Nuria Jiménez, directora de la CHG: "Gracias a las presas de la cuenca hemos almacenado 2.700 hectómetros cúbicos que habrían sido devastadores"

La ingeniera granadina que custodia la cuenca del Guadalquivir explica el papel clave de la tecnología en la vigilancia de las presas y la nueva situación para la provincia con peor situación de sequía de Andalucía

Leonardo desborda Granada: 167 incidencias, ríos en niveles históricos y 234 desalojados

La directora técnica de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, Nuria Jiménez. / G. H.

Natural de Granada, licendiada en la UGR y galardonada como Ingeniero del Año en 2021, Nuria Jiménez Gutiérrez es la directora técnica de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG). Tras 20 años de carrera vinculada al agua, gestiona hoy uno de los episodios más complejos de la última década tras el paso de las borrascas que han sacado a la provincia de la emergencia por sequía pero han puesto en jaque las presas de toda Andalucía.

Pregunta.—Conoce bien el terreno que pisa. Tras 20 años en la Confederación y nueve al frente de la Dirección Técnica, le ha tocado gestionar un episodio meteorológico que muchos ya califican de histórico. ¿Cómo se vive desde el centro de mando el paso de una borrasca como Leonardo, que ha puesto en jaque la capacidad de respuesta de nuestras infraestructuras?

Respuesta.—Ha sido un episodio de una intensidad y, sobre todo, de una persistencia excepcional. De la Dirección Técnica depende el SAIH (Sistema Automático de Información Hidrológica), donde recibimos los avisos meteorológico de la AEMET hemos hecho un gran esfuerzo. Cuando estos avisos son de nivel naranja, activamos guardias de 24 horas con turnos de dos personas de forma ininterrumpida. En este caso, comenzamos el 23 de enero y prácticamente no hemos parado hasta la semana pasada. La clave ha sido la comunicación y la coordinación con Protección Civil. Hemos emitido 217 boletines de avisos hidrológicos; para que se haga una idea, hay meses en los que no mandamos ni uno solo. La situación en los puntos de control cambiaba muy rápido y aglutinábamos los cambios en boletines cada media hora.

P.—Ha mencionado que el riesgo no era solo cuánta agua caía, sino la saturación del suelo. ¿Cómo altera este factor la gestión de una presa en pleno temporal?

R.—La borrasca Leonardo, del 1 al 6 de febrero, fue muy intensa. La persistencia hizo que lloviera prácticamente todas las horas del día en toda Andalucía. Eso satura el suelo de inmediato, genera muchísima escorrentía y los caudales de los ríos se incrementan de forma mucho más rápida porque el terreno ya no absorbe nada. Tres días antes de que llegara la borrasca, ya adoptamos medidas preventivas en los embalses. Coordinamos reuniones con los 15 ingenieros de explotación de la cuenca para realizar desembalses preventivos. El objetivo era aumentar el resguardo (o hacer "hueco") en las presas para tener capacidad de reserva ante lo que venía.

P.—Resulta paradójico para el ciudadano pensar que en una situación de alerta roja, cuando más llueve, sea cuando deciden cerrar las presas en lugar de desembalsar.

R.—Exactamente. Siempre que la situación lo permite, la gestión consiste en cerrar la presa durante los momentos más críticos de la avenida para no sumar más agua al caudal que ya está cayendo aguas abajo de forma natural. Cuando hay un descanso en las precipitaciones, abrimos para recuperar esa capacidad de resguardo que hemos perdido. Si la presa llega al 100%, ya alivia de forma natural, pero nuestro trabajo es gestionar ese resguardo para disminuir y retrasar el caudal punta de la avenida.

P.—Se ha debatido mucho estos días sobre el mantenimiento de infraestructuras que superan el medio siglo. Como especialista en presas, ¿hemos corrido algún riesgo real de colapso o rotura en la cuenca?

R.—No, para nada. No existe el riesgo cero en ninguna infraestructura, pero nuestras presas están bien atendidas con mantenimiento continuo. En este episodio, todos los órganos de desagüe —desagües de fondo y compuertas de aliviadero— han estado operativos al 100%. Es cierto que las presas deben adaptarse a los nuevos estándares de diseño, que ahora incluyen variables como el cambio climático, pero eso no significa riesgo de colapso. Y no es menos cierto que requieren actuaciones de mejora de mayor o menor entidad según el caso. En los últimos años hemos redactado las normas de explotación, planes de emergencia y revisiones de seguridad que nos dan las herramientas adecuadas para gestionar de forma eficiente y conocer los condicionantes en cada caso.España es puntera a nivel mundial en la normativa de seguridad de presasa.

