Víctor Lapido. Músico

"Cuando me dedico a una cosa me gusta tomármela en serio"

  • Guitarrista en 091, Lagartija Nick y Grupo de Expertos Solynieve, debuta con proyecto propio, El Hijo Ingobernable.

El músico granadino Víctor Lapido, alias El Hijo Ingobernable. El músico granadino Víctor Lapido, alias El Hijo Ingobernable.

El músico granadino Víctor Lapido, alias El Hijo Ingobernable. / José Antonio Modelo

"En directo somos nueve en total. En el disco hemos tocado ocho. Son músicos muy jóvenes de aquí, de bandas nuevas. Hay un trío de cuerda, Cosmotrío, que ya ha colaborado con mucha gente, con Los Planetas y más grupos de la escena local. También está Mafo, el batería de Pájaro Jack, y un bajista muy bueno que toca en Elemento Deserto, Dani Levy. De ese mismo grupo sale también el guitarrista Tony Molina, que aunque no ha tocado en el disco sí viene en el directo. Además llevamos un lapsteel, que toca Ángel Galera, y el teclista es David Montañés. Prometo que a partir de ahora ya no entrará nadie más, si acaso irán saliendo", bromea el veterano músico Víctor Lapido, quien tras una larga carrera como guitarrista en 091, Lagartija Nick y Grupo de Expertos Solynieve, también durante tres décadas vinculado a uno de los espacios musicales emblemáticos de Granada, el Ruido Rosa, debuta ahora con proyecto propio, El Hijo Ingobernable, y un gozoso miniálbum, de tonos ácidamente folkies, publicado exclusivamente en vinilo y descarga digital, De mis soledades vengo. Este viernes lo presenta en directo.

-Llama la atención que con su experiencia y contactos haya recurrido a músicos jóvenes...

-A los conciertos en el Ruido Rosa siempre han acudido bandas emergentes de la ciudad. Ha sido casi el primer sitio que pisaban. Y ahí fui descubriendo a muchos grupos y, en concreto, a muchos músicos que me gustaban y a los que les preguntaba si se apuntaban. Fue como un casting, pero sin planearlo.

-¿Dejó ya el Ruido Rosa?

-Sí, lo traspasé. No me dejaron seguir haciendo conciertos y decidí que hasta ahí habíamos llegado. Para mí eso era parte fundamental. No fueron problemas con los vecinos, pero el Ayuntamiento se puso en un plan... Tenemos una ley autonómica que no sólo no permite los conciertos, sino tampoco que haya un mago o un monólogo.

-En su día le pregunté a su hermano José Ignacio por el efectos colaterales de la exitosa gira de reunión de 091 en 2016. ¿A usted le dejó resaca?

-Sinceramente, acabamos todos exhaustos. No estábamos acostumbrados a giras de esa envergadura, de casi cincuenta conciertos. Todos hemos llevado carreras en solitario o con otros grupos, pero no con giras de ese tamaño. Yo toqué mucho con Lagartija Nick cuando sacamos El shock de Leia, que fue una gira que luego empalmamos con otra de Enrique Morente y Omega. Y ahí además ya empezaba a alternar conciertos con el Grupo de Expertos Solynieve. Pero después de dejar Lagartija ya no estaba acostumbrado a ese ritmo. Meternos en una gira de esa envergadura y con esas expectativas... Era algo que no esperaba. Lo que recuerdo de la última época de 091 y de la gira de despedida era ver las salas medio vacías.

-Después de tanta carretera, ¿por qué ahora proyecto propio?

-Lo tenía pensado desde hacía tiempo y, de hecho, tenía compuestas varias canciones. Pero si analizamos mi trayectoria, la verdad es que no me ha quedado mucho hueco. Desde que empecé con Los Ruidos en el 86 he ido empalmando una cosa con otra. Luego me metí en 091, que para mí fue como saltar a primera división. Aunque no era una banda de masas como otras de la época, Radio Futura o Gabinete Caligari, sí que era un grupo importante, reconocido. Después hice un grupo llamado Sugarfish, luego la gira con el primer disco en solitario de mi hermano, más tarde Lagartija Nick, Morente, el Grupo de Expertos... Cuando me dedico a una cosa me gusta tomármela en serio. Aunque a veces he estado en varios proyectos a la vez, prefiero no dispersarme.

-¿Son recientes las seis canciones de De mis soledades vengo o las tenía guardadas en el cajón?

