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Homenaje al flamenco fusión de Ramón Montoya y Fernando Vilches

  • David Liebman y Dani de Morón actúan juntos en el Teatro Alhambra con 'Alborada'

En 1925, el maestro Ramón Montoya grabó tres discos a dúo con el saxofonista Fernando Vilches, música insólita para la época, de difícil acomodo en el canon, que ha sido poco difundida hasta la fecha. Para algunos, exotismo, para otros, prueba de la línea heterodoxa del flamenco, para la gran mayoría, la primera manifestación de lo que se consideraría flamenco fusión. No son los únicos registros existentes en el formato, el Niño de Marchena grababa con Vilches y un pianista anónimo, Sol y sombra, una pieza clave en su discurrir singular, y Sabicas hacía lo propio con El Negro Aquilino, pero la pureza inicial del encuentro entre Montoya y Vilches resulta difícil de obviar.

Alborada: Homenaje a Ramón Montoya y Fernando Vilches es una labor de recuperación de ese esfuerzo pionero en el patrimonio del flamenco en la que Guillermo McGill ha transcrito y adoptado las piezas originalmente interpretadas por el dúo, añadiendo al repertorio algunas de la mano del creador de la guitarra flamenca de concierto, como la que le da título a este proyecto, y piezas del repertorio jazzístico que dan continuidad a ese impulso primigenio, piezas de Ornette Coleman, de Dave Liebman, Dani de Morón y del propio McGill.

No es un proyecto fácil, así lo expresa su transcriptor y arreglista: "Ramón Montoya pertenece a una época en que la forma de interpretar el flamenco tendía a valorar el sonido y la línea melódica, más que el ritmo, ya que los palos rítmicos no fueron valorados hasta algunas décadas más tarde. Este hecho convierte este trabajo en algo extremadamente delicado ya que es necesario mantener cierto equilibrio entre la estética de la época de Montoya, la inclusión de un saxofonista que encarna la vanguardia del Jazz. En la seriedad de este planteamiento está la garantía de que este proyecto sea respetuoso con la obra del gran músico Flamenco Ramón Montoya, sin olvidar que él, como todos los grandes, fue un transgresor e hizo avanzar la gran cultura flamenca".

Esa seriedad, la seguridad de no traicionarlo, requería de artífices flexibles, dotados de la humildad de aprender y de la generosidad para exponerse y apasionarse. Nadie mejor que el saxo soprano mayor desde John Coltrane, David Liebman, ampliador del legado coltraniano, uno de los nombres claves en lo que se ha convertido la educación del jazz, autentico mensajero del jazz que desde sus tiempo con Miles Davis y Elvin Jones demostraba su afinidad con las expresiones levantinas y de Asia.

Liebman es de los saxofonistas favoritos de Guillermo McGill, hay química de sobra entre ellos. El batería contó con él para su disco Oración y fue mediante las formas en que éste usa ideas y modos flamencos en sus piezas como Liebman tomó contacto con el flamenco, con el que su expresión muestra una rara afinidad. El círculo se amplía con Dani de Morón, guitarrista tan abierto al pasado como a tomar nuevas rutas, y Manuel Posadas 'Popo' uno de los contrabajistas que mejor surca las aguas entre flamenco y jazz.

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