Patrimonio de la Universidad

Alegoría urbana

  • La historia de la ciudad y de la Universidad de Granada corren paralelas

  • Una exposición analiza la evolución de una y otra gracias a la ciencia

Sillón ginecológico e interior de la Farmacia Zambrano. Sillón ginecológico e interior de la Farmacia Zambrano.

Sillón ginecológico e interior de la Farmacia Zambrano. / Carlos Gil

Las ciudades tienen un sentido recto, sólido, marcado por trazados urbanos. Ladrillo, piedra y cemento. También hay un sentido alegórico en todo ello. Calles como arterias, edificios como órganos. Instituciones como motores, ejes de una vida diferente a la que se vive a ras. La Universidad de Granada y la urbe que la acoge conviven en este sentido. Una y la otra han crecido a la par. Y los cambios en la primera han marcado a la segunda. Este razonamiento se muestra de forma evidente en la exposición que acoge el Crucero del Hospital Real de la Universidad, sede del Rectorado de la institución académica bajo el nombre de Ciencia Ciudad y Cambio. Este trinomio queda desgajado en cuatro ámbitos, tal y como explica el comisario de la muestra, Alfredo Menéndez.

Se muestra Sierra Nevada como un gran laboratorio multidisciplinar

“Ésta es una joya de la cartografía de Granada”, indica Menéndez mientras señala un plano de 1909 de la ciudad. Esa ciudad de principios del siglo XX era prácticamente igual a la del XVII, señala el comisario. Los cambios urbanísticos se habían desarrollado en el centro de la ciudad, si afectar a su contorno. En esos años, la Universidad de Granada contaba con unos 3.500 estudiantes, una cifra mínima si se compara con los 47.096 estudiantes de grado que refleja la última memoria académica. La inmensa mayoría se concentraban en Derecho, Medicina y Farmacia. Entre Filosofía y Letras (entonces en el Palacio de las Columnas) y Ciencias no se llegaba al medio millar de matriculados.

El siglo XX alumbra, tras la guerra, un impulso desmesurado hacia los polígonos, los industriales y también los universitarios. La UGR adquiere primero los terrenos de Fuentenueva y posteriormente, en los 60, los de Cartuja. Así, la Universidad está detrás de una de las mayores urbanísticas que vive la ciudad. “La construcción del edificio de Filosofía y Letras resultó muy polémica”, recuerda Alfredo Menéndez en esta historia basada en testimonios gráficos que pueden verse en la exposición. En el año 1975, la UGR ya suma 18.000 estudiantes, con un aumento notable de alumnos en Ciencias y Filosofía y Letras. A finales de siglo se realiza una tercera operación de envergadura, la intervención en el PTS.

La evolución de la asistencia sanitaria es uno de los elementos que se analiza

La muestra cuenta con un mapa en el que se muestran todos los centros en los que se hace ciencia. Así se demuestra que ésta “es una ciudad preñada de espacios dedicados al conocimiento”, señala el comisario. “Es difícil encontrar una ciudad española” con las características de Granada, articulada a partir de los centros universitarios de costado a costado.

A partir de aquí se desliza una “reflexión” sobre lo que ocurre justo después de que haya un aumento de la comunidad estudiantil. Granada es semillero de elementos contraculturales. Alejada de la imagen de pacatería, en la ciudad hay bares, tertulias, movimientos alternativos que desembocan en ocasiones en “movimientos contestatarios”. Así, se muestra una imagen de una pancarta en apoyo del Partido Comunista enmarcada entre las ilustres columnas de mármol del patio de la Capilla del Hospital Real. Esta riqueza se plantea a modo de tránsito gracias a la instalación –compuesta por 3.500 imágenes– ideada por Rafael López Guzmán.

La exposición tiene espacio para mostrar la incorporación de la mujer a ese ámbito universitario y el progresivo incremento de la presencia de estudiantes y alumnos en las aulas.

Ese primer ámbito de reflexión da paso al segundo, el relacionado con el patrimonio universitario. La UGR atesora algunos de los edificios más singulares de Granada, que cubren los últimos cinco siglos de historia de la capital. Desde la Madraza a las torres de la Facultad de Medicina. Del Hospital Real al Cerebro y Mente. No sólo están los edificios, también su contenido. Así, se muestran piezas de las colecciones científicas y artísticas. En un 95%, las piezas que se muestran pertenecen a la Universidad.

Cartelería de algunos de los mejores diseñadores granadinos, manifiestos culturales, proyecciones en el cineclub universitario. Y también ceroplastias, piezas de la colección zoológica... Se trata de la tercera pata de la muestra. “Es una reflexión sobre cómo se enseña”, apostilla Alfredo Menéndez. Los fondos universitarios tienen como razón de ser la transmisión del conocimiento, actividad que también ha evolucionado. Se muestra el paso del modelo tradicional –en el que un docente explicaba, los alumnos escuchaban, un tipo de enseñanza “descriptiva”– a otro en el que la investigación y la práctica ganan terrero en la adquisición de conocimiento. Se enseñan aquí hermosos pliegos botánicos, ceroplastias dermatológicas, botámenes o una tabla periódica de los años 40. Como curiosidad, en esta tabla no aparece el plutonio, ya que este elemento estaba dentro del secreto con el que se desarrolló el Proyecto Manhattan.

Se produce un gran cambio cuando los docentes se ven impelidos a investigar.Se muestran objetos como un microscopio binocular o una de las “joyas” de la muestra, un terminal Univac para el procesamiento de datos que fue adquirido en hace medio siglo, con su perforadora de tarjetas. También se muestra un microscopio de barrido de segunda mitad del XX. Se trató en su momento de una apuesta por la tecnología. Aquellas adquisiciones sirvieron para avanzar en todo tipo de disciplinas, desde el estudio de tasas de mortalidad a análisis sociológicos. “Granada fue una universidad pionera”, destaca Menéndez. La UGR compró un microscopio de barrido (que también forma parte de la muestra).

Ciencia Ciudad y Cambio tiene un espacio reservado a uno de los laboratorios más singulares del mundo, el espacio de Sierra Nevada. Se muestra parte de una espectacular maqueta del macizo, perteneciente al Club de Montaña de Lanteira, que muestra riscos y cumbres. Ahí se desarrollaron, de forma notable, investigadores del área de Ciencias de la Tierra y del Cosmos. De lo terrenal a lo universal. El hilo entre ambas áreas está en infraestructuras como el observatorio del Mojón del Trigo o el Observatorio de Sierra Nevada.

El cuarto y último ámbito de la cita en el Hospital Real apunta a la influencia que, al final, la ciencia –la actividad universitaria– ha tenido en la población. El terreno de la salud ha sido el elegido para mostrar ese influjo. Un sillón de dentista de 1950 o un sillón de reconocimiento ginecológico datado entre 1947 y 1950 de la consulta del doctor Herrera.

La asistencia sanitaria fue un logro social, e implicó un notable cambio en cuestiones como el parto. También había que hacer atractivo ese elemento al granadino, que al final era usuario o cliente de determinados servicios.

En esto destaca la presencia del interior de la Farmacia Zambrano. Adquirida por la Universidad de Granada y restaurada con la colaboración de BidaFarma y el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Granada se muestra en toda su belleza estética. Fue uno de los primeros egresados de la UGR, Juan López Rubio, quien puso la botica en 1858. Estanterías en caoba, botámenes cerámicos, un techo con una escena alegórica, pintura sobre lino y al óleo.

La exposición finaliza con una sección que explora los cambios en la Biblioteca Universitaria, uno de los servicios clave de la UGR y que también ha evolucionado.

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