GRANADA CF

Flaquezas y matemáticas

  • El Granada, al que se le agota el margen de error, fue mejor que el Nàstic con las estadísticas en la mano, pero los catalanes se llevaron el partido explotando los errores puntuales rojiblancos

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El fútbol es un deporte en el que las estadísticas no suelen estar bien vistas. No se les da el peso que tienen en otros deportes, donde incluso se hacen estudios a medio y largo plazo sobre el rendimiento de los jugadores para abordar su fichaje, aunque en el momento en el que se hace sean jugadores fracasados o que directamente no juegan en la posición para la que se le ficha. Les recomiendo que vean la película Moneyball, la influencia de las matemáticas y la estadística en un equipo y un club llevada hasta el extremo. El fútbol vive mucho de eufemismos, de que las estadísticas están para romperlas y cosas del estilo. A un partido es más fácil que el resultado contradiga a los datos, pero los números denotan tendencias y marcan puntos en común de una temporada a otra. Y estos reflejan que este Granada no ha perdido puntos, si no tiempo para corregir los fallos, los accidentes que se suelen producir durante una temporada. A estar alturas, cada punto que se pierde, es un problema, y más cuando ahora viene la fase dura de la temporada.

'LÓGICA FUTBOLÍSTICA'

Tal y como escribía ayer en estas páginas el compañero Javier Aguilera, el Granada ha perdido 24 puntos contra equipos que están situados en los diez últimos puestos de la clasificación. El rendimiento contra los necesitados está lastrando sobremanera a este equipo que en casa es muy potente, y que se ha mostrado superior a equipos que están en la zona alta de la tabla. Sin embargo, la lógica futbolística, y en el fondo deportiva, dice que es más fácil perder contra los 'buenos' que contra los 'malos'. Al equipo rojiblanco le vienen ahora los peces gordos de la Liga. Lo positivo es que casi todos son en casa, y que fuera hay más partidos asequibles que complicados, que también los hay. El gran problema es todo esto es que el Granada se va a plantar en las diez últimas jornadas de Liga obligado a no fallar, que cualquier traspiés inesperado truncará, o tendrá muchas posibilidades de hacerlo, la aspiración de ascender directamente, que es lo que todos quieren (nadie habla de play off, todavía). Con 9 derrotas a estas alturas de año, el equipo de Oltra está a solo una de igualar todo el registro de 42 partidos de la temporada regular de Fabri. Esto hace que las opciones de subir por la vía rápida dependan ya de la genialidad de ganar a los de arriba, de puntuar fuera contra los rivales directos, y no perder. Vamos, de coger un rachón increíble al que no ayuda en nada la dolorosa derrota del sábado. No queda mucho margen de error.

DEBILIDAD DELANTE

Las estadísticas también tienen difícil definir por qué un equipo que genera tantas ocasiones marca tan pocas. Y eso que arriba están Adrián Ramos, el delantero de los 12 'kilos', y Joselu, vigente ganador del trofeo Pichichi de Segunda División. Lleva tiempo siendo un problema recalcitrante la falta de contundencia en ambas áreas. Eso está provocando que los resultados desvirtúen la imagen que ofrece el Granada en sus partidos. Porque ni en Lugo ni el sábado mereció perder, al igual que quizás las victorias distorsionaron la meritocracia en partidos como el del Tenerife o el de Córdoba. En el Anxo Carro perdonaron el triunfo y frente al Nàstic el porcentaje de efectividad rozó la inutilidad. Ese problema de la falta de definición se está convirtiendo en tendencia. Cuando la pelota dice de no entrar, al equipo le cuesta puntos. Cuando sí lo hace, esa falta de pegada queda diluida por los triunfos. Baste el dato que de los 14 triunfos del Granada, solo uno ha sido por goleada (más de 3 goles), y la última vez que metió tres tantos en un partido fue hace más de tres meses contra el Almería. Por comparar con el Granada del último ascenso, en menos partidos (12), los de Fabri golearon cuatro veces a sus rivales.

DEBILIDAD ATRÁS

Cualquier defensa de Segunda tendría como titulares indiscutibles a Chico Flores, Saunier y Germán en el centro, y a Álex Martínez y Víctor Díaz en los laterales. No se explica entonces por qué el equipo encaja tanto. En global, este Granada no defiende tan mal como para llevar semejante media, terrible para cualquier equipo con aspiraciones de subir, sobre todo si la vía a la que se recurre es la de las eliminatorias. No son los rojiblancos una escuadra que sea un coladero ni que le creen infinidad de ocasiones. El problema están siendo los errores puntuales, que están costando demasiados puntos. El sábado fue un mal despeje de Chico, al igual que en Tarragona en la primera vuelta fue un error de Víctor Díaz, o en Lugo una falta absurda de Hjulsager. Ya sea por falta de agresividad o por fallos aislados, estos cuestan puntos y restan posibilidades de lograr el objetivo. Y son difíciles de corregir.

TODOS LO SABÍAN

La grada se temía que si Machis lanzaba el penalti el otro día lo iba a fallar. Aparte de porque no estaba siendo el día, no parecía idóneo que el venezolano pateara ante Dimitrievski, a quien le habrá tirado cientos de penaltis cuando entrenaban en el filial. Si luego cogemos las explicaciones que dio 'Dimi' en zona mixta, parece más irresponsable aún. Los penaltis son para los que los tiran, pero en momentos de corazón ardiente como los de un penalti a tres del final, imponer algo de cordura es necesario. Lo que no es normal es que para cinco penaltis que ha tirado el Granada esta temporada haya tenido tres lanzadores distintos.

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