Grandes momentos musicales
El pasado viernes, 24 de abril, se falló el Concurso Internacional de Piano 'Premio Jaén', y la Orquesta Ciudad de Granada recibió en su último concierto a su ganador. En su quincuagésimo primera edición resultó galardonado con el primer premio el pianista ucraniano Antonii Baryshevskyi, que ofreció junto a la OCG el Concierto para piano núm. 1 de Liszt. El director británico Douglas Bostock arropó la presentación en Granada de esta joven promesa del piano con dos obras excepcionales: la obertura de Rosamunda de Schubert y la Sinfonía número 8 de Dvorák.
El concierto se inició con la obertura de Rosamunda de Franz Schubert, que originalmente sirvió para introducir el melodrama del mismo autor El arpa mágica. Esta pieza, elegante en sus temas y proporcionada en sus dimensiones, es una de las páginas orquestales más amables de Schubert. La riqueza tímbrica de la partitura, que explora la fusión entre las cuerdas y los vientos en una finísima filigrana motívica, fue aprovechada por Douglas Bostock para explotar la alta dimensión artística de nuestra orquesta en una versión muy acertada en los tempi y en las dinámicas. Sólo hubo que lamentar cierta falta de empaste en las cuerdas agudas, que no tuvieron una de sus mejores noches.
Como pieza central del programa se interpretó el Concierto para piano número 1 de Franz Liszt, que sirvió como carta de presentación de Antonii Baryshevskyi. El primero de los dos conciertos para piano que Liszt escribiera supone un caballo de batalla para cualquier pianista que quiera dedicarse al mundo de la interpretación solista. Sin duda, es una de las obras más virtuosísticas dentro del repertorio pianístico romántico, motivo por el cual es escogido a menudo como alarde interpretativo. Rica en pasajes de extrema complejidad, esta obra resultó ser un interesante reto para Antonii Baryshevskyi, que demostró su maestría al piano. Con una técnica depurada y un perfecto conocimiento de la partitura, ofreció una muy correcta versión de ella, evidenciando que el fallo del jurado de Jaén no estuvo desacertado. Joven pero bien preparado, aunque falto de cierta musicalidad, estamos seguros de que el nombre de Baryshevskyi pronto sonará con entidad propia.
La segunda parte del programa se consagró a la Sinfonía número 8 en Sol mayor de Antonin Dvorák. Esta sinfonía, que se encuentra dentro de las cuatro de madurez junto con la Sinfonía del Nuevo Mundo, evidencia la profundidad y expresividad del lenguaje estético del autor. Construida con un esquema tradicional, el tratamiento de las unidades temáticas y el desarrollo estructural interno de sus movimientos nos hablan de un avance en la dialéctica compositiva propia de los autores de finales del siglo XIX.
Douglas Bostock planteó una versión viva y equilibrada, en la que subrayó con maestría las intervenciones destacadas que por momentos tienen tanto los vientos como las cuerdas. En definitiva, la Orquesta Ciudad de Granada sonó brillante y emotiva, arrancando una vez más la prolongada ovación del público.
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