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Las apuestas no dan resultado

  • Ni la titularidad de Rui Silva ni acabar con defensa de tres sirve ni siquiera para puntuar

Adrián Ramos pugna con dos rivales en el partido jugado ayer en El Alcoraz. Adrián Ramos pugna con dos rivales en el partido jugado ayer en El Alcoraz.

Adrián Ramos pugna con dos rivales en el partido jugado ayer en El Alcoraz. / marcos serrate / agenciA LOF

El Granada CF volvió a perder, esta vez en El Alcoraz, y tiene cada vez más difícil seguir peleando por el ascenso. Lo hizo como casi siempre en la última etapa, la de Pedro Morilla al frente, por culpa de su poca mordiente ofensiva pero, sobre todo, de su vulnerabilidad atrás. La historia se volvió a repetir: buen inicio, gol a favor, concesión de faltas innecesarias, errores graves en el área e incapacidad después para ni siquiera empatar. Y eso que Morilla lo intentó durante la media hora final con una línea de tres defensas y casi toda la pólvora que tenía en el banquillo.

Cambio de portero

Hizo el técnico en El Alcoraz lo que no fue capaz de hacer ni Oltra ni él mismo en alguno de sus anteriores encuentros al frente del equipo: sentar a Javi Varas. Dio la oportunidad de ser titular a Rui Silva en el encuentro más importante de la temporada. El resto del equipo sufrió un par de cambios más respecto al que empató ante la Cultural Leonesa. Entró Quini en el lateral diestro en el lugar del sancionado Víctor Díaz y Alberto Martín en la medular. Esto provocó la salida del once de Espinosa y que Kunde pasara a la media punta. Con estos jugadores repitió Morilla el 1-4-2-3-1 que ha utilizado de inicio en todos los encuentros en que ha estado al frente del primer equipo.

La pizarra del Granada. La pizarra del Granada.

La pizarra del Granada. / FUENTE: Elaboración propia. GRÁFICO: Dpto. de Infografía

Campo difícil

El fútbol está lleno de condicionantes y uno es la climatología y su incidencia sobre el terreno de juego. No hizo mal tiempo en Huesca durante el primer tiempo pero cayó una tormenta antes del inicio del choque que provocó que muchas zonas del campo estuvieran encharcadas. El problema vino en el segundo tiempo, cuando se desencadenó el diluvio universal, lo que condicionó los ataques rojiblancos. En el primer tiempo el Granada incidió en envíos largos sobre sus extremos, Machís y Agra, que fueron el mejor arma atacante de los rojiblancos, sobre todo el venezolano.

Poco de los laterales

Como suele ser habitual en los últimos encuentros, la trascendencia en ataque de los laterales fue mínima. Quini se mostró algo más incisivo que Alex Martínez, aunque el cordobés estuvo impreciso y acelerado. Las veloces alas del Huesca impidieron la progresión en ataque de ambos.

Zaga de tres

Como el paso de los minutos en el segundo tiempo no cambiaba nada, pese al claro dominio visitante, Morilla movió su banquillo a la hora de juego. Y lo hizo para revolucionar el once y el dibujo. Quitó del campo a Montoro y a Saunier y metió en el verde a Manaj y Sergio Peña. El peruano, como siempre, dio la cara, pero no estaba el campo para sus características. Pasó a jugar el Granada con un 1-3-5-2, con un central y dos laterales para cerrar, Alberto Martín, Kunde y Sergio Peña repartiéndose la medular, los extremos siguiendo como extremos, nada de carrileros, y los dos puntas.

Imposible jugar

En esa media hora final fue cuando se hizo realmente imposible jugar. Sin poder hacer conducciones ni pases en corto, la única posibilidad era mandar balones en largo y esperar un rechace o un fallo del oponente. Hubo algunas situaciones de gol, pero un equipo que se está jugando la vida tiene que crear mucho más en ataque para, el menos, empatar. La figura de algunos jugadores como Manaj, Sergio Peña o Kunde creció, mientras que otros, como Alberto Martín o Quini, demostraron que no entendieron para lo que estaba el choque.

Pedro al agua

Un fatigado Agra dejó su sitio a Pedro en los minutos finales. El entrante se situó en la derecha, respetando el Granada el dibujo hasta el final aunque su apuesta obedecía a intentar aprovechar su buen golpeo de balón. Tampoco funcionó.

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