Análisis | Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid (ARCO) 2020 Una edición convincente con el verdadero sentido del arte

  • Madrid presenta un ARCO atractivo, sensato y sin extravagancias con abundante pintura, menos fotografía y casi ausencia de videoinstalaciones

La obra del granadino Antonio Montalvo en Espacio Mínimo. La obra del granadino Antonio Montalvo en Espacio Mínimo.

La obra del granadino Antonio Montalvo en Espacio Mínimo. / G. H.

Madrid está de ferias. Nueve ferias de arte son muchas ferias. Desde que empezó ARCO en 1982, el asunto ha ido aumentando hasta las nueve de este año. Incluso, para aglutinar tanto evento artístico se ha buscado aquello de semana del arte de Madrid para situar esta casi decena de acontecimientos que llenan de asuntos relacionados con el arte contemporáneo este final del febrero madrileño. Como han sido muy importantes las cosas que se ofrecían en todas las ferias, creo que es necesario, dividir lo que acontecía en Madrid en dos entregas, ARCO por un lado y el contenido de las demás ferias, por otro.

Las habituales tonterías interesadas de los momentos previos a la anual inauguración de ARCO casi se han perdido este año. Eso que ha ganado lo artístico serio; así el pueblo en general no se verá llamado a equívocos sobre la verdad del arte. La psicosis del coronavirus ha sido, en esta edición, lo auténticamente noticiable. Las galerías italianas Giorgio Persano, de Turín y Alessandra Minini, de Milán, han copado el papel mediático y no sólo por el contenido que presentaban. La gente se fotografiaba ante los stands de las mismas entre morbo y recelo, algunos se atrevían a entrar mostrando tonta valentía. ¡Pobres galeristas!

Aunque tal y como está el patio y con las muchas tonterías que anima a ciertos sectores del arte, hasta les ha venido bien lo del virus para hacer negocio. Otras cosas más extrañas hemos visto en estos treinta y nueve años de feria. Por lo demás, casi lo mismo de siempre en un ARCO que, a estas alturas, no ofrece muchas experiencias fuera de lo normal. Lo habitual del arte más inmediato con desenlaces, ni mucho menos, inesperados.

Ausencia de videoinstalaciones

Los que, todavía, acudan a esta feria buscando asuntos rompedores y novedosos poco van a encontrar, sólo lo que venimos viendo desde hace más de 20 años, que es tanto como decir, la historia del arte del siglo XX. ARCO es feria feria; escaparate para vender lo que los coleccionistas demanden. Poco más. Sin embargo, en cuanto a la realidad artística de la edición del 2020 nos hemos encontrado con una Feria muy atractiva, con muchos buenos argumentos para satisfacer todas las exigencias, con abundante pintura, menos fotografía y casi ausencia de videoinstalaciones. Hemos asistido a una feria sensata, sin extravagancias ni exuberancias; una feria que ofrecía muy buen arte para ser adquirido por coleccionistas de todas las condiciones.

Una pieza de Javier Palacios. Una pieza de Javier Palacios.

Una pieza de Javier Palacios. / G. H.

Sería bastante extenso describir todo lo mucho y bueno que deparaba lo expuesto en los pabellones 7 y 9 de Ifema. Entré en el primero coincidiendo con la presencia de los Reyes. El revuelo en todo su recorrido despejaba casi totalmente los espacios. Para no hacer interminable lo acontecido dejaré a un lado las muchas obras de Tàpies -de este autor cada vez se encuentran más piezas a la venta-, de Miró -aunque no me puedo olvidar de una obrita figurativa, Village, de 1905, en el stand de Marc Doménech de Barcelona-, de Picasso, de Torres García y de algún otro artista de los primeros años de la modernidad.

En varios stands nos hemos dada de cara con obras de José Guerrero compartiendo escena expositiva con piezas de Esteban Vicente -la gran exposición del Centro Guerrero con el diálogo de los dos pintores abstractos parece que ha dado muchas pistas-. Los habituales artistas de El Paso, también, han sido nombres repetidos; en esta edición con la presencia sempiterna de Luis Feito como autor protagonista.

Me pareció redondo el stand de Miguel Fernández Brasso con un magnífico Millares, dos espléndidos Sicilia, un Mompó, un especialísimo Ràfols-Casamada, una gran técnica mixta de Carmen Calvo, así como una gran obra de Rosa Brun con sus estructuras coloreadas y dos piezas de Eduardo Sanz de los años setenta, cuando el artista cántabro realizaba sus conocidas ágatas y un discreto Guillermo Pérez Villalta. En la misma línea, lo de la galería Edward Tyler Nahem de Nueva York con obras de Sam Francis, Vik Muniz, Roy Lichtenstein, Tom Wesselmann, Wilfredo Lam, un apasionante Mimo Rotella de 1959, junto a unas exquisitas obras de Millares, Tàpies, Picasso y Guerrero. Guillermo de Osma, como es habitual, todo perfecto, destacando un precioso Pájaro flor de Eugenio Granell, un apasionante Equipo 57 y unos Dis Berlín, bellos de principio a fin.

