Érase una vez
Agustín Martínez
Nos deja un caballero
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Son los otros indignados. Unos 2.250 usuarios de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Granada se vieron ayer lunes con la puerta cerrada a cal y canto de un espacio que, según los datos facilitados por la propia Facultad, es utilizada por 45.000 personas al mes. Hasta el pasado viernes, primer día completo de encierro de un grupo de estudiantes en la Biblioteca, se prestaban diariamente en este espacio 200 ejemplares, además de servir como zona de trabajo para toda la comunidad universitaria y depósito de 80.601 volúmenes y 351 títulos de publicaciones periódicas que, a causa de la protesta, no pueden consultarse. Ayer lunes el encierro -o secuestro u okupación, como también lo denominan algunos de los afectados- continuaba sin que hubiera visos de una solución cercana. "Parece que va para largo", confesaba uno de los guardias de seguridad. Algunos de los afectados ya han presentado quejas en el registro de la Facultad. Otros han firmado un escrito en el que "mostramos nuestro malestar y repulsa ante el encierro" y manifiestan que "queremos denunciar que están vulnerando nuestros derechos al no dejarnos acceder a las instalaciones" de la Biblioteca. El mismo escrito insta a tomar "las medidas oportunas para que esto se solucione lo antes posible".
A las diez de la mañana de ayer un grupo de un centenar de estudiantes mostró su apoyo a los encerrados con una concentración en el acceso a la Facultad. Se les pudo ver con bolsas de comida, mochilas y botellas de agua. Algunos de los encerrados dejó la clausura para estar en la movilización. Uno de ellos, que declinó dar su nombre, aseguró que "no tenemos planteado salir" y que la negociación con el equipo de gobierno de la Universidad de Granada estaba "suspendida". El mismo portavoz culpó a la Universidad de "difamar" y poner "trabas" a la solución, algo que, afirmó "no ayuda" y provoca que se "alargue esto". Sobre los motivos, se remitió a los comunicados difundidos a través de las redes sociales. "Tenemos las reivindicaciones bien colgadas".
Durante el pasado fin de semana se produjeron dos intensas reuniones entre el equipo de la rectora, Pilar Aranda, y los estudiantes encerrados que han resultado ser infructuosas. Ayer este diálogo estuvo cortado y se espera que se reanude para buscar una solución al conflicto. Los encerrados plantean que a UGR debe abordar sus propuestas y rechazaron causar daños en el centro. "La Biblioteca está perfecta".
Sin embargo, el pasado domingo sí reconocieron que hubo daños materiales en uno de los accesos desde el exterior. Además, la retahíla de incumplimientos de la normativa de la UGR es larga -comer y beber en la Biblioteca, acampar, hacer uso de las salidas de emergencia...- y les podría suponer la apertura de expediente disciplinario para los alumnos universitarios que estén participando en el encierro. Para los no universitarios la UGR puede plantear la posibilidad de una denuncia. La valoración de los daños, la posibilidad de expedientes y la evaluación de los fondos bibliográficos -una de las principales preocupaciones de la Universidad- sólo podrán hacerse una vez que concluya en encierro. Mientras, a los cientos de alumnos, profesores e investigadores que se han encontrado con la Biblioteca cerrada sólo les queda esperar.
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