P.—Granada tiene una orografía compleja. ¿Es cierto que nuestra provincia es la que más sufre la pérdida de capacidad de los embalses por el arrastre de tierras?

R.—Las provincias de Jaén, Córdoba y Granada son las que tienen la tasa más alta de erosión. En concreto, la margen izquierda del Guadalquivir, donde se encuentra la cuenca del Genil en Granada, por su geología es más erosionable que la derecha. Si a eso le sumamos una orografía con mucha pendiente y la agricultura intensiva,en concreto el olivar cuando no se aplican buenas prácticas agrarias como la eliminación de la cobertura vegetal o el la laboreo en pendientey en ciertas prácticas agrarias,el arrastre de sedimentos es enorme. La cuenca es de por sí una de las de mayor tasa de erosionabilidad de Europa.Estamos viendo que el aterramiento de los embalses aumenta progresivamente conforme se ha ido incrementan estas superficies de cultivo.

P.—Granada venía de una sequía asfixiante y de repente llegaban imágenes de Quéntar o Cubillas al límite. ¿Cómo han sido esas maniobras en el sistema granadino?

R.—Era la provincia que peor estaba antes de este episodio; seguíamos en niveles de emergencia por sequía en varios sistemas y estas lluvias han cambiado la situación. Por ejemplo, en la presa de Quéntar hacía años que no se habían abierto las compuertas del aliviadero porque no se habían alcanzado estos niveles de agua tan altos en el embalse. Aunque hacemos maniobras para su mantenimiento se hacen en vacío, cuando tienes la carga de agua siempre surgen dudas. Teníamos incluso localizado un camión grúa por si fallaba algún mecanismo, pero no hizo falta; las compuertas respondieron perfectamente. Canales, por su parte, no ha llegado al 100%, pero sí han aliviado Cubillas, el Portillo en el Castril y en estos últimos días Colomera se ha llenado.

P.—Menciona Colomera, una presa que parecía condenada al olvido con apenas un 15% de reservas hace poco.

R.—Colomera y Bermejales han sido las que más han tardado en reaccionar. A pesar de estar en la cuenca alta del Genil, su evolución ha sido más lenta, pero ya están en niveles de explotación óptimos. Para los regantes del sistema Colomera-Cubillas (Albolote, Pinos Puente, Deifontes...), que llevaban casi desde 2019 en una situación de emergencia crítica, este episodio ha cambiado radicalmente su panorama para la próxima campaña.

P.—Con el Negratín recuperado, el trasvase al Almanzora vuelve a estar sobre la mesa. ¿Qué se les dice a los regantes del norte de Granada que miran con recelo el envío de agua a Almería?

R.—El trasvase tiene condiciones técnicas muy estrictas. Debe haber más del 30% de reserva en el Sistema de Regulación General y un volumen mínimo en el propio Negratín. Ahora que se cumplen ambas, se autorizará en breve. Es importante recordar que este trasvase se vinculó a la construcción de dos grandes presas en Córdoba, la Breña II y el Arenoso, que dan una garantía extra a toda la cuenca. El agua para los regantes propios del Guadalquivir está asegurada antes de transferir nada gracias a esas condiciones que recoge la ley del trasvase.

P.—Siempre ha defendido la gestión plurianual. Con las presas granadinas y andaluzas en este estado, ¿cuántas campañas de riego hay garantizadas?

R.—Nuestras presas tienen mucha más capacidad que las de zona más húmedas como las del norte de España precisamente porque deben almacenar agua en periodos húmedos para atender demandas durante varios años secos. Con los embalses a más del 80%, y asumiendo que los próximos años tengan una precipitación media, podemos afrontar unas tres campañas normales o con muy pocas restricciones. Es la gran ventaja de nuestro sistema de regulación hiperanual.

P.—Para terminar: ¿podemos dormir tranquilos tras este febrero tan convulso?

R.—A corto plazo no hay previsiones de más lluvias inmediatas que obliguen a nuevos desembalses de gran calado. El mensaje debe ser de tranquilidad y de puesta en valor de nuestras infraestructuras. Gracias a las presas, en este episodio hemos almacenado más de 2.700 hectómetros cúbicos en toda la cuenca además del volumen que han desembalsado y alivio disminuyendo los caudales punta de entrada.Si esas presas no hubieran existido, esa agua habría pasado por los cauces de forma incontrolada, y los daños que habríamos visto en las poblaciones habrían sido sencillamente devastadores en muchos casos”.

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