Muere Melchor Sáiz-Pardo Un periodista

  • “No te pases con mi necrológica, Andresillo”, me habría dicho.

Melchor Saiz Pardo, rodeado de libros Melchor Saiz Pardo, rodeado de libros

Melchor Saiz Pardo, rodeado de libros / juan ortiz

El rumbo de nuestra vida depende de una conjunción imprecisable y en gran medida imperceptible de azares. Y azaroso suele ser también nuestro encuentro con determinadas persona que consiguen formar parte de nuestra vida, pues mucha fortaleza puede haber en los vínculos que establecemos con algunas de ellas. Una de las personas que ha formado parte de mi vida ha sido Melchor Sáiz-Pardo, desde aquel día en el que me presenté a un concurso periodístico y él era uno de los miembros del jurado. Al poco tiempo me llamó para trabajar en Ideal cuando él era el director y quería renovar la plantilla con periodistas jóvenes para contrarrestar la competencia que suponía la aparición de un nuevo periódico en Granada.

¿Qué puedo decir ahora que se ha muerto? Pues eso: que en una redacción que olía a plomo y a tabaco, fue el maestro que ninguna universidad pudo darme. Los que pasamos por aquella redacción de la calle San Jerónimo primero y de la del Polígono Asegra después, vimos en un despacho lo que era la tolerancia, la mesura, la honradez y ese lema que nunca debía abandonar a uno que se dedique a esto: «La verdad, aunque duela».

Hace solo unas semanas que salió en este periódico la entrevista que le hice en la serie sobre vidas que tanto han tenido que ver con Granada. Más que una entrevista fue un encuentro entre viejos amigos y durante nuestra charla me confesó que había estado muy jodido pero que ahora se encontraba mejor, con ganas de vivir.

En ese texto que salió publicado recordaba que Melchor, además de ser director de Ideal durante más de 32 años, fue Defensor del Ciudadano y profesor de Periodismo en los Cursos de Verano de la Universidad. Y en 1998 recibió la máxima distinción que la Junta de Andalucía establece para los ciudadanos andaluces que se han destacado en su profesión y en la defensa de los valores de nuestra comunidad autónoma. Posteriormente le fue otorgada la Medalla de Oro de la Ciudad. También se estrenó como escritor con el libro 'Granada en el corazón'.

Su espíritu liberal le hizo tener muchos problemas con la censura. Tuvo que capear muchas veces las ineludibles presiones que sufría por parte de las instituciones a la hora de dar una noticia, pero ante todo tenía claro que algo que importante que había pasado tenían que saberlo los lectores de su periódico. Por ese motivo tuvo, como digo, muchos problemas, incluso una vez estuvo a punto de ser sometido a un consejo de guerra por una información sobre unas manifestaciones del Día de Andalucía.

Unos días después de nuestro encuentro estuvo en esa tertulia que algunos periodistas veteranos tenemos en el Chikito todos los jueves. Allí se presentó él y con la voz tenazmente reconstruida por los estragos de una reciente enfermedad, nos estuvo hablando de lo que había sido su vida y de lo que ahora era. Estuvimos hablando, riendo y recordando viejas batallitas de no menos viejos periodistas. Y llegamos a la conclusión de que uno de los placeres que puede depararnos la vida es brindar con amigos por un pasado que merece ser recordado.

Hay un cuento de Lord Dunsany en que los personajes dicen a modo de despedida: “Hasta que el recuerdo vuelva al corazón del hombre”. De Melchor Sáiz-Pardo hay que recordar que era una buena persona y un buen periodista. Y punto. “No te pases con mi necrológica, Andresillo”, me habría dicho.

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