El viejo Arco de las Pesas reclama la dignidad que se merece
ADN Granada
La puerta zirí soporta con cierta resignación ser dormitorio de mendigos, paraíso de grafiteros y a veces improvisado estercolero
La plaza de Santa Ana y el Pilar del Toro, un matrimonio de conveniencias
Hace muchísimo tiempo –casi diez siglos– vivía un mercader que tenía su negocio en la plaza más importante del Albaicín, hoy Plaza Larga. El mercader, que era un tramposo de tomo y lomo, se hizo rico sisando a todos los compradores, pues tenía unas pesas para las balanzas que estaban trucadas. La unidad comercial más importante en aquella época era el ratl, una pesa que hoy equivaldría a 500 gramos. Las de este tendero estaban limadas y huecas y permitían que el comprador se llevara menos mercancía que la que en realidad había pagado. Así hasta que lo pillaron. Un día se pasó por allí el muhtasib, que era una especie de inspector de consumo o policía de mercado, y comprobó la fullería del mercachifle, que fue castigado a estar atado durante un mes a un poste en la plaza y solo a pan y agua. En cuanto a las pesas trucadas, se pusieron en el llamado Arco de los Panaderos, que era una de las puertas de la muralla zirí por donde se entraba al bullicio que originaba el mercado. Todas aquellas pesas falsas y fraudulentas que se les confiscaban a los comerciantes eran expuestas en la citada entrada con el propósito de que estos recordaran lo que les pasaría en caso de hacer trampa en sus mediciones. De ahí que desde ese momento la gente empezara a llamar al lugar el Arco de las Pesas. Aún se pueden ver en su fachada algunas de estas piezas. La mayoría de los investigadores dan por hecho que fueron los ziríes los que lo construyeron, aunque hay quien dice que lo hicieron los almorávides, porque la construcción está más en su línea de construir arcos con recodos para evitar la entrada de la caballería. Sea unos u otros, el caso es que este es un símbolo de Granada, algo que ha perdurado, a pesar de la degradación que sufre, y que está metido en el ADN de la ciudad.
Según la versión más consensuada por los historiadores, el arco fue construido en el siglo XI para comunicar el barrio de la alcazaba Qadima, que estaba en el arrabal, con el Albaicín, que es donde estaba todo el comercio y las instituciones encargadas de dirimir el devenir burocrático de la ciudad vieja.
Cerrada al público
Como curiosidad, después de ser conquistada Granada por los Reyes Católicos, durante la época morisca, la puerta fue cerrada porque los musulmanes creían que tenía mal fario y que todo aquel que pasara por allí le acaecería una desgracia. También creían que por aquella puerta entrarían los conquistadores de la ciudad y sería causa de la pérdida del reino. Y luego está la leyenda, que decía que por las noches había fantasmas o espíritus de los comerciantes castigados que hacían tintinear las pesas falsas expuestas en las noches oscuras. Fue en 1573, ya en época cristiana, cuando la entrada fue abierta y rehabilitada, por lo que al Arco de las Pesas también se le llamaba el Arco Nuevo. La portada presenta la originalidad de tener un arco de herradura enjarjado con dovelas de piedra de La Malahá. El pequeño pasadizo está cubierto de bóvedas de cañón en los tramos rectos y una bóveda de ladrillo en el ángulo del pasillo que forma el codo.
Mucho antes, en tiempos de los romanos, existía en ese mismo lugar una especie de castillo, el de Hernán Román, que tenía unos calabozos subterráneos en los que se encerraban a los enemigos peligrosos. Una tradición popular, sin fundamento alguno, dice que en esos calabozos fue en donde estuvo preso el primer obispo de Granada san Cecilio y que de allí fue sacado con sus once compañeros para ser quemado en unos hornos de cal existentes en el monte de Valparaíso, luego llamado popularmente Sacromonte. Al menos eso le hicieron creer a los granadinos aquellos moriscos de los libros plúmbeos que no querían ser expulsados de Granada. Los moriscos se fueron, pero esa creencia se afianzó con el tiempo y en 1752 fue construida en las proximidades del Arco de las Pesas una capilla dedicada al santo. La capilla ha estado durante muchos años muy deteriorada y cuentan que hasta llegó a vivir en ella un mendigo llamado Farrugia. Recientemente ha sido restaurada y luce hoy en todo su esplendor.
Pero volviendo al Arco de las Pesas, durante muchos años ha estado dejado de la mano de Dios. Su degradación ha sido constante. Ha servido como refugio de mendigos (algunos tenían allí instalada su cama), escenario de músicos (que pedían algún donativo a los muchos turistas que pasan por allí camino del mirador del San Nicolás) y, lo que es más grave, como el sitio en el que los grafiteros ponían su impronta en forma de mamarrachadas que afeaban nada más y nada menos que la puerta más antigua de la ciudad. Durante los últimos años el Ayuntamiento ha intentado adecentar el lugar eliminando las pintadas. Ha puesto cámaras para intentar identificar a los burdos grafiteros e incluso en sus inmediaciones se ha puesto un letrero que dice que se multará hasta con cantidades exorbitantes a los que se les pille dañando el patrimonio de la ciudad y a aquellos a los que se sorprenda pintando en las paredes del Arco de las Pesas. Hace unos meses se limpió el arco, que ha estado en buen estado de revista durante un tiempo. Hace unos días apareció de nuevo con pintadas y lleno de suciedad, a pesar de que el personal de la limpieza se afana en mantenerlo limpio. No hay manera. Por eso el arco más viejo de Granada reclama la dignidad que se merece.
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