patio de su casa o algo que conoce desde que comenzó a leer.

Este catedrático de Farmacia, y decano de esa Facultad, estuvo doce años como parlamentario europeo y te puede hablar durante horas de lo que significa Europa.

Para él, lejos del Brexit y los nacionalismos exacerbados, es algo más que un continente; es un proyecto, un ideal, un sueño, una filosofía de vida y un entramado a la vez, inacabado y mejorable, pero que, con todo, constituye el más importante hito de nuestra historia reciente.

Es autor de varios libros, entre ellos Europa, Pensamiento y Acción. 1945-2012, del que mismo presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, dijo que constituye una reflexión indispensable en un momento clave de la historia de la integración europea.

José Luis Valverde habla del nacionalismo como una enfermedad y de la integración europea como tratamiento y cura del mismo.

Cuando yo vine a Granada, entre los periodistas había cierto recelo de encontrarnos con él porque podíamos recibir sobre la marcha una disertación de una hora sobre Europa. Recuerdo siempre que un día, allá por comienzo de los ochenta, entré al despacho de Melchor Saiz-Pardo, a decirle que había visto a su amigo José Luis Valverde y me había dado recuerdos para él. Me preguntó:

–¿Has estado con José Luis Valverde?–Sí. –¿Te habrá hablado de Europa?–No. Hemos hablado de otras cosas, pero no de Europa. –Qué raro. Estará malo. Luego lo llamo a ver si le pasa algo.

Personas que le influyeron

El encuentro es en la cafetería del Hotel Center, sentados en sofás mullidos y procurando que el café no se enfríe con tanta charla. Está con nosotros la esposa de José Luis, Pilar, con la que nuestro protagonista se casó en 1968. Estaban los estudiantes de París buscando la arena de la playa debajo de los adoquines y José Luis se estaba casando en Granada con la que había sido una compañera de estudios. Pero bueno, es comprensible porque por entonces casi nadie se enteraba de lo que estaba pasando en Francia.

Por cierto, un país muy querido por José Luis y por Pilar porque allí han pasado muchos veranos, en una casa de campo a la que iban frecuentemente, siempre que el ocio lo permitía. “Ya hemos vendido aquella casa. Hay que asumir la edad y para nosotros era fatigoso ir hasta allí. Los viajes ya nos extenúan”, dice el profesor, con la mirada aprobatoria de su esposa.

José Luis Valverde nació en Guadix en 1940 pero él no llegó a tener conciencia de que existía hasta cuatro o cinco años más tarde, cuando pasaba aquellos veranos en casa de sus abuelos de Gor, disfrutando de sus correrías infantiles en un pueblo en el que nunca pasaba nada.

Cuando llegó la hora del aprendizaje, su padre lo metió en la Academia Isidoriana, hasta el quinto curso de Bachillerato que lo hizo interno en el Colegio San Estanislao de Málaga. Vuelve a Granada para estudiar Preu en el Padre Suárez, donde tuvo una etapa muy fructífera para su espíritu.

–En el Padre Suárez conocí a personas que influyeron mucho en mi vida. Me acuerdo del padre Casares y de José Martín Recuerda, el dramaturgo, que nos daba clase de literatura. Martín Recuerda hizo que me aficionara tanto a la literatura en general y al teatro en particular, que cuando años después fui nombrado secretario de Extensión Universitaria, fundamos un Gabinete de Teatro. Por aquí vinieron un montón de grupos y de gente del teatro como Francisco Nieva, El Joglars, el crítico y ensayista José Monleón, José Estruch... Personas muy altruistas que venían a Granada sin cobrar y que nos les importaba. Nosotros solo le teníamos que facilitarle el alojamiento en algún colegio mayor o en la propia Universidad. Hoy día sería improbable montar aquellos ciclos teatrales de aquella manera. Pero había mucha ilusión y ganas. Por entonces había en Granada una vida cultura muy intensa. Recuerdo que creamos el Seminario de Estudios Flamencos, por el que pasaron todos lo mejores cantaores del momento. ¿Te acuerdas de Camelamos Naquerar de Pepe Heredia Maya? Pues esa obra la arropamos nosotros. Teníamos también una sección dedicada a publicar a los poetas jóvenes y otra a los creadores de Granada por la que pasaron Ladrón de Guevara, Rafael Guillén, Cayetano Aníbal, Antonio Moscoso... Las actividades se celebraban en el Palacio de la Madraza, que había sido recientemente reconstruido. Yo quería que los estudiantes conocieran a los creadores de esta ciudad y organizamos un ciclo precioso. Yo tenía la habilidad de rodearme de personas que conocían el paño y eran ellas las que, de alguna forma, me ayudaban a la organización de actividades. Aquellos cuatro años, desde 1973 a 1977, fueron los más intensos de mi vida. Fíjate, dos años antes de la muerte de Franco y otros dos después, cuando yo considero que se hizo la auténtica Transición.

