Granada

Gómez Moreno Martínez, el hijo de Gómez Moreno

  • Celebramos el centenario de la muerte de Gómez Moreno, padre, pero también es bueno conocer la ingente obra de su hijo

  • El Catálogo Monumental de Ávila, Salamanca, Zamora y León es un gran ejemplo de investigación

Granada ha tenido verdaderos malos ejemplos de gestores que han destrozado buena parte de nuestro rico patrimonio histórico, artístico y monumental. Esto es sabido, viene de siglos. Invasión francesa, exclaustración, desamortizaciones, quema de iglesias, ayuntamientos insensibles, propietarios especuladores, etc. Hay una Granada desaparecida y otra destrozada; otra demolida y otra adulterada.

Basta para ello acudir a los mapas cartográficos antiguos o leerse la Breve reseña de los monumentos y obras de arte que ha perdido Granada en lo que va de siglo, escrito por Gómez Moreno padre en 1884; o sentir las quejas de Lafuente Alcántara, Ángel Ganivet, el cronista Valladar o Torres Balbás. Queda aún otra Granada hermosa porque quien tuvo, retuvo. Y quedan también hoy ciudadanos que están por Granada, defensores de lo nuestro a pesar de los pesares.

Todo estudioso debiera calibrar su obra para orgullo de la buena investigación científica

Entre los defensores del patrimonio nacional estuvo el insigne granadino, catedrático de Historia del Arte y director de la Real Academia de Bellas Artes, Juan Facundo Riaño (1829-1901), el London de la tertulia granadina La Cuerda por sus frecuentes viajes a Londres, impulsor del Catálogo Monumental de España, magna obra en la que colaboraron prestigiosos investigadores, entre ellos Manuel Gómez-Moreno Martínez (1870-1970).  

Fue Riaño el que encargó al hijo de Gómez Moreno nada menos que el catálogo histórico y artístico de la provincia de Ávila, al que se añadieron luego los de Salamanca, Zamora y León, provincias que tanta riqueza histórico-artística poseen.

Primero el de Ávila porque se acordó hacer el Catálogo Monumental por el orden alfabético de las provincias castellanas; una obra ingente que nuestro paisano que recoge con detalle y escrita a mano, con magnífica letra (aunque parece que le ayudó una monja de nombre Sacramento), detallando pueblo a pueblo, con esquemas de plantas y alzados, fotografías, dibujos y transcripciones epigráficas; hasta los signos de marcas de los canteros grabados en los bloques de piedra.

Impresionante catálogo de los monumentos de los pueblos abulenses en tres volúmenes, ordenados por orden alfabético, desde El Barco a Villatoro. Incorpora al final un apéndice con documentos sacados de los archivos catedralicios y de las abadías, copiados de puño y letra, respetando la grafía de la época. Añade índices analítico, geográfico, terminológico, onomástico (artistas, profesiones, etc.) e índice de personajes notables. Algo realmente impresionante que todo estudioso debiera calibrar para orgullo de la buena investigación científica, ejemplo de futuros doctores y honra de los granadinos sensibilizados con nuestro patrimonio cultural. Manuel Gómez-Moreno Martínez debe ser conocido en Granada como uno de nuestros más dignos hijos predilectos.

Gómez-Moreno Martínez debe ser conocido como uno de nuestros más dignos hijos predilectos

Sin embargo no escapó a las envidias. ¡Ay, la envidia! Algunos miembros de la Real Academia de San Fernando pusieron obstáculos a la designación de nuestro paisano para la elaboración del catálogo de Ávila.

Fueron precisamente el académico almeriense Rada y Delgado y el arqueólogo madrileño Rodrigo Amador de los Ríos los que no vieron con buenos ojos su nombramiento por considerarlo poco cualificado. Gómez-Moreno demostró con creces su preparación, cosechada desde niño a la sombra de su padre.

Celebra Granada el centenario de la muerte de Gómez Moreno, padre, ocurrida en 1918, con una exposición en los locales de Caja Granada Fundación hasta el 21 de abril; ya dimos noticia en Granada Hoy. Pero sería bueno aprovechar el viaje para que se conociera también la ingente obra de su hijo Manuel porque aquí no cabe. Plumas más afinadas que la mía debieran sacarla a relucir cualquier día.

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