Nos deja un caballero

02 de enero 2026 - 03:04

Hay noticias que no caben en una frase ni en un titular. Noticias que se clavan en el pecho y dejan a la ciudad suspendida en un silencio extraño, incrédulo, como si Granada entera contuviera la respiración buscando una explicación imposible. La prematura e inesperada muerte de Juan Ramón Ferreira ha dejado a esta tierra sin uno de sus mejores servidores públicos y, mucho más doloroso aún, sin una de esas personas buenas que dignifican la vida en común simplemente con estar en ella.

Porque Ferreira no era solo un concejal. Era, probablemente, el político más querido y respetado de la Granada reciente. Y lo era por algo tan sencillo y tan raro como el que nadie tenía una mala palabra que decir de él. Bonhomía, elegancia, serenidad, sentido común… Palabras que en otros quedan grandes y en él parecían pequeñas. Siempre supo estar, escuchar, tender puentes, apagar incendios sin hacer ruido. Siempre supo que el adversario político no era un enemigo, sino otro modo de querer a la misma ciudad.

Fue, por encima de siglas y coyunturas, un granadino al que le dolía Granada. Y la puso por delante de todo: por delante de los intereses personales, por delante incluso de los de su propio partido. Lo demostró una y otra vez, pero quizá nunca con tanto entusiasmo como en su último gran empeño: la candidatura de Granada a Capital Cultural Europea. Hablaba de ella con una ilusión limpia, casi juvenil, convencido de que era una oportunidad para reconciliar a la ciudad consigo misma, para proyectarla hacia el futuro sin renunciar a su memoria.

Hoy ese proyecto sigue en pie, pero le falta su voz, su mirada prudente, su mano templada. Y duele imaginarlo así, interrumpido por una ausencia tan injusta.

Con su muerte, su familia y sus amigos pierden a un ser humano extraordinario, cercano, discreto, siempre atento a los demás. Y la ciudad pierde algo que no se improvisa: un referente y un servidor público de los que honran las instituciones porque no se sirven de ellas, sino que las hacen mejores habitándolas con decencia.

La política y la vida pública quedan hoy un poco más huérfanas. Granada también. El año 2026 no podía empezar peor para esta ciudad que, de pronto, se ve obligada a despedir a alguien que debería haber seguido caminando mucho tiempo a nuestro lado. Queda su legado silencioso, su forma de estar en el mundo, su ejemplo. Pero hoy –y durante mucho tiempo– lo que queda, sobre todo, es un inmenso vacío. ¡Gracias por tanto Juan Ramón!

stats