Lo que enseña el registro geológico de las inundaciones en Huétor Tájar

La sucesión de borrascas desde el mes de enero ha dejado un reguero de desalojos, inundaciones y daños materiales a lo largo de la provincia

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Vecinos achican el pasado viernes 6 de febrero agua en Huétor Tájar tras el paso de Leonardo. / Miguel Ángel Molina / Efe

15 de febrero 2026 - 04:59

Las imágenes de Huétor Tájar anegada han sido, probablemente, de las más significativas que ha dejado el paso de las sucesivas borrascas en Granada. El pueblo, muy vinculado a su entorno, ha visto una vez más cómo el agua se hacía dueña del paisaje. Y no es la primera vez que ocurre. La catedrática del Departamento de Geodinámica de la Universidad de Granada e investigadora del Instituto Universitario de Investigación del Agua de la UGR, María Luisa Calvache, explica que el municipio está junto al río Genil y que en esa zona cuenta con un caudal "importante" ya que a las aguas del Genil se les suman las del del río Cacín. Por otro lado, gran parte de la vega agrícola de Huétor Tájar ocupa terrenos que corresponden a un ensanchamiento de la llanura de inundación natural del río Genil; es decir, una zona con evidencias de frecuente inundación a lo largo de los últimos miles de años.

"Siguiendo el curso del río Genil, aguas abajo de Huétor Tájar, se encuentra una formación de travertino que además es un monumento natural, los Infiernos de Loja, en el que el río Genil ha ido excavando a lo largo del tiempo geológico un cañón. Ese cañón lo que hace es estrechar de forma brusca el cauce del río Genil, frenando el flujo de agua, de modo que en situaciones de crecida se produce un embalsamiento e inundación de la llanura aledaña al cauce", señala Calvache.

"El registro geológico pone de manifiesto que no es la primera vez ni será la última que se producan inundaciones en esta zona", asevera la investigadora.

Otro lugar clave para explicar los daños que ha producido la sucesión de borrascas es la zona de Fuente Vaqueros y Valderrubio en la Vega granadina. En ese sector precisamente, apostilla Calvache, es donde el nivel freático del acuífero se encuentra más superficial. "En cuanto el nivel freático asciende un poco, el agua aflora a la superficie". Además, en este punto se produce la confluencia de los ríos Genil y Cubillas, y este último recoge el agua desembalsada del pantano del mismo nombre. "El origen de la inundación", prosigue la científica, “es por un lado la subida de nivel del acuífero y por otro el brusco incremento del caudal el río”.

La geología también ayuda a comprender la situación que se ha dado en otro punto de la provincia de Granada, la zona de Dúdar y Quéntar. Aquí el río Aguas Blancas discurre por materiales impermeables, puntualiza Calvache. "Circula por limos y arcillas". Eso hace que el agua no se infiltre. "El Genil en la zona alta de la Vega es lo que se llama un río perdedor, es decir, que al transcurrir por materiales permeables, pierde parte de su caudal por infiltración al suelo. Esto produce una amortiguación del caudal natural del río". Ese fenómeno no ocurre si el río discurre por material impermeable, como es el caso de la zona de Dúdar.

La antropización del entorno también es una clave para entender las imágenes que se han visto en estas semanas. "El problema específico de la destrucción de puentes en esa zona", en Dúdar, puede deberse, reflexiona la geóloga, "bien a falta de mantenimiento del cauce" ya que si no se limpia de forma periódica el puente se puede obstruir, o bien a que "no se ha diseñado adecuadamente". Para la construcción de infraestructuras se tiene en cuenta el periodo de retorno o intervalo de recurrencia con el que ocurre el fenómeno natural, como es el caso de las inundaciones. "Crecidas como esta se han dado en otros momentos como ocurrió por ejemplo en 1963", añade Calvache.

Ya en el entorno andaluz, Grazalema ha sido el epicentro de este diluvio invernal. ¿Sería posible una situación similar en Granada? Para la investigadora de la Universidad de Granada no. "Grazalema es una sierra caliza intensamente karstificada, con una red de galerías subterráneas . Este tipo de rocas tiene una capacidad de infiltración muy elevada". La capacidad de infiltración depende de una propiedad, que es la permeabilidad. "La reacción ante la precipitación no es la misma si tenemos un material kárstico, que si este es detrítico, como es el caso de la Vega de Granada, donde la capacidad de infiltración es mucho menor".

"Lo que ha pasado en Grazalema es un proceso natural. En los acuíferos kársticos existen manantiales que producen el drenaje natural" de esas bolsas de agua subterránea. "Son como el grifo por donde sale el agua". Si el nivel freático de esos acuíferos sube de manera muy rápida, se pueden activar manantiales que, habitualmente, no manan agua. "Son manantiales que se denominan trop plein, demasiado lleno". El problema surge cuando hay poblaciones justo en esos puntos. A esto se une el régimen de lluvias excepcional de Grazalema. "Algo así no es previsible que ocurra en Granada", concluye la investigadora.

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