Amor por Europa

Pero antes de todo eso, José Luis Valverde tuvo que pasar como estudiante por la Facultad de Farmacia. A él le tiraba la cultura y el ámbito del Derecho. Estando en ello conoció a otra de las personas que también marcaría de alguna forma su destino: Manuel Díez de Velasco, catedrático de Derecho Internacional Público y Privado y magistrado del Tribunal Constitucional.

–Díez de Velasco organizó un Seminario de Estudios Europeos, de donde salió el llamado Centro Universitario Europeísta. Y ahí me metí. Fue entonces cuando me enamoré de Europa y me hice un activista europeísta. Ese centro lo apoyaba sin reservas Luis Sánchez Agesta, el rector que modernizó las ciencias sociológicas y al que le gustaban estas ideas de abrir puertas al conocimiento. Pero cuando Sánchez Agesta dejó el rectorado, el siguiente rector no quiso saber nada del Centro Universitario Europeísta, nos cortó el presupuesto. ¿Qué hicimos nosotros? Pues autogestionarnos y seguir organizando actividades ya fuera del ámbito universitario. En ese proyecto estaban nuestros amigos Melchor Sáiz-Pardo y Pepe Morenodávila, Joaquín Fernández Fígares y Arsacio Peña, que aunque era un catedrático de Medicina le atraía la idea de Europa... Sánchez Agesta se fue a Madrid, pero le encantaba venir a Granada a darnos conferencia. Fue una época bonita. Fíjate que nos dieron una hora en la emisora sindical para hacer un programa de radio. Se llamaba Aquí Europa y tratábamos de difundir lo beneficioso que podía ser una Europa Unida. ¡Ah! Y los guiones los teníamos que llevar antes al Gobierno Civil a que nos pusieran el sello. ¡Había que pasar la censura! Jajajajaja.

José Luis fue inoculado entonces por una pócima que lo haría un acérrimo defensor de una Europa cohesionada. Conoció nada más y nada menos que a Alexander Marc, el líder del Movimiento Federalista Europeo y fundador de la revista La Europa en formación, de la que José Luis era un acérrimo lector.

Viajó a Niza, a Limoges, a Poitiers... Allá a donde hubiera reuniones y actividades con grupos que defendían sus ideales. Durante esa etapa, José Luis sería el encargado de organizar el I Congreso de la Juventud Europea, que se celebró en Granada en 1964 y al que vinieron representantes de doce universidades europeas. Y todo esto en un ambiente político un tanto adverso ya que España había intentado entrar en la Unión Europea en 1962, pero le habían dicho que hasta que aquí no hubiera un régimen democrático, no era posible.

Pero no solo de Europa se alimentaba el alma de José Luis Valverde. Durante su etapa de estudiante llegó a dirigir la revista Actualidad Universitaria, en la que colaboraban todos aquellos alumnos con inquietudes periodísticas.

–Tuve colaboradores estupendos. Me acuerdo de Enrique González Duro, que luego llevó a cabo la reforma psiquiátrica en España. Escribía también Juan Carlos Rodríguez, que tanto tuvo que ver luego en el panorama literario y poético de Granada; el psiquiatra José María López Sánchez, que nos hacía la crítica teatral... En fin, un buen puñado de personas entusiastas.

