Arte
El cartapacio de Antonio Raphael Mengs
Crítica del Festival de Jazz de Granada
43 Festival Internacional de Jazz de Granada
Robin Mckelle, Impressions of Ella. Robin McKelle, voz; Jonathan Thomas, piano; Blake Meister; bajo; Diego Ramírez, batería. Fecha y lugar: viernes 3 de noviembre, Teatro Isabel La Católica. Granada.
Volver al primer día de concierto, en el programa central del Festival de Jazz de Granada, es como un reencuentro con almas sensibles. Personas que protegen una música que dejó de parecer elitista hace tiempo. Seguramente, gracias a gente así, hoy vamos conociendo valores emergentes y son miles los músicos que se forman para dedicarse a esto. El jazz ha atravesado todas las travesías en los más inhóspitos desiertos culturales. Y, en la actualidad, los abonos se acaban en pocos días, lo que es un claro indicador de fidelidad. Por eso, la afición merece una jornada así, en la que el recuerdo de una de las grandes, Ella Fitzgerald, nos haga asomarnos a nuestros mismos, al momento en el que un viejo estándar reaviva aquella serenidad de la escucha. Y la vocalista norteamericana Robin McKelle, profesora del Berkle College of Music, en Boston, lo ha sabido hacer. En realidad, fue un concierto muy didáctico, en el que destacó especialmente su dominio de registros y una capacidad técnica que asomaba en agudos, pianísimos o en los famosos scat, la improvisación vocal que, imitando el desarrollo sonoro de un instrumento, inició Louis Amstrong, pero inmortalizó para siempre la reina del jazz.
En la voz de McKelle se nota el respeto al canon, pero combinado con las posibilidades de otros géneros que convivieron con el jazz o le sucedieron, como el soul o el Rhythm and Blues. De hecho, el calor y la conexión con el público fue in crescendo, y el concierto finalizó en un momento de gran emoción mutua. Tal y como afirmaban Ricardo y María José, en las primeras filas, ese contexto de mayor soltura era el que mejor definía el sello de la cantante, en este primer concierto del festival. Las últimas canciones tuvieron momentos donde emergía el alma del soul, como destellos de lo que era capaz de hacer la vocalista. Su formación, excelente, supo ajustarse a lo que ha sido su último trabajo, que es ese homenaje a Ella Fitzgerald, pero sin caer en una imitación estricta, aunque se podía intuir alguna similitud en el timbre y el color de la voz. Ambas artistas, salvando todas la distancias, tienen una característica en común, un sello de distinción que genera marca desde el primer compás. Me atrevería a decir que su grandeza está en la imperfección, pero las modulaciones de las que es capaz McKelle son un repertorio de manual.
Tanto el pianista Jonathan Thomas, que es un sabio, como el contrabajista, Blake Meister, y el batería, Diego Ramírez, que doblaba el tiempo de forma perfecta, supieron respetar el protagonismo de la voz, sin estridencias, pero entusiasmando cuando decidían hacer jazz. Y hubo mucho swing en este concierto, sin el empalago dulce de latendencia crooner. Se desarrollaron temas cuando fue necesario, y con arreglos bastante originales, como el caso de April in Paris¸ Desafinado, Caravan o How High the Moon, por citar los más conocidos. La combinación entre originalidad y canon ayuda a las personas que se sentaron en una butaca del Teatro Isabel la Católica, y que llegaron hasta ahí por su preferencia por las cantantes o por la nostalgia de Ella Fitzgerald. El festival, que ha empezado muy bien, promete momentos similares, pero desde enfoques distintos. Sigamos.
También te puede interesar
Lo último
No hay comentarios