En Timothy Taylor, también de Nueva York, se presentaba un gran Jean Dubuffet, una sutil marina de Alex Katz, un Jesús Rafael Soto y un extraordinario Sean Scully con su clásico contenido geométrico. Muy variado lo que ofrecía Leandro Navarro, con Juan Barjola y Kandinsky, así como un muy bueno Sean Scully, dos pequeños gigantes de Kurt Schwitters, una obra de Paul Klee, un magnífico dibujo de Picasso, de 1906, y una especialísima escultura en bronce, pintada de blanco, de Dalí, La Venus o la jirafa.

La gran dama del arte

Juana Aizpuru, nuestra gran dama del arte, la creadora de este acontecimiento, ya casi con cuatro décadas de vida, dejaba patente su conocimiento del arte de ayer, de hoy y de siempre y ofrecía un stand amplio, sobrio, bien dispuesto y con piezas excelsas de grandes artistas. Extraordinarias la fotografías de Cristina García Rodero, Pierre Gonnord y Cristina de Middel; impactantes los dos grande lienzos de Miguel Ángel Campano compartiendo escenario con obras de Jiri Dokoupil y Markus Oehlen.

La galería valenciana Luis Adelantado apostaba por artistas andaluces; una contenida y pulquérrima obra de la pareja de gaditanos Fuentesal & Arenillas, dos sobresalientes obras del sevillano Rubén Guerrero, una exquisita pieza del jerezano Javier Palacios llena de ese contenido pictórico distinto y de verdad que caracteriza su trabajo, un Pereñíguez de fondo inquietante y forma rigurosa, así como una obra de su personal conceptualismo de Irma Álvarez-Laviada.

La veterana, siempre joven e imprescindible galería Espacio Mínimo ofrecía asuntos que no dejaban indiferentes; su stand irradiaba calidad y sentido moderno -conceptos que no deben estar reñidos-, muy destacables las obras textiles de Teresa Lanceta y, sobre todo, una magnífica pintura del granadino Antonio Montalvo, titulada Winterreise, con la sobriedad y rigurosidad pictórica habitual en él. Junto a ellos obras del malagueño Nono Bandera, Bene Bergado, Miguel Ángel Gaüca, Susan Collins, Liliana Porter o Juan Luis Moraza, entre otros. Como no podía ser menos en quien es sabio veterano, Miguel Marcos, presentaba un stand lleno de máximo sentido artístico, con obras de Carlos Alcolea, Chema Cobo, Miguel Ángel Campano, Xavier Grau y Juan Navarro Baldeweg.

Muy poca presencia de artistas andaluces

Instalación del granadino Pablo Capitán en el stand de la galería Artnueve. Instalación del granadino Pablo Capitán en el stand de la galería Artnueve.

Instalación del granadino Pablo Capitán en el stand de la galería Artnueve. / G. H.

He dejado para el final la participación andaluza en la feria, las sevillanas Rafael Ortiz y Alarcón Criado. Muy poca presencia para la importancia de nuestro arte; aunque si se es justo, pocas galerías de verdadera enjundia y con el contenido que se exige en una Feria como ARCO tenemos actualmente en nuestra comunidad -salven los nombres de JM de Málaga y Espacio Olvera de Sevilla-. Rafael Ortiz acudía sólo con dos artistas, la sevillana Inmaculada Álvarez Salinas que presentaba una obra de naturaleza repetitiva y claros gestos cinéticos y la valenciana Monika Buch, con una obra de connotaciones ópticas que interactúan en formas geométricas y coloristas.

La galería de Carolina Alarcón y Julio Criado, una de las de mayor vocación internacional de España y con espléndido criterio artístico, presentaba en Madrid parte de su apasionante trabajo. Sabia, inquietante y llena de sentido la fotografía del granadino José Guerrero; los hermanos MP & MP Rosado nos dejaban unas esculturas con su sello ambiguo lleno de expectación que ocultaban más que descubrían. Por su parte, Jorge Yeregui ofrecía cuarenta y ocho pequeñas obras de exquisito perfil dibujístico. Junto a ellos, una poderosísima pieza estructural de Bernardo Ortiz; así como un inquietante y de duplicidad conceptual retrato de Pedro G. Romero con la figura del rey emérito.

La presencia andaluza se reducía, además de los artistas antes citados, a la jerezana Ana Barriga (T20 de Murcia), Miki Leal (F2 de Madird), Jacobo Castellano (Mai 36 de Suiza ), el granadino Pablo Capitán (Art nueve), con muy buena oferta escultórica, la malagueña Paloma de la Cruz (T20), Carlos Aires (ADN de Barcelona ) y Luis Gordillo (Joan Prats de Barcelona) y poco más. Muy escasa participación para lo que, realmente, aquí, existe.

El ARCO del 2020 ha planteado, sin reservas, que el arte sólo tiene un sentido: el de la verdad, ese que plantea, con decisión y sin reservas, una realidad visual que emociona, te envuelve de sensaciones, te convence y, además, te pellizca el alma. Los brindis al sol, las ocurrencias, más o menos, festivas, la cohetería ruidosa y los juegos mentirosos sirven para llenar espacios y empatar intereses de tontos, no para emocionarte. Lo mejor del ARCO de este año es haber salido de los pabellones de Ifema con el convencimiento de que el verdadero arte sigue existiendo y marginando lo demás. En definitivo, una feria para recordar.

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