Sebastián Pérez promete un cambio "tranquilo, sereno y sin sectarismos"

El primer presidente del PP en la institución anuncia una política de austeridad que incluirá reducir cargos de confianza · Advierte de que será "muy exigente" a la hora de reivindicar a las demás administraciones

Sebastián Pérez promete un cambio "tranquilo, sereno y sin sectarismos"
Guillermo Ortega

Granada, 14 de julio 2011 - 17:31

Eran exactamente las 12:43 del mediodía cuando José María Guadalupe, que presidió la Mesa de Edad, terminó el escrutinio de los votos, comprobó que el candidato del PP, Sebastián Pérez, tenía 14, por 11 del representante del PSOE, José Entrena, y dos de Asunción Pérez Cotarelo, de IU. Y entonces lo hizo oficial: Sebastián Pérez quedaba proclamado presidente de la Diputación Provincial de Granada.

Será un tópico, pero hay que referirse al de ayer como un día histórico para el PP de Granada, que alcanza por ver primera el gobierno de la institución supramunicipal. Tiene por delante cuatro años y enfrente una situación económica complicada. Pero el flamante presidente, consciente de todo eso, dijo que afronta el reto.

En su discurso de investidura, Sebastián Pérez prometió un cambio "tranquilo y abierto, sereno y mirando al futuro, sin dogmatismos ni sectarismos", porque lo fundamental, sentenció, es no decepcionar a todos aquellos que han pedido "con contundencia" el cambio de rumbo que se propone dar.

El día era el adecuado para prometer sosiego, paz institucional, un mandato en el que se huya "del conflicto institucional" y se dé paso "a una estrecha colaboración entre administraciones". Y añadió algo más para remachar que hablaba en serio, no de cara a la galería: "Se equivocan quienes anuncian que habrá hostilidad institucional".

Entre los principales problemas de la provincia, mencionó las "carencias primarias en infraestructuras", el "estancamiento" del tejido productivo y la "ausencia" de servicios sociales básicos, cuestiones todas ellas que hay que corregir "para que Granada deje de ser la provincia más pobre de España".

Y eso también incluye, obviamente, mejorar en materia de empleo. En eso aseguró que volcaría toda su atención: en reducir el número de parados, en ayudar "a las decenas de familias que, desesperadas por su situación, miran al futuro como un horizonte incierto", o a los "miles de profesionales y empresarios que han tenido que renunciar a su sueño".

Para ello, advirtió, será necesaria la colaboración de las demás administraciones, a las que dijo tender la mano pero a quienes también advirtió de que será "muy exigente con cuantas reivindicaciones se planteen en beneficio de Granada".

Apeló a la iniciativa privada "frente a la escasez de recursos públicos" y aseguró que se podrán hacer "más cosas con menos recursos" gracias a una política de eficiencia que va a pasar, "porque es un compromiso firme y personal y porque así me lo han reclamado los ciudadanos", por la reducción de costes "innecesarios" y por "agilizar la administración". En ese sentido, anunció que en las próximas semanas aplicará una "importante reducción" de los cargos de confianza en la Diputación. No los especificó, pero sí aseguró que la medida había que adoptarla "en aras de la austeridad".

También anunció que es el mejor momento para "normalizar" las relaciones institucionales con el Ayuntamiento de Granada, "que es mi pueblo", para así recuperar la "tradicional e histórica concurrencia de mutuos intereses en favor de la ciudadanía". Tácitamente estaba aludiendo a la posibilidad de que la capital se reintegre en el Patronato Provincial de Turismo o en el Consorcio de Bomberos.

Por último, reclamó que la provincia "recupere protagonismo" en la gestión de la Alhambra y Sierra Nevada. Probablemente un guiño: la Diputación está en sus órganos de gobierno, pero dependen de la Junta. Y allí estaba Javier Arenas.

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