Entrevista Frankie Ríos | Cantante de Camellos, que actuan en Granada en la sala Planta Baja "Hay bandas con dos canciones en internet y 20 sesiones de fotos"

  • El grupo de rock dará un concierto el sábado por la tarde en la sala Planta Baja dentro del ciclo Noodles Music Box

La banda de rock, en una imagen promocional de su nuevo disco. La banda de rock, en una imagen promocional de su nuevo disco.

La banda de rock, en una imagen promocional de su nuevo disco. / Limbo Starr

Critican la explotación laboral, el postureo y hasta el uso abusivo de anglicismos, que en muchas casos enmascara situaciones precarias -véase coworking, minijobs, coliving-. Hablan abiertamente de crisis, ansiedad o deseo sexual. Hablamos de Camellos, una de las bandas más interesante de la escena independiente española de los últimos años. Su sonido, una mezcla de pop, rock y punk; su naturalidad y cercanía; y su humor ácido tirando a negro, se ha metido en el bolsillo a buena parte del público joven. Sus dos discos, Embajadores (Limbo Starr, 2017) y Calle para siempre (Limbo Starr, 2019), dejan claro un talento y una ambición inmensas. La banda formada por Fer Nava, Tommy Dewolfe, Frankie Ríos y Jorge Betrán actuará el sábado a las 17:00 en la sala Planta Baja, dentro del ciclo Noodles Music Box.

-"Ya no se pueden hacer bromas. / Ahora es todo vaya a la cárcel", cantan. ¿Se cohíben a la hora de escribir letras tan ácidas?

-A la hora de meter humor en las canciones nos cuesta llegar a ese punto medio entre ser demasiado serios o que suene a broma absurda, muy barata. Respecto a la censura, en nuestros temas se escuchan palabrotas, hay referencias a personas concreta. Intentamos no cortarnos mucho. A lo mejor moldeas la crítica o broma inicial. A veces te autocensuras con el humor negro porque no sabes si se te va a entender.

-Detrás de las letras irónicas se esconde una realidad bastante dura: trabajo precario, inestabilidad.

-Sí. Nos enfadamos más a menudo de lo que parece. Cuando le das forma de letra que se va a quedar grabada le das un toque más desenfadado. Hay ciertos temas que si no los tratas con humor te dan ganas de decir barbaridades, cosas violentas. Recuerdo la canción Becaria. No es que nos parezcan bien o divertido que la gente malviva así.

-En ese tema dicen eso de "trabajar siempre ha sido mi sueño". ¿Dedicarse a la música en este país es un milagro?

-Es un milagro salvo que tengas una agenda llena de contactos. Económicamente es muy difícil. La gente compra menos música porque tiene menos dinero que hace diez años. 

-¿Por qué a los músicos les cuesta hablar de las malas condiciones laborales en las que trabaja? Es un sector donde se malpaga o se cobra en negro.

-Los músicos, en general, sienten una especie de vergüenza por considerarse a sí mismos trabajadores. Como si tener un trabajo creativo te diera una posición muy distinta a la de un electricista o a la de una arquitecta. Esto genera dinero y la gente se lucra con ello. Muchas veces no te hablan de dinero cuando vas a tocar a una sala o a un festival. Tú vas a hacer un trabajo y como tal necesitas saber cuánto te van a pagar. Es como un tabú. No sólo ocurre en la música. A la gente del audiovisual y de la publicidad también les cuesta mucho que les paguen. Al principio hacen todo gratis porque si no no pueden trabajar para nadie. En la música, hasta que no llegas a equis nivel es todo en negro y no se plantean hacer las cosas de forma legal.

-Los músicos también cotizan.

-Sí. Llega un momento en que te tienes que contratar a ti mismo con tu empresa o hacerte autónomo. Pero, ¿cómo vamos a hacernos autónomos los cuatro para dar un concierto donde nos pagan 2.000 euros? Eso hay que repartirlo entre cuatro y pagar las cuotas de autónomo. Son temas demasiado poco cool para los músicos en general. Nos gustaría dedicarnos a esto a tiempo completo. Pero si no se respetan cosas básicas como que vas a tener equis dinero a final de mes o saber que si pasa algo vas a tener paro, lo veo difícil.

-¿Demanda más conciencia de clase en la música?

-Sí. Hay gente que rodea la música como los técnicos de sonido o trabajadores en festivales que tienen las cosas más claras. Sólo habla de esto los millonarias en boca de la SGAE. Es absurdo.

-Sus canciones hablan de ansiedad, precariedad. ¿Los jóvenes españoles tienen muchos motivos para estar cabreados?

–Muchísimos. No entiendo porque últimamente la gente está tan tranquila. En muchas letras actuales de bandas o géneros más populares como el trap es todo muy nihilista, e invitan a disfrutar y ya está. No entendemos porque no está más mosqueada la gente. Si ahora saliera al mercado laboral me daría bajón.

La banda afincada en Madrid, en otra fotografía promocional. La banda afincada en Madrid, en otra fotografía promocional.

La banda afincada en Madrid, en otra fotografía promocional. / Limbo Starr

-En el rap y el trap muchas veces se aparenta un nivel de vida y un lujo inexistentes. Es una burbuja.

-En el rap lo del exceso y el dinero es una tradición. Pero ya hay personas del rock, el pop o el indie que, a su manera, también venden una imagen adulterada. Hay bandas que tienen dos canciones en internet y 20 sesiones de fotos. ¿A qué has venido, a hacer música o a probarte ropa? En el trap y el rap lo llevan al extremo. 

-¿Se han convertido los festivales en parques de atracciones?

-Puede ser. Lo cierto es que cada vez hay más stand de marcas en los festivales. ¿Qué hace un stand de Uber aquí? Ni siquiera es una marca relacionada con la música o lo que uno se toma en las barras. Parecen una feria de turismo. Cuando podemos, vamos como público a festivales. No tiene sentido que pagues 50 euros por ver bandas y que luego te gastes otros 50 euros en un bocadillo y dos cervezas. No sé si se trata de hacer negocio o de ir a ver música en directo.

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