Cuando termina la carrera de Farmacia, José Luis tiene que dedicarse a preparar su tesis doctoral. Conoce a José María Suñé Arbussá, un catedrático de Historia de la Farmacia y Legislación Farmacéutica que le influirá también en su decisión de tomar un camino u otro. Suñé le ayudará a elaborar sus tesis sobre la Historia de los Servicios Farmacéuticos del Hospital de los Reyes de Granada.

–Curiosamente todos los documentos que necesitaba estaba en el Archivo de la Diputación. Allí había un archivero que se llamaba Manuel Vallecillos, que me orientó sobre la forma de leer los legajos. Fueron cuatro o cinco años los que empleé. Me gustó aquella investigación, lo que pasa es que era realmente fatigoso leer documentos de hace cuatro o cinco siglos. En 1972 consigo la cátedra de Historia de la Farmacia y un año después es cuando me nombran secretario de Extensión Universitaria. Yo siempre he estado ligado a la Universidad, de una manera u otra. Cuando fui presidente de la Asociación de Catedráticos creamos una plataforma la redactar los estatutos de la Universidad, unos estatutos que al final fueron revolucionarios y en los que participaron en su redacción los penenes, tan combativos y reivindicativos.

José Luis Valverde fue decano de la Facultad de Farmacia entre 1977 y 1981.

Entrada en la política

Fue la puesta en marcha del Estatuto de Andalucía y la pretensión de Manuel Clavero de fundar un partido andaluz, lo que hizo que José Luis Valverde se metiera en política.

–Nos pidieron a Andrés Ollero y a mí que nos ocupáramos en Granada de Unidad Andaluza, al partido que había creado Manuel Clavero. También estaba con nosotros Gerardo Moreu, el presidente del Colegio de Médicos. Éramos un grupo muy entusiasta y con ilusión y llegamos a tener 2.700 afiliados en un año y medio de funcionamiento. Yo llegué a ser presidente del partido. Pero aquel fue un proyecto más de ilusión que otra cosa. Los empresarios no nos apoyaron y el partido se disolvió en 1985. Creo que no se ha valorado bien aquel movimiento autonómico primero nuestro y después del Partido Andalucista, personas todas que estaban convencidas de que había que trabajar por nuestra comunidad autónoma.

Pero fue Gabriel Díaz Berbel el que se lo atrajo para la causa de Alianza Popular en unos años en los que Manuel Fraga dijo que había que reclutar a catedráticos para el partido. Enseguida le designan algunas delegaciones, hasta que llegan las elecciones al Parlamento Europeo de 1987 y Fraga tiene claro que el candidato en Granada sería ese profesor que tanto sabe sobre Europa.

–Yo era un advenedizo en el partido, había personas que se lo merecían antes que yo, pero Fraga confió en mí. En el Parlamento Europeo estuve doce años, desde 1987 a 1999. La verdad es que fue una etapa brillante en mi vida. Trabajé, aprendí y disfruté mucho. Estuve dedicado al cien por cien a la idea de construir Europa. Durante doce años y de lunes a viernes me he dedicado a hablar de Europa, a pensar como europeo. He formado parte de muchas comisiones parlamentarias de Asuntos Constitucionales y de Medio Ambiente, de Salud Pública y Consumo. Recibíamos muchas presiones, por ejemplo, las de las tabacaleras cuando decidimos hacer la guerra contra el tabaco que yo lideré porque era le presidente de la comisión.

Ahora ya todo es pasado. José Luis Valverde dedica su tiempo de jubilado de todo (hace poco ha dejado la dirección de una revista institucional de Derecho Farmacéutico) a digitalizar sus archivos: miles de folios y escritos en los que ha basado sus actuaciones e intervenciones en todos los foros en los que ha intervenido. Piensa que actualmente Europa está perdiendo las raíces y el espíritu de continuar con la construcción europea. A ver qué nos depara el futuro.

Con José Luis uno puede estar horas hablando. Por supuesto el café se le ha enfriado y, cerrada la libreta, comenzamos a recordad tiempos pasados. Mientras tanto Pilar nos mira con ojos divertidos al ver a dos viejos amigos contándose sus ‘batallitas’.

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