-Salvo dos, son recientes, escritas después de la gira de 091. Prefiero la inmediatez: componer y editar. Por eso prefiero también el formato EP. Un LP supone un trabajo que ahora mismo no puedo asumir, prefiero hacer cuatro o cinco temas y editarlos. La idea es ésa. De hecho, ya casi tengo preparado uno nuevo. La intención es sacarlo en otoño. Hay veces que te pasas meses y meses grabando un disco. Los del Grupo de Expertos han sido eternos, un año grabando, y al final pierdes la perspectiva. Prefiero la inmediatez, pero con autoexigencia, con calidad, que me permita sentirme conforme con lo que he hecho.

-Sorprende la coincidencia en el tiempo de dos discos de veteranos músicos de rock, el Sueños y tormentas de Fino Oyonarte y el suyo, aparcando casi por completo la electricidad y apostando por el tono melancólico y los arreglos de cuerda. En su caso, ¿a qué se debe?

-El disco de Fino me parece una maravilla. Somos amigos desde hace muchos años. Él produjo Lo imprevisto, que fue el primer álbum de Lagartija Nick en el que yo participé. Pero, en realidad, el único grupo para el que realmente compuse en todos estos años fue Los Ruidos. Luego, ni con 091 ni con Lagartija Nick, aunque con el Grupo de Expertos sí que colaboré en ese sentido en algunas canciones. No sé... Me tiré muchos años poniendo música en el Ruido Rosa, sobre todo de los 60, los 70, garaje, rock, pop... Todas las especialidades habidas y por haber. Lo cierto es que cuando llegaba a casa no me apetecía ponerme a los 13th Floor Elevators, sino folk tradicional, acid-folk, grupos de folk inglés tipo Fairport Convention. Quizás, como músico, me decanté más por la guitarra acústica. Me fui metiendo en ese mundo, perfeccionando técnicas de guitarra, ¡y así me han salido las letras! Jajaja...

-¿Pues sabe qué? En canciones como Exilio ha conseguido algo tan difícil como sonar clásico y contemporáneo a la vez.

-Puede ser. Exilio es una canción sobre el montón de gente que se ha tenido que ir de Granada. Algunos dicen que han tenido que emigrar; yo creo que se han tenido que exiliar porque la ciudad no les ha dado ninguna oportunidad. Tiene ese tono ácido, psicodélico. Es muy folkie, pero, por ejemplo, no tiene estribillo cantado, sino instrumental. Salvo alguna canción más clásica, tipo A mi lado, lo que he intentado en este disco es que, aunque parezca convencional, resulte algo nuevo.

-Dedica el instrumental Para John Ford al legendario cineasta. ¿Es cinéfilo?

-Sí, lo he sido siempre y, además, me han gustado mucho las bandas sonoras. ¿Qué vamos a decir de John Ford? Soy un fanático de su cine, de sus bandas sonoras, de sus paisajes... Cuando los estábamos haciendo, los arreglos de cuerda me evocaban justo eso, esos paisajes grandiosos que Ford reflejaba en su cine. Así que decidí que era para él.

-¿Son suyos los arreglos?

-Ni leo ni escribo música, así que tenía que dictar la melodía con una línea de guitarra o cantarla a las de Cosmotrío y ellas lo escribían, lo interpretaban haciendo las voces de violín, viola y chelo y le dábamos vueltas hasta que todos quedábamos contentos.

-Ha descartado la edición en CD. ¿Por qué?

-Primero, porque yo no tengo lector de cedés, jejeje. Creo que el vinilo es el mejor formato que hay. El CD no me gusta, no me convence. De hecho, casi todos los cedés de mi colección, que son bastante, están rotos. He pinchado tanto con ellos por todos lados... Siempre se rompían. Primero el lector, luego el disco.

-Es el penúltimo músico que se apunta a la autoedición con su propio sello, Ruido Rosa Records. ¿Tanteó antes a compañías convencionales?

-Pues sí, la verdad es que hablé con gente, pero llegué a la conclusión de que nadie te ofrece nada. La industria musical hoy sólo te ofrece distribución, pero eso es algo que a mí no me sirve. Si no le vas a poner cariño, mejor se lo pongo yo. Es más difícil, claro, te metes en un fregao que te sobrepasa. Siempre he estado con sellos que se han encargado de todo, pero si no me ofreces nada, entonces ya lo hago yo.

-Más allá del concierto de este viernes, y con nueve músicos sobre el escenario, ¿se plantea gira?

-Tenemos algún festival cerrado, pero por la zona. Sí, es muy difícil mover a nueve personas. También me planteo otro tipo de formación, pero ya que hemos participado todos en el disco quiero que los primeros sean con la banda al completo. Aunque más que ganar dinero voy a perderlo, jajaja.

El Hijo Ingobernable presenta De mis soledades vengo este viernes día 8 en la Sala Aliatar de Granada. A las 22:00 y con las entradas a 10 y 12 euros.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios